Zitacua, la comunidad huichol que perdura por los años
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Zitacua, la comunidad huichol que perdura por los años

Son más de 30 años que los huicholes llegaron de la sierra a esta colonia y se instalaron en ella. Su cultura es milenaria 

Por: Hatdadiel Aragon

Tepic, Nayarit.- Entre el humo por la quema de leña y música de viento, inicia en lo más alto de la colonia Zitacua el ritual para decenas de turistas que visitan el lugar de los huicholes con el fin de  "purificar" su alma y sacar las malas vibras.

El Marakame que es el sacerdote de la comunidad, ataviado con su traje de gala se dispone a iniciar con la oración y la limpia a los presentes. Todos hacen un círculo alrededor de este hombre sabio y con un pedazo de madera comienzan con el ritual. Se pasan este palo por la cabeza, el cuerpo y las piernas, siempre dando círculos, al término lanzan este pedazo de madera a una fogata para que el fuego se lleve todo lo malo.

“El águila, el venado, el peyote y el maíz, son los cuatro elementos que representan lo sagrado, por ejemplo el venado representa el poder por la bendición y ofrendas que se hacen a través de la sangre, por ejemplo las plumas del águila se utilizan mucho para la sanación, el maíz sagrado es lo que produce nuestra madre tierra que es lo que consumimos día a día”, explican los huicholes.

El Marakame preparándose para el ritual. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE
Turistas realizando la limpia. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE

INICIAN UNA COMUNIDAD

Rogelio Benítez forma parte de la comunidad huichol acentuada en lo más alto de un cerro en la ciudad de Tepic, Nayarit. Fue en 1987 cuando llegaron a este sitio y eran alrededor de 200 personas, hoy son más de 800 personas, cuentan con 121 lotes y en cada uno viven aproximadamente diez personas. 

El huichol cuenta que muchas cosas han cambiado desde el año en el que llegaron hasta la fecha. Antes sus casas eran de adobe con techo también de adobe o de palma, ahora ya son de material, comparte que muchos al ver cómo viven las personas en Tepic también anhelan tener mejores patrimonios y de tener sillas echas de troncos ya cuentan con muebles, muy diferente a como viven sus familias en la sierra. A veces, dice que ellos no se cuidan de tomar en la calle, pues así lo hacen en la sierra.

Artesana realizando una pieza. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE

LA COCINA ES OTRA DE SUS TRADICIONES

“Lo nuestro son las enchiladas, todas las comidas mexicanas, que el sope, el tamal, el pozole, eso es lo nuestro, lo típico de nosotros. De hecho las quesadillas, los frijoles, los nopales, las tortillas de maíz azul que le ponen un guisado. Como les comentaba hace rato, el platillo tradicional es frijol, la salsa molida en molcajete y el nopal. Cuando son actividades ceremoniales, culturales, bodas o cualquier tipo de evento social es un guisado, pero un guisado digamos no de carne tradicional, más bien guisado de carne de jabalí, venado, otras cosas silvestres que se producen”, afirma.

Una de las mujeres huichol preparando uno de sus platillos tradicionales. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE

ARTESANÍAS

Josué Efraín de la Cruz Carrillo tiene 18 años y desde los 12 se dedica a la confección de artesanías. El principal sustento de las familias en la comunidad. “Me enseñaron mis padres a hacer  las pulceritas pequeñas y ya de ahí como iban pasando los años me empezaron a enseñar lo que es ahorita lo nuevo, sandalias, el chaquirado, el telar, hacemos bolsas de chaquiras, gorras”, dice.

Josué dedica todo el día a realizar su trabajo. “Me levanto a las ocho de la mañana, desayuno y empiezo las pulceras de telares, hago pulceas de flor de peyote para que se lleven un recuerdo de aquí. Nosotros el peyote lo usamos para las fiestas, hacemos danzas y tomamos tejuino. También  lo usamos como medicina, para pomadas como golpes, lo hacemos como aceite para lo que es raspaduras y golpes”.

