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Cuba y México: quién se va a devorar a quién

Va a ser interesante atestiguar lo que venga para la isla —sin Fidel y con Trump—, y la manera en que México, desde lo público como desde lo privado, se posicionará frente a ello
 

Desde que llegó a la Presidencia en 2008, Raúl Castro ha mostrado al mundo que quiere dar algunos pasos hacia la apertura económica: permitió que el capital extranjero posea hasta 100% de una empresa mientras no pertenezca a un sector estratégico, facilitó la coinversión foránea con dinero de la isla e impulsó la categoría socioeconómica de los “cuentapropistas”, que son dueños de micronegocios, que no son empleados ni socios del gobierno, y que tienen sobre todo restaurantes y pequeños comercios.
 En Cuba no se habla de que se trate de una reforma. El régimen y la prensa local le dicen “actualización del modelo económico” y hay foros por todo el país para que el Partido Comunista Cubano debata el destino financiero de la nación.
 Por esta puerta entreabierta se han colado ya empresarios mexicanos. En la histórica región de Mariel, que se hizo famosa por volverse el puerto de salida de decenas de miles de cubanos rumbo a Florida, sentó sus bases Richmeat, dedicada a los alimentos, sobre todo carnes y embutidos. Funcionan Devox en la comercialización de pinturas y Unilever produciendo pastas de dientes, desodorantes, detergentes.
 Se ha sabido del interés de Daniel Chávez, dueño de los hoteles Mayan, de extender sus brazos a la isla, cuya industria turística tiene mucho todavía por desarrollar, sobre todo en infraestructura y atención a clientes de mayor capacidad económica que buscan ciertos lujos aún no disponibles en este país.
 También una delegación de José Antonio “El Diablo” Fernández Carvajal ha entrado en contacto con el régimen castrista con el deseo de incorporarse a la producción de un refresco de cola nacional.
 Y hay consorcios del sector energético que levantan la mano.
 Alguna vez, el presidente Raúl Castro dijo que la apertura económica se daría “sin pausa pero sin prisa”. Y cuando en Cuba no hay prisa, la cosa prácticamente no avanza. El triunfo de Donald Trump ha metido incertidumbre y también la fama de pagador tardado que tiene el gobierno cubano.
 Sin embargo, hay quienes no creen que sean reales estos pequeños brochazos de liberalización financiera. Es el caso de Antonio Rodiles, una de las tres cabezas del frente opositor Foro por los Derechos y Libertades.
 Recuerda que “en los noventas, aquí (a Cuba) vino Cemex, aquí estuvo Telmex, aquí estuvo Carlos Slim, varios inversionistas de Monterrey, el grupo Domos y todas esas personas tuvieron que retirarse cuando llegó Hugo Chávez”.
Dice que el régimen entonces atrajo inversionistas para solventar la caída de la Unión Soviética. Y los timó. Y que ahora que Venezuela ha entrado en crisis está repitiendo la fórmula. Incluso advierte que al vencer Donald Trump en la elección presidencial estadounidense regresa la incertidumbre al mundo de los negocios: si el magnate cumple su promesa de desechar el pacto Castro-Obama para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, este reciente apetito voraz por hacer negocio con Cuba se nublará.
 Va a ser interesante atestiguar lo que venga para la isla —sin Fidel y con Trump—, y la manera en que México, desde lo público como desde lo privado, se posicionará frente a ello.

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