Opinión

Le vendió el burro a don Lucio, ahora a cargar leña en el lomo

Por: Rosario Oropeza

Inicia apenas la nueva legislatura federal, y los dimes y diretes están a la orden del día, parece que vamos en retroceso.

Don Lucio era un ranchero forjado al modo de antes, en su pequeño pueblo no había agua potable ni luz eléctrica, como todo pueblerino tenía un burro ya viejón pero aguantaba la carga, lo maniobraba su nieto Jacinto, pues en el acarreaban agua del pozo y leña para atizar las hornillas.

A diario traía dos viajes de agua en cubetas de 20 litros, y cada tercer día un tercio de leña, de su casa al pozo de donde extraían el líquido vital distaban dos kilómetros y medio, así que la friega no estaba fácil.

Jacinto era un adolescente inquieto con ganas de salir adelante, pero en el rancho no había escuela, de modo tal que estaba a la orden de su abuelo, no le quedaba de otra. Cierto día llegó al rancho un comprador de burros, los venía pagando a 40 pesos, sin consultar con don Lucio, Jacinto trató el borrico al igual que otras personas del mismo lugar que se deslumbraron por la oferta, pues la paga era muy atractiva.

El comprador los timó, pues se llevó la recua con la promesa de regresar con la paga al siguiente día, pero nunca volvió, ni se supo de donde era, así es que dejó desburrado al rancho. Don Lucio, era duro de carácter, así es que cuando se enteró de la acción de su nieto, le dijo: “Ándele hijo de su fregada, ahora pa que se le quite lo sonzo, usted se me pone a acarrear agua y leña en el lomo, como si fuera burro.. Y arreee”… ¡Qué golpe tan duro!

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