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#ConsumeLocal

Si algo ha logrado el presidente del vecino país del norte es sumar ánimos en su contra. Quisiera exponer aquí profundos análisis sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio y asuntos por el estilo, pero los del Departamento de Estudios Internacionales de A dos de tres andan de viaje, como los otros internacionales que tenemos –cosmopolitas, aclaran- son los del Departamento de Vida y Estilo, vamos a tener que echar mano de su opinión. “Mira –expresan con su sobreactuado tono docto- las medidas que ha anunciado mister president han provocado reacciones diversas. En general, el artisterío de Hollywood no lo ve muy bien y en nuestro país en las redes sociales han sido detonador del movimiento #ConsumeLocal. O sea –prosiguen- ese movimiento tiene años y cero que le habían hecho caso, tenía que llegar el mister para tomarlo en serio.”
(A estas alturas, ya la plática es entre ellos y el resto de A dos de tres nos dedicamos a escucharlos y a asentar con la cabeza, porque por muy superfluos que parezcan, no dejan de tener algo de razón.) “Espera, que eso de que nos lo tomamos en serio no es como que del todo, porque hay cada ‘poser’ –fachoso, para los comunes- que no se mide en las redes sociales y llama a hacer que quiebren todas y cada una de las tiendas con nombre en inglés, sin tomar en cuenta los trabajos que generan de forma directa como a través de las cadenas productivas. ¡Ah! y sin contar que el llamado lo hace desde la comodidad de su asiento en archiconocida cadena de cafeterías, y obviando el atuendo de ya ni tan exclusivas marcas”.
“Eso último, porque mientras no falta el que por un lado pone el grito en el Facebook para consumir local, por el otro se pone a regatearle al donito que vende frutas y verduras en los cruceros, ni se para en los mercados porque ¡qué oso! y ni en sus peores pesadillas se le ocurre regalar una muñeca de trapo elaborada por artesanas porque lo ve como que así, como que muy poquita cosa”.
“O el que pide descuento en las pulseritas hippies que venden en la calle, pero cuando llega a los grandes centros comerciales traga saliva cuando le cobran caaariiitsimo una pulserita casi idéntica, pero ¡cómo se va a poner a regatear o a pedir descuento ahí. No, qué pena, qué dirán las amistades”.
“¿Y qué tal cuando le hacen el fuchi a alguna prenda porque es marca local o nacional? Que no les sirve para presumir. ¡Y peor! Los que agarran una foto de internet o de alguna revista so nice y con medio metro de tela de la más barata quieren que les quede igualito, y de paso cuando la modista les da el precio le preguntan ¿por qué tan caro? O van con una diseñadora de modas, pero no quieren sus diseños porque pues cómo, y muy en ello se enojan porque se niega a hacerles una réplica”.
“Sí –finalizan- está padre eso de #ConsumeLocal, pero más padre que sea de a deveras, que no desprecien las marcas locales porque no son taaan conocidas, o porque no se anuncian en revistas internacionales, que cuando se acerquen a un vendedor, aunque sea de esquites, no le salgan con ¿por qué tan caro marchante? Y que antes de convertirse en guerrilleros en redes sociales, sean tantito más congruentes con lo que pregonan en la pantallita del celular con lo que hacen en la vida real. Luego seguimos platicando”. Dicen poniendo punto final a sus ¿sesudos? Señalamientos.

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