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Confianza

Confiar es sinónimo de esperar, creer o suponer con argumentos sólidos. Es confianza en ación. La confianza es la que nos permite dejar de ser lo que creemos ser y nos impulsa a obtener lo que estamos llamados a lograr.

Puede tardar años en obtenerse y un segundo en perderse. No hay en los oxxos ni tampoco en las tiendas departamentales, es más, ni comprada es buena, porque todo lo que se adquiere a través del dinero es temporal y la confianza verdadera, la real y sujeta a presiones de cualquier tipo debe ser sembrada y cultivada paciente y fervorosamente por cualquiera que esté dispuesto a vivirla como proceso, porque déjenme decirles que la confianza no es una meta, sino un camino cuya raíz se encuentra en todos aquellos capaces de sentirla como don y no como obligación. La ruta de la citada virtud inicia y termina en nosotros; quien confía en sí mismo la inspira y la proyecta, porque a leguas se nota como portador y, por el contrario, todo desconfiado, a kilómetros se observa en su carencia. Vivimos rodeados de desconfianza, porque por mucho tiempo se han sembrado en nosotros las semillas del miedo, castigo, vergüenza e inseguridad. Se interrumpió bruscamente el entrenamiento de la confianza en nosotros mismos como piedra angular en crecimiento y desarrollo individual y la fragilidad emocional propia de la niñez se quedó hospedada en las dos últimas generaciones de tal suerte que los nuevos inventos, modas e incluso noticias de sucesos que ocurren en lugares remotos afectan el diario vivir de muchos jóvenes asustadizos y temerosos de espantapájaros artificiales. Confiar es sinónimo de esperar, creer o suponer con argumentos sólidos. Es confianza en acción. La confianza es la que nos permite dejar de ser lo que creemos ser y nos impulsa a obtener lo que estamos llamados a lograr. Un hombre confiado no es alguien tímido o doblegado por las circunstancias, sino alguien seguro de que lo que está ocurriendo es algo para bien y que es necesario que ello suceda para poder alcanzar propósitos diferentes, pero mejores a los anteriores. La confianza es hija de la seguridad y cuando esta se siembra en una buena época, niñez o adolescencia, tendremos serias posibilidades de respirar un aire menos contaminado con factores de desesperanza, rendición o temor. Hay muchas formas de mantener o aumentar los grados de confianza en nosotros y entre nosotros, pero lo más efectivo quizá sea el estar convencido de que valemos más, mucho más, de lo que creemos o de lo que los demás creen. Somos seres únicos, irrepetibles y auténticos, nacidos para ir más allá de las sensaciones propias del abatimiento temporal, necesitamos convencernos de ello para poder decir con satisfacción: confío en que esto también lo superaré, porque estoy seguro de saber quién soy, qué quiero y a dónde voy.

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