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Juego de patadas

“El éxito y el fracaso son dos impostores”: Jorge Luis Borges. El morbo futbolístico dominical alcanzó estragos.
Aficionados de América y Guadalajara se daban tumbos, -nos dábamos- buscando cómo ver el llamado “Clásico de Clásicos”.
Con eso de que las Chivas se salieron de la televisión normal, pues había que buscarle por la vía del internet. Las redes se aglomeraron.
Se tupieron y no daban cabida, ni siquiera una rendija. “Ponle los cables a la laptop y pásala a la televisión”, decían.
Cables por acá y por allá, y nada. “En tu celular, búscalo en tu celular”, era el grito de otro.
Y los amigos movían y hacían trucos con el móvil.
“Ya lo tengo, ya lo tengo”, gritaba sonriendo el amigo Jach’s.
“Se me acaba la pila”, repetía en segundos.
“Chupernán” Cortez corrió a su casa, según para “verlo” mejor.
¡Dame la clave”, señalaba César Cázarez.
“Aquí me la mandó Tavín”, soltaba otro.
El caso que toda esa tarde dominical se volvió un barullo, hasta que empezó el “Juego del Hombre” y vinieron los “Tiritititos”.
 

Colofón. Y a propósito de ganfus, sujiros, ponicachis, -traducción- “Tenía que ser hermosa, como la flor de calabaza”. ¡Ai’sí!
Y llegó el gol del “Hermoso” Peralta. América a semifinales. Unos alegres, otros llorosos, algunos más con rabia. Triunfo de las Águilas y las “chilindrinas” tronaban de frías. Al final de todo la pasión nos une por este juego de las patadas.

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