Opinión

La lucha contra la corrupciónes cosa de mujeres

Por: Luis Enrique Ramírez

La voz del pueblo es la voz de Dios, sentencia una máxima en latín (vox populi, vox Dei), y cualquier estudio serio que usted consulte arrojará que, en la concepción de la mayoría de las personas, la mujer es menos proclive que el hombre a cometer actos de corrupción. Por algo será.

Hoy, Día Internacional de la Mujer, entendemos que la fecha no es ocasión para felicitarlas ni para homenajearlas, sino simplemente para recordar que son iguales en derechos y en capacidades que los hombres.

La igualdad de oportunidades, que debiera ser consecuencia lógica de lo anterior, continúa como la gran tarea pendiente en el tema de igualdad de género. Otro es el de la violencia. Ninguna conducta ilustra con mayor patetismo el retraso de una sociedad, como el maltrato y la discriminación de las mujeres.

La inercia del paternalismo nos conduce equivocadamente a dedicar este día a ensalzarlas. Respetarlas, en realidad, sería suficiente no solo hoy, sino todos los días. Tampoco se trata de defenderlas: el empoderamiento pasa por reconocer su capacidad de defenderse solas.

Hablar por ellas es una de las conductas más soterradamente machistas en las que solemos caer los hombres. En aras de evitarlo, esta columna se escribe, desde una posición de mero observador, en torno a la idea planteada en el primer párrafo: hoy por hoy todas, absolutamente todas las instancias de poder a cargo de vigilar y transparentar el dinero público en Sinaloa son encabezadas por mujeres.

Veamos: Emma Guadalupe Félix Rivera es titular de la Auditoría Superior del Estado; Reyna Angulo Valenzuela es la fiscal especializada en combate a la corrupción; María Cháidez Zepeda, la magistrada anticorrupción del Tribunal de Justicia Administrativa; Rosa del Carmen Lizárraga Félix es presidenta de la Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública; y Guadalupe Yan Rubio es la secretaria de Transparencia y Rendición de Cuentas del gobierno estatal.

Los diputados del Congreso del Estado de Sinaloa, a su vez, entraron en esta nueva dinámica de política pública al acordar que las comisiones permanentes encargadas de vigilar cómo y en qué se gasta el presupuesto sean presididas por mujeres: Margarita Villaescusa Rojo en la de Hacienda; y Emma Karina Millán Bueno en la de Fiscalización.

A inicios del primer gobierno federal de transición en México, que fue el de Vicente Fox en el 2000, se creó la figura conocida como «zar anticorrupción», quien no era otro que el secretario de Contraloría y Desarrollo Administrativo, Francisco Barrio Terrazas.

El tiempo, una sociedad cada vez más demandante de información y el desarrollo global en los asuntos de fiscalización y transparencia, nos colocan hoy frente a un nuevo paradigma: la lucha contra la deshonestidad y en favor de una óptima aplicación del dinero de nuestros impuestos no puede estar en manos de un solo hombre.

Enhorabuena, pues, por Sinaloa, que hoy entrega esa responsabilidad no a un hombre, tampoco a una mujer, sino a siete mujeres.

Relacionado estrechamente con el tema del género femenino como garante de confianza en las instituciones, se encuentra en este año electoral otro hecho: el árbitro de los comicios constitucionales a celebrarse el primero de junio en nuestra entidad está también a cargo de una mujer: Karla Gabriela Peraza Zazueta, presidenta del Instituto Electoral del Estado de Sinaloa. Buen punto, sobre todo si se toma en cuenta que la exigencia número uno de los electores es acabar con la corrupción, comenzando por el respeto al voto.

La salvaguarda de la honestidad en Sinaloa, en conclusión, descansa hoy en las mejores manos. Manos firmes y expertas que dan certidumbre al ciudadano: las manos de ellas. Así sea.

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