Culiacán

Doctor en Sinaloa cuenta como fue sobrevivir a lo peor del coronavirus

Ya en recuperación, el doctor Millán recuerda que los especialistas le daban un 20 por ciento de probabilidades de sobrevivir al COVID-19

Por  Francisco Castro

El Dr. Millán afirma que su pasión es ayudar a cuidar la salud de los niños.(Foto: Cortesía)

El Dr. Millán afirma que su pasión es ayudar a cuidar la salud de los niños. | Foto: Cortesía

Sinaloa.- A 23 días de haber salido de la clínica en donde permaneció nueve días internado, el doctor Giovanni Millán Niebla, de 39 años de edad, define como un milagro su recuperación de COVID-19, sobre todo al saber que sus esperanzas de sobrevivencia se redujeron a un 20 por ciento cuando la tromboembolia pulmonar que el virus le provocó y que agravó su salud lo puso al filo de la muerte, aun cuando siempre había sido una persona muy sana, sin padecimientos crónicos.

Asimilé que volví a nacer, que es una oportunidad que Dios me da, que todavía no realizo los planes que tiene para mí, dijo convencido.

Prácticamente recuperado, pero aún en tratamiento a base de anticoagulantes y vitamina D para evitar cualquier recaída, Millán Niebla, quien estudia el tercer grado de la especialidad en Pediatría en el Hospital Pediátrico de Sinaloa (HPS), comparte su historia para EL DEBATE, con la única intención de que la gente entienda que el coronavirus no es un juego, sino algo muy serio de lo que hay que cuidarnos porque puede llevarnos a la muerte, sin distinción de clases sociales.

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El inicio de los síntomas

Antes de enfermar, el doctor había iniciado el tercer grado de la especialidad a principios de marzo, y lo hizo trasladándose el primer lunes de ese mes al Hospital Integral de Cosalá para realizar su servicio social durante tres meses. Debía terminar en mayo, pero el martes 7 de abril empezó con diarrea.

El doctor Giovanni Millán, a la espera de reincorporarse a su trabajo. Foto: Cortesía

Afirma que, antes de enfermar, en ningún momento subestimó al virus, siempre se movió del Hospital Integral a la casa que les facilitaba el Ayuntamiento, incluso los viernes que salía del servicio social regresaba a Culiacán y se quedaba en su casa, sin salir.

Recuerda que su suegra y su cuñado habían tenido síntomas gastrointestinales semanas antes de que él enfermara. Su esposa, Lizzette Peña, quien es enfermera en el Pediátrico, también empezó con dolor de garganta y molestias gastrointestinales dos días antes que él.

«Todo mundo se pregunta dónde lo pude haber agarrado, pero está medio difícil, porque cuando yo estaba en Cosalá se mencionaron dos casos de adultos, pero yo solo atendía a la población pediátrica».

Millán Niebla recuerda que cuando empezó el malestar estomacal pensó que algo le había caído mal, pero al día siguiente empezaron los estornudos, ya el jueves comenzó la fiebre y el cuerpo cortado, por lo que regresó de la clínica a la casa que les facilitaba el municipio, y se quedó dormido.

El viernes nuevamente amaneció con temperatura, cuerpo cortado y dolor de cabeza, por lo que se trasladó al Hospital Integral de Cosalá para decirle a la doctora encargada que no le gustaban los síntomas, que era candidato a la prueba para COVID-19. La doctora estuvo de acuerdo.

Le realizaron la prueba, le dieron la muestra, y ese mismo día se regresó a Culiacán en vehículo particular.

Llegó a la ciudad con la muestra que le habían tomado, la traía hermética, pero no alcanzó a dejarla en el Laboratorio Estatal de Salud Pública. Se fue directo a su casa porque se sentía mal, con el cuerpo adolorido, dolor de cabeza, fiebre y sensibilidad a la luz. Ya en su casa, se quedó dormido.

Al día siguiente llevó la muestra al Laboratorio, donde explicó lo ocurrido, y le confirmaron que la muestra había sido bien resguardada. El resultado lo iban a tener a más tardar el lunes a medio día.

El lunes 13 de abril le confirmaron que era un paciente positivo de COVID-19, y de inmediato lo comunicó a las autoridades del Pediátrico, que le pidieron aislarse. Ese día empezó con tratamiento sintomático; es decir, apoyo médico para tratar solo los síntomas.

