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Otro ejemplo de ineptitud del gobierno de Peña

Hay un modus operandis del gobierno de Peña: comete errores, comunica mal, se enreda y acaba afectando al país. Es una desgracia. El más reciente ejemplo, quizá poco trascendente para el país, pero palmario de la mala operación gubernamental, es el voto de México a favor de la resolución del Consejo Ejecutivo de la Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) del 13 de octubre pasado.
Peña asistió el 30 de septiembre al funeral del expresidente de Israel, Shimon Peres, en Jerusalén. Su presencia fue muy apreciada por las autoridades israelíes y la comunidad judía mexicana. Unos días después, en un acto esquizofrénico, el mismo gobierno votó a favor de una resolución que censura al Estado de Israel e ignora los vínculos del judaísmo y cristianismo con la llamada “Explanada de las Mezquitas” donde se encuentra el Muro de los Lamentos, uno de los lugares más sagrados para la religión judía.
Los países árabes constantemente utilizan los foros internacionales para combatir a Israel con este tipo de iniciativas. Se entiende y están en su derecho. No sorprende que los hayan apoyado todas las naciones de religión musulmana, algunos aliados de los árabes como Rusia y ciertos países que usan estos votos para demostrar su independencia de Estados Unidos –aliado histórico de Israel– como China, Brasil, Nicaragua y ciertos estados africanos. Pues bien, junto con ellos votó México. ¿Por qué? ¿Le conviene a sus intereses? ¿Hay algún tipo de negociación con árabes y rusos para subir el precio del petróleo a cambio de este voto? ¿Fue para mandar un mensaje de independencia diplomática de Washington? 
El gobierno mexicano está obligado a explicar. Si no existe un beneficio real para México con este voto, entonces cometieron un error. La mayor parte de los países europeos y asiáticos se abstuvieron o ausentaron. Si lo que se pretendía era una posición neutral frente a un añejo problema religioso y territorial en una región tan complicada como el Medio Oriente, la mejor opción hubiera sido abstenerse o ausentarse. Pero no, México votó a favor de una resolución rechazada por países como Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania. ¿Qué ganó México al votar así? 
Lo cual nos lleva a otra característica del modus operandis del gobierno de Peña: su mala comunicación. La Cancillería emitió un comunicado sobre el tema: “La decisión tiene como objetivo principal promover la preservación del patrimonio cultural y religioso en Jerusalén Oriental. México siempre ha apoyado la preservación cultural de cualquier país, y reconoce que esta es una legítima tarea de la Unesco […] la Unesco y las partes involucradas tienen obligación de preservar el sitio en beneficio de la Humanidad […] al contrario de decisiones anteriores sobre el tema, ésta explícitamente reconoce que la Ciudad Vieja de Jerusalén y sus murallas tienen gran importancia para las tres religiones monoteístas”.
Entonces, si entiendo bien, fue un voto por principios, no por intereses. El problema es que en el susodicho comunicado la Cancillería también dice que “llamará a consultas a su embajador ante la Unesco para que rinda un informe detallado sobre el voto de México”. Ah caray, pues ya no entendí. ¿Para qué llamar a Andrés Roemer a explicar el voto? ¿Acaso el embajador fue el que decidió votar así? Ayer el periódico Reforma reportaba que fuentes de la SRE “indicaron que Roemer emitió el voto sin consultar con la subsecretaría para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos”. Sería gravísimo: el representante personal del presidente en la Unesco no puede ni debe mandarse solo. Y si no fue así, entonces quién instruyó a Roemer de cómo votar. ¿Existe la instrucción por escrito?
Lo cual nos lleva al último punto del modo operandis peñista: el enredo y la afectación de intereses. Las complicaciones innecesarias se han convertido, por desgracia, en comunes y corrientes en este gobierno. El problema es que dañan la reputación y credibilidad gubernamentales afectando los intereses del país. En este caso las repercusiones serán, espero, menores. Israel está naturalmente enojado, pero es un país con el que tenemos pocos vínculos geográficos, políticos y comerciales. La comunidad judía mexicana también quedó descontenta; sin embargo, no tiene peso electoral importante (hay entre 40 y 50 mil en todo el país). Quizá la comunidad judía estadounidense (esa sí más grande y de mayor poder económico) también se irritará, como lo hizo con la resolución de la ONU promovida por el presidente Echeverría que equiparaba al sionismo con racismo, aunque no creo que vayan a organizar un boicot turístico contra México como en 1975. En cuanto al gobierno estadounidense supongo que, a estas alturas del partido, ya nada les sorprende de Peña y sus pifias habituales. 
En fin, que ahí queda, para el récord, otro caso más del modus operandis de ineptitud notoria tan característico de nuestro gobierno.

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