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Tres rounds para cuidarnos

Como cada mes de octubre, desde que usted y yo nos encontramos en este espacio, traigo mi perorata para tratar de contribuir en la lucha contra el cáncer de mama. Ese canijo mal que, me atrevo a decir, ha provocado que todos tengamos una familiar, amiga o conocida que lo haya enfrentado. Los resultados, desafortunadamente, no son parejos. En honor a ellas, a quienes vencieron, a quienes sucumbieron no sin antes dar una férrea lucha, en honor a su ejemplo e inspiración van estas líneas.

Primera caída.. Tócate. Dicen los que saben que la detección oportuna es el mejor combate al cáncer de mama. Cabe insistir en que el cáncer de mama no es exclusivamente de quienes ya se han convertido en madres; tampoco es de “gente grande”, mujeres jóvenes han sido detectadas con el mal. Tampoco es exclusivo de mujeres con senos grandes. Aquí, el tamaño no importa, ni los senos grandes son para pensar que les va a dar cáncer, ni los senos pequeños son para creer que no les dará. Los que saben dicen que todas por igual deben autoexplorarse cada mes y, de detectar alguna “bolita”, acudir lo más pronto al médico. Las caídas en esta lucha son con límite de tiempo.

Segunda caída. Las mamografías. A partir de los 45 años se recomienda que la revisión preventiva incluya una mamografía. Antes, si uno no estaba afiliado a alguno de los sistemas de seguridad social, acceder a una mamografía era despedirse de un buen de dinero. Afortunadamente, ahora los servicios de salud ofrecen el servicio en jornadas gratuitas y varias clínicas lo ofertan a muy bajo costo durante todo el año y, en octubre, el precio baja aún más, por ser el mes de la lucha contra el cáncer de mama.
Cierto, las mamografías son molestas, eso de que en una plancha le aplasten el seno hasta dejarlo del grueso de un hot-cake no es agradable, pero esa incomodidad pasajera le dará tranquilidad.

Tercera caída. Los resultados. Entre el tiempo en que le dicen “venga tal día a tal hora por sus resultados” y el momento en que tiene en sus manos el sobre con su estudio, es como si el tiempo transcurriera en dos dimensiones. Una, la de la rutina diaria, la de los pendientes del trabajo, la casa, la familia y etcétera. En esa dimensión, como siempre, horas le faltan al día. La otra dimensión es muy íntima, en esa la incertidumbre se queda atorada como barro que no alcanza a brotar. Ahí el temor y la esperanza de que todo saldrá bien luchan a partes iguales, en lo que la pregunta “¿y si no?” ronda. Y empieza a imaginar los escenarios, quizás a reprocharse no haber acudido antes, o a deducir que si el año pasado salió bien y este no, lo más probable es que el problema no esté muy avanzado. Y así se van los minutos, las horas, desechando a los pensamientos negativos con el conjuro “cancela, cancela, cancela”. Hasta que tiene en sus manos el sobre con los resultados. Desde aquí le invitamos a autoexplorarse mensualmente, a acudir a una mamografía o ultrasonido por lo menos una vez al año y que podamos seguir ganándole al cáncer de mama a dos de tres caídas.
Gracias por leer estas líneas. Comentarios, invitaciones, mentadas, felicitaciones en adosdetres@hotmail.com. En Twitter en @MarisaPineda. Que tenga una semana triunfadora.

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