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Juego de Estrellas, un suceso

ÉXITO- Consta en actas que no somos partidarios de que en la Liga Mexicana del Pacífico haya un juego de Estrellas y que hace meses expresamos nuestras dudas acerca de si es o no es un evento que la liga necesitara. Así quedó asentado. Hoy hay que decir que lo sucedido el domingo en Ciudad Obregón, Sonora, nos hizo ver que andábamos errados.
Un gran evento el realizado, muy atractivo y que sujeto a ligeros cambios, podría quedarse alojado en el gusto y exigencia de los aficionados de las diferentes plazas. A Obregón asistieron, por ejemplo, hornadas de fanáticos de plazas como Hermosillo, Navojoa, Los Mochis y Culiacán, haciendo del evento efectivamente “un asunto de liga”.
Más allá del resultado y de los detalles inherentes del mismo, lo central lo vemos en que el Juego de Estrellas se vio como negocio, como un “producto” que la gente compre porque vea en él un espectáculo de calidad. Y entre los “peros” que habría que atender está el que lejos de meterlo con calzador, la liga debería abrir el calendario para evitar que el calendario resulte cansado para el pelotero.
Al de Obregón los jugadores llegaron con 12 días de actividad continua, debiendo viajar en la noche-madrugada para jugar en la tarde-noche. Abrir la pausa, robarle días al calendario no sería tal malo.
Lo que fue un “tiro” es el juego de celebridades, evento que por sí solo es tan atractivo como el juego estelar. Excelente disposición de figuras del pasado y del hoy, desde Ronnie Camacho hasta Julio César Urías. La gente disfrutó en serio ver en acción a las Figuras que construyeron su leyenda personal en el beisbol mexicano.
 

BATAZOS- No somos entusiastas de los “Homerun Derby” pero hay que reconocer que el de Ciudad Obregón estuvo entretenido. El Nuevo Estadio Yaqui no es precisamente un parque propicio para el batazo de largo alcance pero detrás de la barda del jardín hubo fiesta por los muchos batazos que llegaron hasta allá.
Buen evento también que, reiteramos, lo mejor que se le reconoce es que fue armado con visión de negocio y no de obra caritativa. Que hoy algunos pidan que no lo sea, hay que entender que se trata de defensores de oficio de intereses muy ubicados, así sea que se disfracen de buenos samaritanos. Los juegos de estrellas son para que peloteros y aficionados se diviertan y que los periodistas trabajemos. 
Bien la LMP por el esfuerzo y por lo que se entregó a los aficionados, a los más de 15 mil asistentes al estadio y a los miles que los disfrutaron por TV.
 

ENCUENTROS- De entre las celebridades asistentes, el encuentro con Rodrigo López, quien nos hizo oficial que ya está actuando en calidad de vicepresidente deportivo de los Bravos de León, la franquicia que aparecerá en 2017 dentro de la papeleta de la Liga Mexicana de Beisbol.
Tanto Rodrigo como su presidente, Mauricio Martínez, están conscientes de que les espera una tarea muy complicada, que será una cruzada por levantar un roster que se recibe de los Broncos de Reynosa que les llega desmantelado. Su figura más relevante es Humberto Cota y de ahí en fuera, poco interesante el material a nivel liga.
Notamos a Rodrigo confiado pero con los pies bien puestos en la tierra: “aquí la chamba es a cuatro años, por ahora, no hay milagros”. La misma posición de Martínez, un ejecutivo joven que en su discurso trae muy fijo de lo hacer en León lo que se ha hecho en plazas como en Guadalajara: “el mercado allá no es sólo para el futbol, vamos a hacer que el beisbol tenga su parte, crezca e impacte”.
Ya comentaremos lo platicado.
 

CHARLA- Muy asediado se vio Roberto Osuna Jr, el ligamayorista de los Azulejos de Toronto presente en Obregón. El joven lanzador se la pasó bien por allá y tuvo oportunidad de platicar con varios peloteros del pasado a quienes reconoció admirar.
Sentado al lado de Paquín Estrada durante el cocktel de bienvenida del sábado, platicó largo y tendido sobre sus compañeros de equipo (“Bautista mejor que Encarnación”), del umpireo y de los rivales. 
Por cierto, Osuna sólo reía cuando salía el tema de si estará con los Charros de Jalisco en el próximo diciembre. “Por ahora, ni a mi apá se lo digo”.

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