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¿Quiénes ganan con la reforma laboral?

La última de las 11 reformas estructurales propuestas por el gobierno de Enrique Peña Nieto por fin avanzó en el Congreso de la Unión y está a punto de ser devuelta a la Presidencia de la República, pero en forma de decreto para que sea promulgada. Sólo falta que la Cámara de Diputados la apruebe, luego de que el jueves 13 de octubre el Senado aprobó las reformas constitucionales en materia de justicia laboral, que, entre otras cosas, desaparece las juntas de Conciliación y Arbitraje, y en cambio crea juzgados y tribunales a cargo de Poder Judicial de la Federación y de los gobiernos estatales, según el ámbito de consecuencia, para resolver diferencias y conflictos entre trabajadores y patrones.
En los análisis que se han hecho a esta reforma destacan varias vertientes, una que se enfoca en el tema de los sindicatos, cuyos líderes tendrán un poder más limitado y le dan mayor fuerza a los trabajadores, ya que serán ellos quienes decidan por medio de su voto libre y secreto quiénes serán sus dirigentes. En caso de Sinaloa, esto ya ocurre en organizaciones sindicales como el Stase y el Suntuas, donde se llevan a cabo procesos democráticos, aunque siempre están plagados de acusaciones por fraude electoral. Pero en otros, como la Confederación de Trabajadores de México (CTM), sus líderes se vuelven eternos en los cargos, y los trabajadores carecen de voz y voto para poder cambiarlos. Todo esto deberá cambiar en cuanto entren en vigor estas reformas. 
Sobre esto último, hay cuatro puntos que valen la pena enumerar para que note los cambios que se darán en la vida sindical. Primero, se modifican las reglas para legitimar la elección del represente de los trabajadores; segundo, los mismos sindicalizados deben legitimar un emplazamiento a huelga antes de presentarlo; tercero, los sindicatos, ya sea nacionales o locales, no podrán manipular o chantajear a una empresa con la amenaza de huelga; finalmente, en cuarto lugar, si los miembros de un sindicato carecen de fuerza para organizarse, el sindicato estará muy limitado. Lo positivo de esta reforma es que con esto se terminarán los líderes y sindicatos ‘charros’, o al menos en la intención así se establece en la Ley.

El resto de los trabajadores. Aunque se busca darle autonomía a los tribunales y juzgados laborales para que no dependan de los gobiernos de los estados, algunos abogados consideran que esta reforma favorece más a la clase patronal que a los trabajadores, y que su objetivo siempre será el conciliar entre ambas partes antes de iniciar un proceso judicial, además de que los juicios en materia laboral serán mucho más largos, porque con la apertura de los tribunales de justicia, esto implica que habrá salas de apelación, lo que significa que ahora habrá doble instancia para resolver un conflicto laboral. Por ejemplo, los trabajadores primero deberán acudir al nuevo órgano de conciliación, y en caso de no llegar a un acuerdo con el patrón, después deben asistir al tribunal para presentar sus pruebas y desahogarlas, cuando hoy todo se hace ante la Junta de Conciliación y Arbitraje. 
Como en las otras 10 reformas estructurales, también hay voces a favor, y aunque se dio el primer paso, todavía faltan dos más para que comience el proceso de la real transformación de la justicia laboral en el país, y pasarán varios años hasta que podamos ver los resultados. Al tiempo

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