Él y su familia buscaron cloroquina, pero no la encontraron por ningún lado, por lo que el martes 14 de abril inició un tratamiento a base de azitromicina (antibiótico) con ivermectina (antiparasitario).

La fiebre elevada continuó, incluso en una ocasión llegó a los 40 grados. Ya para el jueves empezó a bajar a 38.7, por lo que el doctor pensó que iba mejorando; sin embargo, notó que al respirar profundo sentía que la garganta se le cerraba y le provocaba tos, como si los pulmones no alcanzaran a llenarse, y eso lo alarmó.

Al día siguiente la sensación de falta de aire empeoró, por lo que llamó por teléfono a un amigo del Pediátrico, quien al saber los síntomas le llamó la atención por no haberse comunicado antes, y le dijo que su estado de salud se estaba complicando. También le recomendó otro tratamiento, y le dijo que ahí en el Pediátrico estaban otorgando cloroquina, fármaco utilizado en el tratamiento y la prevención de la malaria y afecciones autoinmunitarias, como la artritis o el lupus, además de pacientes con COVID-19

Con la oxigenación por lo suelos

El sábado 18 de abril, su amigo, el neumólogo pediatra Rigoberto Carrasco, le dijo que se midiera la saturación de oxígeno, y vio que le había bajado hasta 73 y 86. Giovanni sabía que la saturación por abajo de 92 genera hipoxemia, una disminución anormal de la presión de oxígeno en la sangre arterial.

A Giovanni Millán le confirmaron que su caso era complicado, y lo recomendaron con un neumólogo de adultos para que lo atendiera al día siguiente, el domingo. También debía hacerse una tomografía.

Giovanni Millán Niebla
Edad: 39 años
Lugar de origen: nació en Mazatlán, pero desde 1998 radica en Culiacán
Profesión: médico en proceso de terminar su especialidad de Pediatría.
Foto: Cortesía

El domingo 19 de abril, doce días después de haber sentido el primer síntoma, fue recibido en una clínica privada por el internista Alfredo Coronel, y luego llegó el neumólogo Édgar Urquídez Bazúa.

«Me hacen la tomografía, y ven que mis pulmones están muy afectados. En ese momento, el doctor Coronel me dice que necesitan internarme, que ocupo tratamiento intrahospitalario».

El doctor Millán iba acompañado por su esposa y sus hermanos, quienes le pidieron que se quedara, que harían el sacrificio para que estuviera bien atendido, «sobre todo sabiendo lo saturado que estaban el IMSS, el Issste y el Hospital Civil».

Los días más difíciles

Ese primer día que llegó a la Clínica Culiacán, Giovanni sabía que iba mal, pero no tenía idea de la magnitud del problema: «Pensé, voy a estar dos o tres días, me van a poner oxígeno, tratamiento intravenoso, estarán al pendiente que me tome las medicinas, y voy a salir como si nada; pero no fue así».

El domingo estuvo tranquilo, le pusieron oxígeno y empezó el tratamiento; al siguiente día tampoco hubo problemas. Fue hasta el martes 21 de abril cuando tuvo su peor crisis. Ese día le pusieron un medicamento para ayudar a bajar la inflamación —tocilizumab, utilizado en el tratamiento de la artritis reumatoide y con buenos resultados en pacientes con COVID-19—, y sintió una rápida mejoría, pero minutos después, al intentar levantarse, sintió dificultad para respirar.

Al principio creyeron que era alguna crisis de ansiedad, que estaba medio aprensivo, pero al ver en el monitor que sus niveles de oxígeno se fueron para abajo, el doctor pidió el ventilador.

En ese momento, Giovanni se llenó de miedo, pensó que lo iban a intubar, y él sabía que un paciente con COVID-19 que es intubado baja la probabilidad de sobrevivir y aumentan las complicaciones porque hay un traumatismo directo en las vías respiratorias al introducir el tubo, y a la mayoría no le va bien: «Yo en ese momento le digo al doctor que no me intube. Él me dice “no te preocupes, no te vamos a intubar”. Yo creía que lo decían para calmarme. Eso me generó mayor angustia, y me incrementó la dificultad para respirar».

