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Propuestas para Sinaloa

Inicia el año su cuenta regresiva. A un mes del cierre de transmisiones por parte del gobierno actual y la entrada en escena de una nueva administración estatal, con nuevos poderes municipales que experimentarán una sobrecarga de demandas con la obligación de dar respuesta en un lapso breve como condición de continuidad en los cargos y con expectativas altas de bienestar en amplios sectores sociales, lo que sigue haciendo falta son proyectos y propuestas sistematizadas para enfrentar los desafíos del futuro inmediato.
Sin embargo, creo que a diferencia de lo que ocurre en otras entidades, en Sinaloa no se vive un ambiente enrarecido de confrontaciones que dividen y fracturan la vida colectiva. Si, en efecto, hay inquietud y preocupación entre amplios grupos sociales, sobre todo entre los de mayor vulnerabilidad, y si bien es cierto que visto en conjunto el problema principal es violencia e impunidad, si consideramos a cada sinaloense en lo individual, sus preocupaciones están en otro lado: en la incertidumbre laboral, en la ausencia de oportunidades, en los bajos salarios, por señalar algunos temas sensibles.
Este gobierno cierra con noticias que han recibido una acogida favorable en una parte de la opinión pública y publicada: el crecimiento de la economía durante el segundo trimestre de este año del orden de poco más del ocho por ciento; datos que, de repetirse en la segunda mitad del año, darían cuenta de las posibilidades de un crecimiento sostenido, y, por otro, el reciente anuncio del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), que en su informe 2016 coloca ya a Sinaloa en el noveno lugar nacional en materia de competitividad.
Uno y otro no son asuntos menores. El crecimiento económico de Sinaloa ha sido bastante mediocre en los últimos tres lustros, del orden del 2.5 anual, como resultado de un modelo de desarrollo que ha evidenciado profundas deficiencias estructurales, y que no puede responder a las exigencias de empleos de calidad y bien remunerados. Poco competitivo, el estado se ha movido alrededor de la media tabla en este renglón, pero ahora, de acuerdo con el IMCO, está en el top ten por su capacidad de atracción y retención de inversiones.
Si esto es así, falta que ese positivo comportamiento macroeconómico se refleje en la microeconomía, es decir, en el bolsillo de los trabajadores, en la capacidad de las familias para satisfacer sus necesidades y en su posibilidad de acceso a bienes propios de una sociedad moderna. Mientras la mejoría macro no irradie al ámbito de lo micro, seguiremos teniendo problemas de cohesión, movilidad y ascenso social, persistencia de la economía informal y búsqueda de alternativas en actividades al margen de la legalidad.
Precisamente con el propósito de plantear alternativas y propuestas para un nuevo impulso al desarrollo de Sinaloa, ayer, convocados por el Colegio de Economistas de Sinaloa, la Facultad de Ciencias Económicas de la UAS, la Coparmex y la asociación civil Transparencia y Gestión Pública, un amplio grupo de especialistas se reunió para escuchar estrategias y líneas de acción para el futuro inmediato de la entidad, todo ello en el marco de una conferencia que sobre estas mismas inquietudes y preocupaciones dictó el destacado economista sinaloense Alfonso Cebreros Murillo.
Propuestas hay, y muchas. Recibí el encargo de hacer la relatoría del encuentro, y en mi próxima entrega adelantaré varias de esas recomendaciones para un mejor futuro de Sinaloa.

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