CDMX

¿Por qué algunos no cree en cifras y sí en conspiraciones?

De acuerdo con su experiencia, sociólogos, antropólogos y psicólogos dan respuesta a la actitud que los ciudadanos han tomado frente a la pandemia

Por  Lorena Caro

Sectores de la sociedad han salido a las calles durante la contingencia  por necesidad laboral, pero también por motivos como eventos familiares, hacer compras de artículos innecesarios o visitar a parientes.(Foto: El Debate)

Sectores de la sociedad han salido a las calles durante la contingencia por necesidad laboral, pero también por motivos como eventos familiares, hacer compras de artículos innecesarios o visitar a parientes. | Foto: El Debate

México.- La incertidumbre que ha generado la aparición del COVID-19, la falta de acceso a los servicios de salud en México, pero también la insuficiente información veraz por parte de las autoridades son algunos de los motivos principales que sociólogos, antropólogos y psicólogos destacaron para dar respuesta a por qué muchos mexicanos prefieren creer en teorías, mitos y conspiraciones alrededor del COVID-19 que en las cifras oficiales. 

Ricardo Bernal Lugo, investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, mencionó que actualmente la sociedad se enfrenta a una realidad que genera una incertidumbre muy compleja.

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Explicó que esa incertidumbre ocasiona miedo, y el miedo lleva a intentar encontrar explicaciones lo más simplistas posibles para lidiar con algo que está fuera del control de las personas, como la enfermedad COVID-19

Incertidumbre

Detalló que actualmente se vive en un mundo en el que pareciera que todo puede ser controlable, que todo está al alcance, incluso a veces con un solo clic. Sin embargo, explicó que en la naturaleza y en las relaciones sociales hay muchas cosas que tienen enormes márgenes de incertidumbre: «En un momento como este, donde la pandemia crece, es una pandemia nueva que nunca habíamos vivido en la humanidad, y donde la ciencia tiene explicaciones provisionales porque también está aprendiendo de lo que está pasando. Mucha gente tiende a pensar que lo que está ocurriendo es imposible que no tengamos explicación, que no tengamos el control absoluto de lo que está pasando, y se debe de personalizar a la voluntad de un ente maligno, que sería esta falta de control para muchos de nuestra generación por primera vez en nuestra vida», expuso. 

Bernal Lugo subrayó que la reacción que actualmente se ve, donde muchas personas atribuyen el virus, los fallecidos, las medidas de prevención e incluso la pausa en la economía a conspiraciones de personas en el poder, es comprensible ante un fenómeno que llena de incertidumbre, en el que ni siquiera la ciencia con todos los avances que ha tenido puede explicar de manera total lo que está sucediendo. 

Para combatir ese tipo de reacciones, el especialista dijo que la única esperanza es que haya información oportuna, veraz, contrastada y accesible para la ciudadanía. Aunque indicó que evidentemente algunos sectores sociales no van a creer en dicha información porque tienen una concepción distorsionada de la realidad, que es muy difícil de eliminar.

Cultura y mitos

«Que los sinaloenses no crean en los datos no significa que sean incultos y tampoco porque vivan en un estado de rebelión, más bien porque los alcances de los informes, así como también las acciones de los funcionarios e instituciones públicas, apenas y llegan a la clase media con disposición tecnológica para asumir un atento Quédate en Casa», señaló la antropóloga Stephanie Aguilar. 

Tanto Aguilar como el también antropólogo José Olegario Osuna reflexionaron respecto al comportamiento de la ciudadanía frente a las medidas emitidas por la autoridad y la omisión que en muchos sectores ha prevalecido. Indicaron que entender el mundo en tiempos de pandemia es complicado, porque nos encontramos en tiempos donde la realidad está superando cualquier ficción. Lo anterior —agregaron— ha llevado a la población a intentar dar explicación a lo incierto, al miedo y una salida a la preocupación. 

«En este sentido, entender por qué la gente no cree en los datos y sí en las teorías conspiratorias es complejo. Deviene de distintos fenómenos culturales. Se trata de formas de construir la realidad, el pensamiento, la percepción y la comunicación, lo cual incluye creencias populares, mitos, leyendas, entre otros. Un ejemplo de esto es la capacidad de protección por fuerzas sobrenaturales que proviene de una baja o nula credibilidad en las instituciones, y el refugio más óptimo en una crisis son los actos de fe, incluso hasta en temas de latrocinio, la confianza en que si robas no estás fallando a tu Dios o a algún santo por tomar algo por necesidad», ejemplificaron. 

También contribuyen la falta de credibilidad en las cifras o datos institucionales, sobre todo en las relacionadas a la salud, a la ausencia de atención médica o la poca vigencia del juramento hipocrático, como sucede en los centros de salud en rancherías o sindicaturas, las cuales no cuentan con servicio permanente o en definitiva se encuentran cerrados, lo que ha llevado en el transcurso de los años a los pobladores a recurrir en enfermad con lo que se tiene a la mano, como sobadores o especialistas religiosos que ofrecen a un menor costo una seguridad mística de salvación a cambio de la conversión religiosa, según explicaron. 

El psicólogo José Lizárraga indicó que desde que inició la pandemia, hasta hoy, sigue habiendo un impacto emocional que fracturó otras funciones con las cuales las personas se relacionaban habitualmente, como el intelecto, la capacidad de juicio y de ver lo real y lo irreal: «Es en este sentido donde ese reajuste equivocado, inclinado hacia el lado de la mala salud mental, es donde estamos usando mecanismos, donde lejos de ayudarnos a adaptarnos, estamos haciendo una mala adaptación. En este caso entra la negación. La negación es negar lo que existe afuera para provocarme un poco de paz interior, porque es tal la situación de angustia que estoy sintiendo que me confronta con un miedo terrible, entonces el mecanismo de defensa son usados para “equilibrar” nuestro estado mental. Por eso es que se niega lo que está ocurriendo afuera, y como todo lo tenemos que explicar, se le da una explicación equivocada», expuso.

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