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"Beto Caimán" una vida dedicada a salvar cocodrilos

SINALOA

La observación es suficiente para identificar a los sobrevivientes.

Culiacán, Sin.- Con una humedad que desgastaba las fuerzas en los pantanos cercanos a la laguna de Chiricahueto, el objetivo era claro para "Beto Caimán": proteger los embriones de cocodrilo de sus depredadores.

Desde las 08:30, apenas al pasar por Sánchez Celis, Eldorado, el calor sofocante se anunciaba como el primer obstáculo en el poblado que da entrada a la zona de la laguna.

La advertencia del guía sobre la presencia de serpientes y felinos peligrosos en el sendero era tan oportuna como intimidante, pero pesaba más la idea de evitar que coyotes, mapaches y otros depredadores acabaran con las crías del reptil cuya población han bajado sensiblemente en los últimos años por esta causa: "Incubarlos es más seguro, porque corren el riesgo, en el proceso que les falta para nacer, que caiga un depredador y se los coma a todos".

Superada la travesía entre matorrales y fango, la consigna era ubicar el nido en las orillas del dren de desagüe en las tierras del ejido Rebeca 2. Ahí, con solo excavar un poco, se pudieron descubrir 55 huevos, de los cuales 31 fueron fértiles y candidatos a incubarse en casa de Heriberto. El resto presentaba muerte embrionaria por un depredador tan silencioso como letal, las altas temperaturas de la última época, que tienen relación con el calentamiento global: "El año pasado colectamos, ahí en la zona, diez nidos, la mitad de los huevos estaban deshidratados".

Con la idea de ser biólogo ante la imposibilidad de hacerlo en 1987, "Beto" plantea especializarse en algunas especies, y decide hacer del cuidado del cocodrilo su pasión, relata este amante de los cocodrilos, mientras coloca los últimos huevos en la cubeta.

Apoyado por la Subsecretaría de Medioambiente y la Semarmat, en una labor que es más que un trabajo, pues se convirtió en una pasión, Heriberto confiesa su emoción cuando un embrión logra sobrevivir en cautiverio. "Lo que más me gusta es cuando empiezan a nacer, el primer rugido de la cría es como si me saliera de aquí, del corazón, tengo un sensor aquí en el pecho que comunica con ellos.

Concluida la travesía al dren cercano a la laguna, Heriberto, en compañía de Éver, su ayudante, y de Gerardo Ríos, subdirector de Medioambiente, camina presuroso a los vehículos que se internaron hasta donde se pudo, ya que el tiempo apremia para preservar la vida de 31 embriones, que después de 4 meses serán devueltos a su hábitat natural cuando logren crecer cerca de 35 centímetros, para empezar de nuevo el ciclo anual de rescate.