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¡Hasta en las mejores familias!

Quienes se oponen a los matrimonios igualitarios dicen defender la familia “natural”, inspirada en la primera pareja del mundo, Adán y Eva. Sin embargo, la Biblia narra casos de familias bastante “heterodoxas”. La primera familia “natural” estuvo formada por papá, mamá y varios hijos que incurrían en incesto, pues se casaban entre hermanos. Y pese a constituir Adán y Eva un matrimonio hetero-parental, uno de sus hijos mató al otro (vaya educación). Por su parte, Abraham casó con Sara, su media hermana, a la que prostituía con reyes (presentándola como su hermana) para obtener privilegios y favores. Jehová, que todo el tiempo se entrometía en la vida de los hombres, no lo reprendió. Abraham tuvo también un hijo con su esclava egipcia, dado que por entonces Sara no podía concebir. La familia “natural” estuvo así constituida por un hombre, su esposa-media hermana (a la que prostituía), su concubina y el hijo que con ella tuvo (Ismael). 
 En el caso del rey Salomón, la familia “natural” estaba compuesta por un marido, 300 esposas, 700 concubinas y sus respectivos hijos. Todo con la venia del Señor. Y cuando Lot perdió a su esposa (a la que Jehová convirtió en estatua de sal por curiosa), se alejó a un monte con sus dos hijas. En el aislamiento en que se hallaban, las jóvenes no podrían casarse y tener hijos, por lo que decidieron emborrachar a su padre para embarazarse de él. Tampoco hubo reclamo de Jehová. En ese caso, la familia “natural” se constituyó por un hombre, sus dos mujeres que eran al mismo tiempo sus hijas, y sus nietos, que también eran sus vástagos. ¿En cuál de estas familias se inspiran los actuales defensores de la familia “natural”? 
Pero la Biblia es un empalmado de contradicciones. Liberalidad familiar por un lado y púdica represión, por otro. Así como Jehová condenó a muerte a los homosexuales, lo hizo también con las mujeres que pierden su virginidad antes del matrimonio, en cuyo caso “la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y le apedrearán los hombres de su ciudad y morirá”. Al ocupar una ciudad enemiga, Moisés ordenó: “Matad a toda mujer que haya conocido varón carnalmente” (¿dónde quedó el “No matarás”?). Además, ordena Jehová: “Si un hombre descubre en la noche de bodas que su mujer no es virgen, debe apedrearla hasta la muerte”. Por eso, según varios evangelios apócrifos, María temía ser lapidada, pues el Espíritu Santo la había embarazado antes de casarse con José. De hecho, fue sometida a una “prueba del ácido” para ver si decía la verdad sobre su inmaculada concepción (que obviamente aprobó, o no habría cristianismo, pues en caso contrario María habría sido apedreada). En estricta lógica, la Iglesia debería negar también el sagrado matrimonio a las mujeres que no lleguen vírgenes a él, y marchar para que igualmente se les prohíba el matrimonio civil. Sólo con un “certificado médico de virginidad” podrían las novias contraer nupcias. Y es que Jehová equipara en gravedad las relaciones premaritales (de las mujeres) con la homosexualidad. Por eso penalizó con la muerte ambas transgresiones morales. Pero la Iglesia es selectiva. Aplica los preceptos “divinos” en algunos casos y no en otros.
PRONTUARIO: El discurso conservador y clerical del odio sí tiene consecuencias. Ricardo Alemán ventiló la semana pasada el asesinato de una joven transexual, Paola Ledezma (Milenio, 9 oct.) México es el segundo país en crímenes transfóbicos, después de Brasil. Esos asesinatos siempre quedan impunes, pues hay complacencia de autoridades y jueces. El juez que tomó este caso —Gilberto Cervantes— exoneró al asesino —un ex militar que dentro de su auto disparó a la joven— agregando que ella “se lo buscó” (quién le manda nacer así). El juez Cervantes debe ser investigado. Días después, la activista transexual Alessa Flores fue también asesinada. Impunemente, claro. Los crímenes contra esa comunidad a nadie parecen importar. Y eso que estamos en una ciudad de “avanzada”. La nueva Constitución capitalina bien podría incluir el derecho de las personas transgénero a no ser asesinadas… y asunto arreglado.

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