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Líneas que no conducen a nada

Al ejido Tijerillas y a Huitzuco llevan, dice Vidulfo Rosales, dos “líneas de investigación” que pudieran modificar la versión de que los cuerpos de muchos o todos los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos hace casi dos años terminaron quemados en el basurero de Cocula.
El primer sitio está ligado a un sujeto apodado El Tilo, testaferro del conocido como El cabo Gil, ambos de la banda Guerreros Unidos y sujetos a proceso por el caso Iguala.
Desde octubre de 2014 la PGR aseguró ese ejido, se han hecho allí tres rastreos, y en el último se descubrieron los restos de once personas (algunos con uniformes de policías) y ninguno resultó de Los 43. 
Lo de Huitzuco se investigó a petición de la CNDH sin resultado alguno.
Si la PGR, que sigue indagando, no encuentra evidencias en ese municipio, el tema se confirmará más político que de justicia, por la pretensión de inculpar a policías federales y porque en esa localidad nació el exgobernador Rubén Figueroa, lo que requintando la tuerca llevaría al supuesto involucramiento de un priista de renombre en el crimen tumultuario.

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