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La inflación legislativa

Pareciera que en México todo lo queremos resolver a punta de leyes. Es una herencia  de nuestro inestable siglo XIX, cuyo espíritu aún ronda nuestros días.

En muchas ocasiones se legisla con frenesí más que con racionalidad para poder vestir los informes anuales de los legisladores. Las ocurrencias legislativas por encima de las necesidades reales de la agenda pública.

La ley es el principio de toda política pública. Sin embargo, el legislador pocas veces se pregunta cuánto costará la implementación de una reforma o una nueva ley. Si se tienen los presupuestos para crear nuevas áreas; si se sabe cuántas otras leyes impactará la aparición de una nueva norma.

En febrero de 2011 escribí en este periódico un artículo que titulé precisamente “La inflación legislativa”. Con el permiso de los lectores reproduzco buena parte de aquel artículo.

Tácito, historiador y senador del imperio romano, dijo hace 2 mil años que el exceso de leyes corrompía a la república.

Y tenía razón. Esa es hoy una de las causas de que el derecho sea poco eficaz y tenga en la corrupción una de sus consecuencias.

El exceso de normas es un fenómeno mundial, aunque se acentúa en sistemas políticos como el nuestro, que tienen aún democracias en etapa adolescente.

Las muchas leyes se dan por varios factores, pero menciono dos: la necesidad de legislar con urgencia ante una presión social o política y la falsa idea de que los congresos y sus legisladores son mejores, en cuanto más leyes modifican y aprueban.

Senadores, diputados federales y locales de todos los partidos entran en una desenfrenada competencia, buscando presentar el mayor número de iniciativas para reformar o crear nuevas leyes, aunque no sean necesarias, provocando lo que se conoce como inflación legislativa.

La inflación legislativa es la sobreproducción innecesaria y desordenada de normas jurídicas, cuyo efecto principal es la contradicción que genera en por lo menos dos o más leyes en el cuerpo normativo general, aumentando los niveles de ineficacia del derecho y, por supuesto, la corrupción.

Por muchos años, los congresos estuvieron tan alejados del ejercicio pleno de sus funciones que ahora pareciera que todo se quiere resolver en este país a punta de modificar o crear nuevas leyes. Sin embargo, hay un hecho que pareciera una contradicción: hay muchas leyes, pero no las necesarias.

El profesor Martin Kriele propone al legislador las siguientes preguntas: ¿Qué inconvenientes deben eliminarse mediante la ley? ¿Cuál es su gravedad? ¿Esos inconvenientes son consecuencia de la legislación vigente? ¿La ley es adecuada para ejercer una influencia efectiva y eliminar el problema?

Si queremos transitar a mejores formas de organización política, primero hay que poner orden en nuestro marco jurídico. De ello deben tener conciencia los congresos.

Legislar no debe convertirse en un acto mecánico o en un concurso de ocurrencias. No se trata pues, como en el viejo oeste, de ver quién es más rápido para disparar iniciativas.

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