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Las tradiciones japonesas sobreviven en un rincón único de Buenos Aires

El jardín es un "el lazo de amistad" entre Argentina y Japón 

Por  EFE

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Las tradiciones japonesas sobreviven en un rincón único de Buenos Aires(EFE)

Las tradiciones japonesas sobreviven en un rincón único de Buenos Aires | EFE

Jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Las tradiciones japonesas sobreviven en un rincón único de Buenos Aires(EFE)

Las tradiciones japonesas sobreviven en un rincón único de Buenos Aires | EFE

Turistas en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Turistas en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Turistas tomando fotografias en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Turistas tomando fotografias en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Niña en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Niña en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Puente en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Puente en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Turistas en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Turistas en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Turistas en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina(EFE)

Turistas en el jardín Japones en Buenos Aires, Argentina | EFE

Buenos Aires.- La comunidad japonesa suma en Argentina decenas de miles de personas, y muchas de ellas siguen conservando su cultura y sus tradiciones, que tienen como epicentro un único y tranquilo jardín nipón, de más de cincuenta años de antigüedad, en medio del ruido y el tráfico de Buenos Aires

En 1967, ante la llegada a Argentina de los príncipes herederos Akihito y Michiko, la colectividad japonesa emprendió la construcción del parque, y treinta años más tarde, cuando el matrimonio regresó, ya como emperadores, fue ampliado hasta las tres hectáreas actuales, que lo convierten en el jardín japonés público más grande fuera del país asiático. 

Los cientos de visitantes que recibe cada día recorren una combinación de arquitectura japonesa, con sus característicos techos y puentes, y vegetación originaria de esa nación, como los tres árboles caquis que provienen de otros ejemplares que sobrevivieron a la bomba nuclear lanzada sobre Hiroshima en 1945.

Todos los elementos del jardín están cargados de simbolismo, de acuerdo a la filosofía japonesa: a la isla de los dioses, que domina el centro del recinto, se accede por un peculiar puente curvo, difícil de atravesar porque quiere reflejar los obstáculos de la vida y la complejidad del ascenso a la vida celestial. 

En las aguas del lago que rodea la isla y se extiende por buena parte del jardín destacan los vivos colores de los cientos de carpas, un animal muy apreciado en Japón por su fuerza y perseverancia al nadar a contracorriente; y en sus orillas crecen los cerezos, que con su breve floración recuerdan, según el dicho japonés, a la "felicidad efímera". 

El conjunto fue diseñado para meditar, "para poder estar en paz y tranquilidad", explica a Efe el director de prensa de la Fundación Cultural Argentino Japonesa, Sergio Miyagi

El conjunto fue diseñado para meditar, "para poder estar en paz y tranquilidad", explica a Efe el director de prensa de la Fundación Cultural Argentino Japonesa, Sergio Miyagi, características de la cultura nipona que, bromea, "vienen muy bien" en Argentina por el estrés y el mal momento económico.

Miyagi afirma que el jardín es "el lazo de amistad" entre Argentina y Japón

Miyagi afirma que el jardín es "el lazo de amistad" entre Argentina y Japón, "que va a perdurar por los siglos", y muestra "la admiración y el respeto" mutuos entre ambas naciones. 

"Estamos muy felices de desarrollar y de llevar con mucho orgullo esta cultura que nosotros amamos profundamente", dice Miyagi

Además de otros locales como una casa de té, un vivero o un restaurante conocido por su sushi, el principal edificio del jardín, una imponente pagoda, alberga la fundación de la comunidad japonesa, que se encarga de administrar el parque y organiza actividades que mantienen viva la tradición del país. Así, los fines de semana el jardín se convierte en escenario de exhibiciones y talleres de artes marciales como kárate y judo, bonsais, anime, origami o ceremonias del té. "Estamos muy felices de desarrollar y de llevar con mucho orgullo esta cultura que nosotros amamos profundamente", dice Miyagi, hijo de japoneses, con acento argentino y lanzando de vez en cuando metáforas de fútbol y su equipo favorito, River Plate. 

Su abuelo llegó a Buenos Aires en 1952, haciendo caso a su hermano, que le había hablado desde Perú de las maravillas que se hablaban de Argentina, vista como una "tierra prometida" por entonces; y procedía de la isla de Okinawa, en el sur de Japón, al igual que el 85 % de la comunidad japonesa en el país suramericano.

La inmigración nipona en Argentina se inició a finales del siglo XIX, aunque empezó a ser más numerosa varias décadas después; la mayoría de los que llegaban abrían tintorerías o se dedicaban a la floricultura, un estereotipo que aún hoy pervive. Tras la Segunda Guerra Mundial, esta corriente se intensificó, impulsada por el propio Gobierno japonés, que buscaba válvulas de escape a la situación de pobreza provocada por la guerra y la sobrepoblación por la repatriación de miles de soldados y población civil de las colonias y zonas previamente ocupadas. Okinawa, una zona tradicionalmente más pobre, sufrió especialmente al ser conquistada por Estados Unidos, que no se retiró hasta 1972 de la zona.

A día de hoy, se calcula que los japoneses y sus descendientes suman en torno a 60.000 personas, la mayoría de ellas en Buenos Aires y sus alrededores, aunque existen otras comunidades en Córdoba, Rosario o la provincia de Misiones.