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Adhocracia

Esta es la era donde gobierno y sociedad deben trabajar unidos. Los problemas son demasiado complejos. Ya no existe margen para avanzar cada quien por su lado. El gobierno sólo ya no lo puede hacer todo.

A principios de los años 90, Alvin Toffler acuñó el término “adhocracia” (ad-hoc-cracia) para expresar que toda sociedad debe tener dirigentes políticos que sepan gobernar con realismo o de acuerdo con las circunstancias. Es decir, que sean capaces de unificar a la gente para emprender acciones basadas en las necesidades que surgen de la realidad circundante. 
Adhocracia es un concepto contrario al de burocracia. Se refiere a la necesidad de unificar esfuerzos y recursos sociales para atender problemas específicos que afectan a la sociedad. Es un exhorto para alejarse de las fantasías y de las ilusiones, pero también de las ocurrencias que tanto abundan en el quehacer gubernamental. 
Por ello, estudiar y conocer la realidad local se convierte en algo que debería ser muy determinante en el diseño de planes y programas de gobierno. La capacidad de convocatoria hacia la ciudadanía radica precisamente en conocer sus problemas y explicarle que sólo trabajando de manera conjunta se podrán solucionar. 
Esta es la era donde gobierno y sociedad deben trabajar unidos. Los problemas son demasiado complejos. Ya no existe margen para avanzar cada quien por su lado. El gobierno sólo ya no lo puede hacer todo. La sociedad carece de la organización necesaria. Uno sin el otro están inmovilizados. Pero unidos constituyen una nueva fuerza para impulsar la transformación social. 
En materia de gobierno el papel de la democracia ha sido importante, pero no suficiente. Persisten problemas de ingobernabilidad, de falta de legitimidad política, de pobreza y desigualdad social, de deterioro de las instituciones públicas y de ineficacia en las instituciones políticas. Se avanza en democracia, pero se agudizan los conflictos sociales.
Los importantes logros que se observan durante las últimas décadas en lo referente a democracia no se han visto reflejados en un mayor crecimiento en la economía, tampoco en el mejoramiento en la calidad de vida de la población, menos aún en una mayor fortaleza de las instituciones públicas y políticas. 
Es por eso que actualmente están en crisis los mecanismos de representatividad social y los liderazgos partidistas. Y es por ello también que se encuentra erosionada la legitimidad política de los gobernantes. Ya es necesario promover un cambio de época en materia política y de gobierno. 
La adhocracia se aplica al fortalecimiento de las corporaciones, pero se pueden retomar algunas ideas aplicables al ejercicio de gobierno. Habrá que romper las barreras que separan a las instituciones y a la ciudadanía. Son tiempos de trabajo conjunto, hombro con hombro y sin estructuras jerárquicas de por medio. 
Sólo se requiere poner en el centro de la acción pública dos asuntos fundamentales: las demandas ciudadanas y la búsqueda de soluciones a problemas que afectan a todos. Conocer la realidad circundante es condición suficiente e indispensable. Algo fácil y difícil a la vez.

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