Josué Efraín realizando una de sus pulceras. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE
El resultado del trabajo de Josué. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE
Las artesanías son el principal sustento de esta comunidad. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE

Hablando que usan el peyote para curaciones, ellos ponen su fe en sus ancestros. “Se pasa la medicina tradicional (natural que ellos hacen) y si no se sanan con esa medicina se pasa a la alternativa, con los médicos de bata blanca. Para atender al enfermo se hace una limpia espiritual para la sanación y si ya no sana en dos o tres limpias, si no se sienten mejor vayámonos con el doctor”, relata Rogelio.

LE CANTAN A SUS ANTEPASADOS 

Dentro de la comunidad también hay un grupo musical que se encarga de animar todos los eventos.

“En el tiempo de las aguas se hacen las fiestas del tambor que es cuando hay elotes, cuando se cosecha, cuando se siembra, estos rituales lo hacen dependiendo en donde corresponda, son costumbres entre toda la comunidad. Cada fiesta tienen su significado, existen santos, tocamos música en puro violín”, explica Martín Carrillo, uno de los músicos que toca el tololoche.

 

 

DISCRIMINACIÓN

Aunque ya han pasado 30 años desde que Rogelio llegó a Tepic desde la sierra, afirma que siguen siendo discriminados.

“Sufrimos discriminación en la ciudad, yo llegué a los ocho años, yo no conocía las escuelas, no conocía el español y decía -bueno ¿cómo se entienden ellos?, ¿cómo se pueden comunicar?-, yo hablando bien con mi dialecto con el wixárika y este nadie me entendía, los maestros cuántos reglazos, borradorazos me tocaron, reprobé tres veces el primer año de primaria, me decían el maestro porque era el más grande, tenía 10 años y estudiando el primero de primaria. Lo comento porque en ese entonces estaba bien fuerte, yo era bien cohibido que así somos el pueblo wixárika que veíamos a alguien y nos agachábamos y nos escondíamos, nos veían con la piel morena y nos decían -no te bañas-, -existen los peines y las tijeras-, -te van a salir piojos-, cuántos piojos, cosas así que lastimaban a uno, por decirlo de una manera muy suave, porque había otras palabras que no las puedo mencionar y gracias a esas personas nos enfrentamos a esta la situación de estudiar más, de prepararnos más sobre la cultura, cómo vivir acá y de esa manera hemos subsistido. Mi mamá no logra entender ni hablar el español y muchas personas así están hoy en día”, cuenta.

Rogelio es uno de los voceros de la comunidad. Foto: Cortesía

“Mi hijo más grande (14 años) portaba el traje típico hasta los 12 años y mi hijo de 12 años todavía lo sigue usando. El grande no lo quiere portar para andar aquí (comunidad). Mi hijo no lo quiere portar por la cuestión de la discriminación. Eres huichol es como decirle vales menos es como decirle si eres wixárika nosotros somos superiores. Él lo portaba con mucho orgullo, se subía a los escenarios, agarraba el micrófono y decía tenemos el águila, el venado, el maíz, ahorita sí habla, pero no quiere ni portar el traje típico ni hablar el wixárika, siento que le da pena”.

Hasta con su propia familia que está en la sierra tienen que lidiar con los ataques que sufren, ellos no ven bien que la comunidad viva en la ciudad, les dicen que han perdido su esencia y sus tradiciones.

“El detalle es que ellos nos ven mal allá, nos dicen tú ya no hablas huichol, ahí nos restriegan, -vives en la ciudad debes hablar más el wixárika porque ya no hablas bien, ya no lo practicas- entonces mucha gente en la sierra nos ven raros porque realmente lo que ellos quieren es que conservemos lo auténtico, lo autóctono, lo tradicional y lo económico que se vive allá arriba”, concluye.

Los músicos de la comunidad junto a Rogelio. Foto: Hatdadiel Aragón/ EL DEBATE

DATOS

Los huicholes usan dos tipos de trajes, el típico y el de gala, este último es de manta de lino con una figura punto de cruz fijo, solamente se utiliza en fiestas o eventos  como la fiesta del mezquite, la fiesta del elote, gallina, atole y la fiesta del toro.

Para realizar sus artesanías, los huicholes tienes tres colores predilectos que son el amarillo, el rojo y el negro. Empiezan realizando sus accesorios con el ojo de flor.

Los turistas que deseen asistir a esta comunidad y recibir esta limpia se debe solicitar en las oficinas de turismo de Tepic y tiene un costo de 5 mil pesos.

 

 

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