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Los niños y la presión arterial elevada

Los padres tienen muy poca conciencia de que sus hijos podrían tener la presión alta, y no se aseguran de que el médicos se las revise y les dé el resultado

Los niños y la presión arterial elevada

La diabetes no es la única enfermedad de “adultos” que está aumentando entre los niños y adolescentes. La presión arterial alta se ha convertido en algo más común, también, en gran medida debido al incremento en la obesidad en los jóvenes, aunque es frecuente que la causa sea un trastorno subyacente y tratable.

Los expertos dicen que ni los padres ni los médicos de sus hijos están lo suficientemente conscientes de este problema de salud, ni de sus consecuencias potencialmente graves, incluido el daño persistente de órganos. Con demasiado frecuencia, dicen estos expertos, la presión arterial anormalmente alta en los niños pasa desapercibida o se nota, pero no se toma en serio.

Los lineamientos nacionales estadounidenses establecen que se debería medir la presión sanguínea cada año en los niños, empezando a los tres años de edad. En general, la presión en los niños debería ser menor que la de los adultos. En los adolescentes, por ejemplo, una presión de 120 sobre 80 milímetros de mercurio se considera que es prehipertensión, una condición que establece las condiciones para la hipertensión en estado avanzado.

En su conjunto, en la población entre los 3 y los 18 años, 3.4 por ciento tiene prehipertensión y 3.6 por ciento, hipertensión, reportaron médicos del Hospital General de Massachusetts. Un estudio reciente de los atletas en educación media y media superior en Filadelfia encontró que 20 por ciento tenía sobrepeso y 24 por ciento era obeso, y casi 15 por ciento de los estudiantes atletas presentaba presión arterial alta.

En los adolescentes que son obesos, más de 30 por ciento de los muchachos y 23 a 30 por ciento de la chicas tienen prehipertensión o hipertensión, escribieron en “American Family Physician”, la doctora Margaret Riley de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan y el doctor Biran Bluhm de Integrated Health Associates en Ann Arbor, Michigan. No obstante, en chicos de 18 años o menos, “el diagnóstico de hipertensión se pasa por alto en la mayoría de los casos”, escribió en agosto, en la revista “Pediatrics”, el doctor Goutham Rao, presidente de medicina general y comunitaria en University Hospitals de Cleveland.

“La condición de prehipertensión e hipertensión no se detecta en tres cuartas partes de los niños”, dijo en una entrevista. Entre ellos estuvo un niño de 13 años, en Pittsburgh, que tenía 180 sobre 100 de presión sanguínea. No se hizo ninguna anotación en el expedientes del niño sobre su presión arterial gravemente elevada, ni se indicó ningún seguimiento para determinar la causa y recetar algún remedio, explicó Rao.

Una importante barrera para el diagnóstico, dijo, “es que los doctores carecen del conocimiento de como tratar la presión sanguínea alta en los chicos. Entre más médicos conozcan el tratamiento, más probable será que puedan diagnosticar”.    

Otro obstáculo de larga data para los médicos es que la definición de presión sanguínea normal en los niños depende del sexo, la edad y la estatura, en las que no se consideran saludables las que están por arriba del percentil 90. La hipertensión en estado avanzado en los niños se define como las presiones en el percentil 95 y más. Para los adultos, solo se utiliza una medida para definir a la presión elevada. Los defensores se dieron cuenta de que es raro que se consulten los gráficos de las presiones normales en la infancia que se exhiben en los entornos médicos durante las apresuradas revisiones médicas, dijo Rao.

Los padres, también, son parte del problema de un diagnóstico que no se hace. “Los padres tienen muy poca conciencia de que sus hijos podrían tener la presión alta, y no se aseguran de que el médicos se las revise y les dé el resultado”, comentó Rao.

“Los padres deberían preguntar en cada revisión: ‘¿Le checó la presión arterial a mi hijo, y está bien?’”.

Otro problema más es la llamada hipertensión de bata blanca: si un niño está molesto o nervioso en el consultorio del doctor, es posible que la presión sea más alta de lo usual. Los niños deben estar sentados tranquilamente unos 10 minutos antes de que les tomen la presión, y tomarla dos veces más si resulta elevada. Si las tres lecturas son altas, el niño debería regresar a consultas de seguimiento. El diagnóstico de presión sanguínea elevada en niños depende de encontrar una lectura alta en tres ocasiones diferentes.

Otra opción es tomar medidas ambulatorias de la presión con un aparatito que usa el niño durante 24 horas, el cual la registra automáticamente cada 20 minutos, más o menos. Si la presión sanguínea del niño es sistemáticamente más alta de lo normal, se debe volver a checar cada seis meses.

La presión sanguínea se determina por el equilibrio entre la salida de sangre desde el corazón y la resistencia del flujo sanguíneo en las arterias. Entre mayor es la resistencia, más duro tiene que trabajar el corazón para enviar sangre rica en oxígeno al cerebro y las extremidades del cuerpo. Una importante consecuencia de la presión sanguínea elevada que no se trata es el aumento en el tamaño de la principal cámara de bombeo del corazón.

Es necesario tener una alimentación sana.

La hipertrofia del ventrículo izquierdo, como se llama a esta condición, “se puede desarrollar en solo unos cuantos años en niños con hipertensión”, explicó Rao. “Si se detecta y controla la hipertensión de un niño, se revertirá el agrandamiento. Pero si no se trata, solo empeora y, al final, puede llevar a una falla cardíaca”.

Otras consecuencias de una hipertensión no tratada en los niños incluyen aterosclerosis, el trastorno arterial que lleva a enfermedades del corazón y apoplejías más adelante en la vida.

Identificar y corregir la causa subyacente de la hipertensión en un niño son críticas para arreglarla y prevenir consecuencias graves. Además de la obesidad, que es, quizá, la causa más desafiante para revertir, los trastornos que pueden causar hipertensión en los niños incluyen a una amplia gama de enfermedades renales y pulmonares, defectos cardíacos, anormalidades hormonales, apnea obstructiva del sueño, trastornos genéticos y uso de ciertos medicamentos, así como algunos fármacos cuya venta no requiere receta médica y que mejoran el desempeño, así como los suplementos nutricionales. 

Es probable que cuando se tiene sobrepeso o se es obeso, esa sea la causa, y el cambio en el estilo de vida es la ruta preferida para bajar la presión. Rao recomienda “establecer objetivos intermedios que reviertan gradualmente los riesgos del niño, en lugar de fijar objetivos que son, en un principio, imposibles” y pueden desalentar mayores esfuerzos.

El centro de la atención debería incluir una dieta más baja en calorías, en la que se enfaticen los vegetales, las frutas frescas, las fibras y los productos lácteos sin grasa; una reducción en la ingesta de sal; ejercicio físico regular con el objetivo de realizar de 30 a 60 minutos de actividad aeróbica la mayor parte de los días; un límite al tiempo de pantalla y trabajar para lograr que solo se pasen dos horas en actividades sedentarias no académicas.

Si la presión sanguínea sigue siendo alta a pesar de estos cambios en el estilo de vida o si no se pueden revertir sus causas subyacentes, los medicamentos pueden ayudar. Riley y Bluhm enlistaron los diuréticos tiazídicos, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, bloqueadores de los receptores de la angiotensina II, bloqueadores beta y bloqueadores del canal del calcio como “seguros, efectivos y bien tolerados por los niños”.
 

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