Para su fortuna, le colocaron un mecanismo de ventilación mecánica no invasiva, que es una mascarilla —la cual le provocó una úlcera en la frente— a través de la cual el ventilador mecánico mete aire, sin necesidad de intubar.

Las últimas palabras que Millán Niebla escuchó del médico que lo atendía fue cuando pidió un sedante: «Para ese momento no podía hablar, solo pensaba que me dormirían y luego me intubarían». Luego se quedó dormido. Era martes 21 de abril.

De vuelta a la realidad

Cuando el doctor Millán despertó, pensó que habían pasado unas horas, pero no, en realidad habían transcurrido cuatro días: «Me habían mantenido sedado, y cuando desperté ya no tenía la máscara con la que me había dormido». Todo ese tiempo estuvo aislado. Al principio solo pudo entrar su esposa Lizzette, a quien ya le habían confirmado COVID-19 poco después que a él. Hace una semana, ella se hizo de nuevo el examen, y dio negativo. Él se lo hará esta misma semana.

«Ahora pienso que por ahí fue la cadenita: que empezó mi suegra, ella se lo pasó a mi esposa, y mi esposa a mí, porque yo no salía. De hecho, una o dos semanas antes de enfermar, tenía una fiesta, pero no salimos porque mi esposa y yo siempre hemos sido bien cautelosos, nunca echo en saco roto una problemática como esta pandemia».

Recuerda que a su esposa el virus le pasó de noche, con síntomas leves, aunque sí tomó cloroquina, azitromicina y oseltamivir por cinco días. De su suegra, recuerda que tampoco se complicó, aunque sí tuvo dolor de cabeza, diarrea, poca fiebre y tomó antiinflamatorios.

La recuperación

Cuando despertó, Giovanni permaneció internado tres días más, en lo que el médico a cargo notaba que ya no dependía tanto del oxígeno. Su evolución fue favorable, y el martes 28 de abril lo dieron de alta en la clínica.

Se enteró de que mientras estuvo internado sus compañeros del Pediátrico se movieron, sobre todo la doctora Fernanda Bañuelos, una amiga que es como su hermana. Ella logró que su caso se conociera en muchas partes del país y en el extranjero, incluso organizó rifas y una campaña para recolectar fondos para sufragar los gastos, a la que se sumaron familiares, amigos e infinidad de gente.

Admite estar muy agradecido con todas las personas que lo ayudaron: su esposa, Lizzette Peña, que dormía en el carro afuera de la clínica; su familia, sus hermanos, Louis Alberto y Alfredo; su amiga Fernanda Bañuelos, sus compañeros de trabajo, y muy especialmente a los doctores Édgar Urquídez Bazúa y Alfredo Coronel, además del personal de enfermería de la clínica e infinidad de gente que lo ayudó a salvar su vida, aun sin conocerlo.

Ahora que está en casa, se ha enterado de que el día que le colocaron el sistema de ventilación no invasiva, su médico de enseñanza en el Pediátrico habló a la clínica para preguntar por su estado de salud, y le dijeron que era muy probable que muriera en las próximas horas, por lo que su recuperación es vista como un milagro, incluso por los especialistas.

Él mismo pensó en que moriría: «Al momento que vi el ventilador, dije: “Señor, perdóname. A lo mejor ya no despierto”. Me estaba haciendo a la idea de que era lo último que vería. Te pasa como una película rápida, de todo, de mis hijos, de mi esposa, de mi madre, mis hermanos. Esos fueron mis últimos pensamientos antes de que hiciera efecto el sedante», recordó Giovanni Millán Niebla.

Gran apoyo

La respuesta a la petición de ayuda para sufragar los gastos médicos del Dr. Millán fue tal, que el dinero que sobró se donó para la compra de equipo de protección para médicos residentes, para que el caso del Dr. Giovanni no se repita.

Un caso que traspasa fronteras

El caso de Giovanni Millán llegó a la Asamblea Nacional de Residentes, quienes aportaron y expandieron la noticia. Incluso llegó hasta Boston, y esto ayudó a que recibiera apoyo de varias partes de Estados Unidos.

9 días permaneció internado Millán Niebla en una área especial para COVID-19 de conocida clínica particular de la ciudad.

Vea el video en Facebook: La entrevista a Giovanni Millán Niebla está disponible en la fan page de Periódico El Debate.

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