Opinión

Ausencias

Por: Marcos Miranda Gil

La salida es hacia dentro; sobre todo en el campo educativo. Podemos estar cinco, diez o quince años yendo a la escuela, preparándonos, certificándonos o acreditando cursos y materias, pero si no atendemos lo que ocurre por dentro de nosotros iremos por la vida creyendo que vivimos o incluso afirmando que la vida es maravillosa. Mirar hacia dentro en épocas como la actual en que la atención está enfocada en el exterior es tarea de pocos y necesidad de muchos. De pronto, un día te acuestas a dormir alegre y despiertas otro día sintiéndote triste preguntándote qué pasó y ahí empieza el verdadero crecimiento personal jamás transmitido en las escuelas.

La permanente ausencia de aprendizajes enfocados en la riqueza del potencial del individuo ha traído como consecuencia que nos estemos llenando de expertos en áreas minúsculas del conocimiento humano y neófitos en la vasta complejidad del sentido de la vida en su conjunto. Perseguir la liebre de la sobrevivencia en un principio se transformó en una loca carrera colectiva para alcanzar un prestigio, un status y una posición supuestamente acomodada ante los ojos de los otros, los árbitros y jueces implacables del entorno. Este ejercicio se ha venido practicando mucho en las últimas cinco décadas entre nosotros y el pragmatismo nos está rebasando. Se convive más con el celular o la pantalla que con los humanos y la percepción dejo atrás a la reflexión. Todas las ausencias duelen… las inconscientes duelen más.

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