Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Día de clases de terror en el Cobaes 60

CULIACÁN

Culiacán, Sin.- A unos metros de donde ocurrió la primera agresión en contra del vecino de Barrancos, se encontraban decenas de estudiantes en clases.

Otros más estaban afuera de las aulas conviviendo, quienes al momento de las detonaciones de arma de fuego corrieron a refugiarse a las aulas.

Directivos del plantel ordenaron que todos quedaran pecho a tierra por seguridad.

Cuando pensaban que el peligro había pasado, se escucharon de nuevo las ráfagas de metralla.

El terror y el pánico se apoderaron de los alumnos, quienes vivieron minutos angustiantes.

Por seguridad, los maestros no dejaron salir a los estudiantes, quienes querían ver de cerca la escena y acudir al lugar para ver el cuerpo de la persona que habían asesinado.

A pesar de las advertencias de los maestros, el morbo fue más grande y los estudiantes se arremolinaron en la Cruz Roja para ver de cerca la escena del crimen, luego de que los dejaron salir de la escuela.

Un par de personas que se encontraban atendiendo su puesto de vendimia en el lugar del atentado alcanzaron a correr y poner a salvo sus vidas.

Un puesto de raspados quedó abandonado a unos metros de la entrada de la escuela.

Al dueño no le importó ni el dinero que había ganado por las ventas, prefirió mejor salvar su vida.

Minutos después, ya se encontraba vendiendo con normalidad, contando lo que minutos antes había experimentado, hasta a los mismos policías.

El miedo no le impidió seguir ganando el pan de cada día.

La encargada de vigilar la puerta principal y un alumno, se refugiaron tras una pared ubicada en la entrada del plantel.

Paramédicos y personal médico que se encontraban de guardia en la benemérita corrieron a la parte de atrás del inmueble tras escuchar los disparos.

Un agente de la Policía Municipal que estaba en el lugar tomó su arma e intentó salir, pero los socorristas se lo impidieron, "Mejor no salga, le dijeron, espérese", era obvio que los delincuentes lo superaban en armamento y le hubiera costado la vida.

Tras ocurrido el atentado, los socorristas imaginaron lo peor al observar que la puerta del estacionamiento de las ambulancias estaba abierta.

De sólo pensar que la víctima hubiera entrado a donde ellos estaban y que los delincuentes lo hubieran seguido y matado con tal alevosía como lo hicieron, se hubiera registrado una lamentable tragedia.

Los peores temores se apoderaron de las mentes de los socorristas al recordar cuando una compañera de ellos perdió la vida en un hecho similar ocurrido hace un par de años en la Cruz Roja que se encuentra sobre el bulevar Leyva Solano, en el centro.

Una bala perdida cambio la vida de decenas de familiares, amigos y compañeros de trabajo que, hasta la fecha, no olvidan la tragedia.

Por poco y se vuelve a repetir la historia, que por fortuna no fue así.