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Becas rosalinas

En septiembre de 1923 el presidente de la Junta Central de Ayuda para la Enseñanza Superior, Cosme Álvarez, solicitó al Congreso del Estado la reducción del monto económico de las becas, con el fin de aumentar el número de alumnos beneficiados sin afectar en gran proporción el presupuesto destinado, a través de la creación de un internado, donde los jóvenes se alojaran.
Hasta ese momento, a los jóvenes becados se les entregaban 50 pesos, con los que pagaban alojamiento y comida en alguna casa habitación de la ciudad. Álvarez proponía se redujera el monto de 50 a 35 pesos, cantidad que, según él, sería suficiente para cubrir los gastos de un internado. 
El documento, signado por el vicepresidente de la Junta Directiva de Estudios del Colegio Civil Rosales, ingeniero Matías Ayala, y la secretaria de la misma, profesora María de Jesús Neda, fue enviado el 12 de octubre. Finalmente, el 17 de octubre de 1923 se aprobaron 21 becas para estudiantes notoriamente pobres que desearan estudiar la carrera normalista y 10 becas de gracia, distribuidas por municipios: Ahome, Sinaloa, Guasave, Badiraguato, San Ignacio, Concordia, Escuinapa y El Rosario, con dos cada uno; El Fuerte y Choix, Mocorito y Angostura, Elota y Cosalá, con tres becas por mancuerna. Sólo a los municipios de Culiacán y Mazatlán se les aprobaron tres becas a cada uno.

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