Opinión

Lavativas y bacinicas desaparecen ante el embate moderno

HISTORIAS Y AVENTURAS…

Por  Rosario Oropeza

Nuestros antepasados nos enseñaron a respetar al semejante, era parte de la formación. Hoy todo es diferente.

La era moderna ha revolucionado, y por consecuencia se han perdido tradiciones y costumbres que se aplicaban en el siglo pasado. Los niños no juegan a la matatena ni a la rabia ni al cinto escondido, a la lotería, al trompo, al yoyo o a las canicas, todo se circunscribe a un celular o a una tableta.

En la actualidad, la medicina ocupa un lugar importante, y eso es bueno, pues ante cualquier síntoma de enfermedad las madres de familia arrancan con sus hijos al médico, cuando antes la mayoría recurría a los remedios caseros.

Se acostumbraba que cuando un bebé recién llegaba al mundo, lo primero era ponerle un hilo rojo en una pierna para evitar el hipo; luego que si se le caía la mollera lo llevaban con la sobadora para que se la levantara a base de aceite de comer embijado en el paladar y le pegaba en las patitas bocabajo.

Que si se empachaba, le sobaban la tripa y a veces decían: “Se le fue la tripa por un susto”, y nomás se tapeaba y ahí lo llevan con Rafaelito de la farmacia Cruz Verde que se ubicaba en la Carrasco, atrás del mercado, y voitelas, una purga de magsokon o una cucharada de aceite de ricino para aflojar la panza.

Y pa’l dolor de oído, la ruda con vaporub y un tapujo de algodón en medio de la oreja, y té de melena de elote contra el mal de orín y a sacar la bacinica de debajo de la cama de lía porque al contrario no llegabas al baño que estaba afuera; y si de plano había mucho estreñimiento, ¡ah, pues la lavativa con jabón Palmolive! Y Córrele que te alcanzo... ¡Qué golpe tan duro!