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CDMX

Ana se realiza prueba para detectar Covid-19 y resulta inconclusa

19 días después de presentar síntomas de COVID-19, «Ana» logró realizarse una prueba de detección del virus

Por David Ortega

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Ciudad de México.- Luego de padecer altas temperaturas de fiebre, dolor de cuerpo, de cabeza, tórax, dificultades para respirar y una tos constante, «Ana» no pudo más y asistió a hacerse la prueba de COVID-19. El resultado la dejó con más incertidumbre: resultó ser inconclusa. Ahora su esposo se encuentra con incapacidad de cuatro días al presentar síntomas similares.

El pasado 16 de abril del 2020, EL DEBATE le presentó la historia: «Cuando el hambre es más dolorosa que el coronavirus» (véala aquí). En ella se expuso la situación de «Ana», de 29 años de edad, comerciante en tianguis y habitante de la alcaldía de Iztapalapa de la CDMX, quien se sumó a las cifras de casos sospechosos de COVID-19 en México. Pidió el anonimato ante el temor de ser estigmatizada.

Comenzó con los síntomas el 28 de marzo, pidió apoyo al Gobierno de la CDMX a través de su programa de atención ciudadana de la pandemia, con un mensaje de texto al 51515 y en Locatel solicitó el apoyo del kit (paquete) que cuenta con varios artículos de protección personal y una despensa. Ninguna de las dos opciones le sirvieron.

El lunes 13 de abril ya no pudo más con los malestares: la dificultad para respirar se incrementó, el dolor del pecho y de la cabeza la hicieron salir de su casa, pese a la recomendación del aislamiento, para hacerse la prueba para detección del virus SARS-CoV-2, en la clínica 120 del IMSS.

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Una semana después, el lunes 20 de abril, recibió el resultado, y lo que ella padece es algo inconcluso. «Me llamaron diciendo que eran del Seguro (IMSS) y que mi prueba fue inconclusa, pero que debo permanecer aislada por 15 días o hasta que desaparezcan todos mis síntomas», contó la afectada. Ella les preguntó si debía realizarse de nueva cuenta la prueba, la respuesta fue contundente: «No» y que por ello le pedían seguir aislada.

Informales, en el desamparo

Vive una situación complicada, pues sus ventas en el tianguis son fundamentales para poder pagar sus gastos, pues su esposo gana apenas 1300 pesos semanales y ahora él también está enfermo. Una semana antes de que ella presentara síntomas, su marido tuvo algunos malestares, pero «salió rápido». Hoy en día fue regresado de la empresa en la que labora al presentarse con calentura, pues los síntomas regresaron.

El lunes 20 él faltó a su trabajo al sentirse muy mal. 

«Mi esposo está enfermo, tiene fiebre; de hecho, está en casa, y eso significa que le descontarán el día. Ya no puedo esperarme sin trabajar, no puedo cuidar a los demás y descuidarme a mí», dijo la joven el día lunes.

«La verdad, ya me siento mejor; quizá no al 100, pero ya mejor. No puedo ya más con esta situación en casa y, como les dije por teléfono, a estas alturas no me puedo quedar más tiempo en casa, así que los responsabilizo por una mala atención y, en caso de tener COVID-19, por las personas a las que yo pueda contagiar», confesó la mujer.

«Ana» comentó que cuando fue a realizarse la prueba clínica en el IMSS le sorprendió que al parecer el médico que realizó el examen no sabía cómo hacerlo ni conocía el protocolo.

«Lo que escuché es que era la primera prueba que hacía el laboratorista, o no sé qué cargo tenga, que era la primera prueba, que no sabían bien el protocolo. Lo estaban comentando porque le preguntó al doctor que qué pasaba, que sí ya, y dice el doctor “No sé”.

“¿Tú no sabes la respuesta o cómo?”, dice. “No, tienen que pasar de tres a cinco días”, dice. “Pues no sé, ahorita lo voy a checar”», fue la conversación que pudo escuchar mientras esperaba ser atendida.

«Ana» se dio cuenta también de que se preguntaban entre ellos quién se quedaba con qué hoja de las que iban saliendo de los estudios y preguntas que le hicieron a ella como paciente.

Comenta que, poco más de la semana de haberse realizado la prueba, su esposo comenzó con síntoma; pero el día martes 22 de abril, ante la necesidad económica, él se tuvo que presentar en su trabajo para no perder sueldo, sin embargo, al tener fiebre, fue regresado y le dieron una incapacidad de cuatro días.

«Pues ahorita tiene exactamente los mismos síntomas que yo, solo que sí puede respirar».

La preocupación económica se incrementó cuando la joven intentó volver a vender al tianguis, y ya no le permitieron poner su puesto.

Por ello ahora intenta vender por internet algunos de los productos que vendía en el mercado sobre ruedas, y una amiga cercana le hizo un préstamo, con lo que dice que se siente un poco más tranquila.

Sin embargo, luego de los problemas con los trámites, y para recibir la debida atención médica, esta pareja decidió ya no mandar el mensaje de texto y tampoco solicitar el apoyo de los kits, pues comprobaron que no hay ningún tipo de ayuda por parte del Gobierno de la CDMX, como lo denunciaron a este medio.

En este caso, EL DEBATE buscó la versión del Gobierno de la CDMX a través de su equipo de vocería; sin embargo, al solicitar hacer las preguntas directamente a la jefa de Gobierno en sus conferencias diarias, la vocería respondió que se da preferencia a los reporteros que cubren diariamente la fuente.

Sobre los kits que el Gobierno da, dijeron que en este caso no aplica, pues consideran que su caso no es grave.

Reforma publicó que para las 12.5 millones de personas que trabajan por su cuenta en nuestro país será aún más complicado llevar a cabo sus actividades durante el periodo de contingencia sanitaria, debido a que no todos estos trabajos se pueden realizar desde casa, lo cual pone en riesgo su economía y su salud.

Mientras que, de acuerdo a un artículo de Reforma, un 57 por ciento de la población económicamente activa está en la informalidad. Para estas personas no es fácil dejar de laborar. 

Hasta el momento, el Gobierno federal no ha anunciado apoyos para este sector.

Con información de Reforma/Verónica Gascón

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