Actualizado: 23/10/2014 12:47:55
COLUMNAS(VIEJO)
Rosario Oropeza
HISTORIAS Y AVENTURAS 'EL TACUARINERO', UNA HISTORIA EMPOLVADA ENTRE CULIACÁN Y ALTATA
Cuando la voluntad existe, es fácil allanar el camino y lograr el objetivo, más la indolencia y el desgano, te llevan al fracaso.

¿Quién en Culiacán y sus alrededores no recuerda aquel nostálgico y romántico silbido de la maquina número 2 del llamado tren "tacuarinero"?

Casualmente en agosto de 1880 el gobierno Mexicano otorgó una concesión a una empresa de Chicago Illinois para que construyera una línea de vía férrea de 62 kilómetros entre Culiacán y Altata, la cual sería parte del ferrocarril central u Occidental de México, mismo que entró en operaciones en 1883, con estación en la antigua central camionera.

Este tren hacía las veces de transportador de carga, especialmente el azúcar del ingenio "La primavera" de Navolato, y mercancías que llegaban de diversas partes del mundo a Altata vía marítima, a bordo de grandes buques.

Posteriormente se puso en operaciones un tren de pasajeros que llevaba a los turistas de la capital sinaloense hasta el puerto de Altata, con escalas en Aguaruto, San Pedro y Navolato entre otras.

Por la tarde, al regreso del viaje, un grupo de señoras subía a los vagones del tren, en su parada en San Pedro, a ofrecer a los pasajeros sus famosos tacuarines, una especie de galletas redondas, elaboradas de harina de maíz, manteca, sal, azúcar y huevos, de ahí fue que surgió el nombre del "tacuarinero", cuyo último maquinista fue Fidencio Medina.

Más en una ocasión, una vendedora se molestó con sus competidoras y cambió el nombre de tacuarines, a los que bautizó como coricos, de ahí que a esta especialidad sinaloense se les conozca con los dos nombres, pero el tren nunca se llamó "coriquero".