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Reflexiones en pandemia: El coronavirus es como un poema trágico

Primera parte de la presentación de diversas colaboraciones "Reflexiones en Pandemia" sobre cómo nos está cambiando el nuevo coronavirus. ¿Qué nos preocupa? ¿Cuáles acciones faltan por parte de nuestros gobiernos? reflexión por Ivonne Karely Martin 

Por  Ivonne Karely Martin

¿La crisis nos separa o nos une?(Carlos Padrón / Debate)

¿La crisis nos separa o nos une? | Carlos Padrón / Debate

Sinaloa.- Si nos abrazamos, morimos. Aunque suene muy fatalista y algo retorcidamente romántico, así están las cosas en este momento: la pandemia de coronavirus nos ha sumergido a una especie de poema trágico. 

Si algo nos ha enseñado la historia de la humanidad, es que lo difícil de las crisis es cómo (sobre)vivir juntos. ¿Esta nos separa o nos une?

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La pandemia nos ha puesto a prueba, una prueba no solo médica, sino también social, estructural, política y, me atrevo a decir, cultural. Una prueba que nos demuestra nuestra forma de reaccionar ante la crisis, nuestra capacidad de respuesta, nuestra comunicación y nuestro actuar; nos pone a prueba como seres sociales y humanos. Nos une y desune, ya que estamos viviendo un encierro total, en donde se nos ordena estar en nuestra casa. 

Los privilegios de algunos surgen y se comparan con los de otros; es decir, comenzamos a fijar las miradas en los que pueden ejercer el encierro y los que ya contaban con una crisis antes de esta: la pobreza. 

"Porque no basta con no tener que comer y vivir al día o no tener un sueldo fijo ni una seguridad médica, aparte se agrega un virus que no distingue estratos socioeconómicos. Esto nos separa".

No podemos negar que el coronavirus se volvió el villano del año 2020, el que ya se colgó en nuestros libros de historia futuros y el protagonista de nuestro día a día. Los que no salíamos de nuestras casas, deseamos aunque sea una salida a la esquina. Los que salían de manera recurrente comenzaron una desintoxicación que casi los vuelve locos, pero después encontraron los beneficios de estar en el encierro.

Aunque como un buen drogadicto en rehabilitación, no le caería mal una salidita, "solo para el recuerdo". 

Esto nos supera, nos separa, nos une, nos enloquece, nos hace descubrirnos, nos hace estar con nosotros mismos en el encierro, nos une con nuestras familias; nos une de manera virtual en un universo de infinitas redes de comunicación que nos da esperanza, pero nos desalientan, con un mundo de información y desinformación. 

Esta pandemia nos hizo crear nuevas maneras de mantenernos cuerdos: yoga, ejercicio, cocinar, videofiestas por Zoom con los amigos y amigas; peleas en redes sociales, terminar libros que nunca pensamos terminar, hasta ver telenovelas se tornó una especie de ritual en el que caemos las personas desesperadas. Hay tranquilidad en nuestras calles, pero una guerra entre nosotros y nosotras.

Sometemos a juicio nuestro entorno. Entonces, formamos múltiples bandos: bandos económicos; los que tienen y no; bandos sociales, los que se someten a las normas y los que no, los que amamos la soledad y los que extrañan la vida mundana. 

Nuestra realidad se redujo a un programa de ciencia ficción, en donde creíamos que esto nunca nos iba a pasar, y, cuando pasó, no supimos, ni sabemos, qué hacer, qué lograr, cómo vivirlo. 

No hay conversación actual en donde no se hable del Covid-19. Es esa cicatriz que queda marcada en nuestras memorias sociales, seas de cualquier etnia, raza, estrato social, blanco, negro, morado o verde... ahí está. 

Se dice que las evoluciones sociales se forman por manchas históricas (guerras, revoluciones, enfermedades...). ¿Acaso esta pandemia será una oportunidad de evolucionar?, ¿terminaremos aún más dañados? Como si creyéramos que eso no iba a ser posible. 

Saca lo mejor y lo peor de nosotros. Somos empáticos con el dolor del vecino si sufre de algo, pero pobre de aquel si se acerca a nuestra casa porque se le echa cloro. Pobre de la gente que sufre la pobreza y la desigualdad; pero que no vengan a pedir dinero, que ya muchos problemas tienen algunas personas con no poder salir a tomar un coctel. 

En fin. Nos vuelve seres empáticos, pero no recíprocos. Nos hace seres vulnerables, chiquitos, sin fuerzas, y para cerrar como abrimos esto, de una manera poéticamente retorcida, esto nos hace recordar lo frágil que es nuestra existencia, y que no somos nada comparados con algo tan grande, y mucho menos si no aprendemos a unirnos.

En la actualidad hay un poema trágico llamado coronavirus
Ivonne Karely Martin Perfil: licenciada en Sociología por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Trabaja su tesis de maestría en ciencia política por la Universidad de Guadalajara. Se especializó en el área de cultura política, principalmente en el tema de las desapariciones forzadas en el país y el trabajo de las mujeres en la práctica de búsqueda de fosas clandestinas en el estado de Sinaloa. Integrante y creadora del Colectivo Martes de Poesía.
Fuente: Cortesía 

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