Culiacán

El minuto del error que lo encerró en Aguaruto

Simón fue abandonado por su familia y ha atravesado un lento proceso penal; pero el arte se ha convertido en su único respiro

Por  Lorena Caro

Simón ha logrado colocar sus productos en exposiciones locales para recabar recursos.(Foto: Ricardo Nevárez / El Debate)

Simón ha logrado colocar sus productos en exposiciones locales para recabar recursos. | Foto: Ricardo Nevárez / El Debate

Sinaloa.- Simón cree que estuvo en la hora y en el lugar equivocado. Una noche fue el copiloto del que consideraba su amigo, y a partir de ese momento su vida se convirtió en un amargo camino tras las rejas.

Atrapado, recuerda —conteniendo el llanto— que sus actos lo dejaron sin su esposa y sin sus dos hijos, con una sentencia de siete años y ocho meses en el penal de Aguaruto por portación de armas. Trabajaba como guardia de seguridad privada, lo que le permitía portar armas de manera legal. 

«Mi compañero se aprovechó de mi charola porque yo traía permiso para portar armas, y yo me fui con él y todo. Ya que miré que le pisó al carro, le pregunto “¿qué pasa?”. No dice. “Es que traigo unas armas en el carro”. Valió mad***. Él sí traía unas armas en el carro, pero no eran mías, y estoy aquí por portación de armas», contó. 

Ese día, contrario a lo que muchos viven, la autoridad lo detuvo en total normalidad. Dice que no hubo tortura ni humillaciones, incluso le expusieron todos sus derechos ante la detención.

«Más que nada, tristeza, porque la regué con la influencia que traía conmigo». Foto: Ricardo Nevárez / El Debate

Hoy suma tres años tras las rejas, y hablar de lo que ha significado vivir en uno de los penales más nombrados a nivel nacional e internacional lo derrumba, le cuesta trabajo. 

La tristeza lo invade completamente, incluso contó que ha probado terapia con especialistas dentro del reclusorio. Es retraído. Agacha la cabeza mientras trata de evitar el llanto, pero es imposible. 

—¿Qué has sentido estos años tras tu detención? —es cuestionado. 

—Más que nada, tristeza, porque la regué con la influencia que traía conmigo —responde.

Pero esta depresión nace no solo desde las paredes de un penal antiguo, sino porque a él nadie lo ha visitado desde que ingresó en este penal, y, mientras golpea la mesa levemente, acepta sentirse abandonado. Aun así, Simón tiene esperanzas y le reza a Dios, porque está seguro de que, mientras haya vida, debe seguir adelante. 

Reinserción social 

En medio de todo su tormento, paradójicamente, Simón se ha convertido en uno de los internos más talentosos. Es escultor de cuadros de madera. Sus obras le han permitido incluso ganar hasta seis mil pesos por exposición que el área de Trabajo Social logra llevar a diferentes partes de Sinaloa con apoyo de los Gobiernos estatal y municipal en Culiacán. 
«Hacemos artesanías, cuadros de madera, gallineros, distintas cosas que son artesanías que hacemos aquí para ayudarnos. Aquí las aprendí yo, y de hecho apoyo también el área educativa, el trabajo social, y estoy agradecido yo aquí, porque he aprendido muchas cosas».

Lo que logra recabar lo utiliza en él mismo y otro poco lo envía a sus hijos, con quienes tiene poco contacto. 

Sobre su proceso legal, Simón cree que no ha tenido el apoyo suficiente. Su abogado de oficio, el que le brinda el Gobierno, prácticamente lo tiene abandonado. Reclama que acude muy poco con él para mostrarle avances en su caso, con posibilidades de salir bajo fianza o por buen comportamiento. 

Fue hasta que llegó el actual director del penal de Aguaruto a finales del 2018, Eduardo Arturo Bailleres Mendoza, que Simón cuenta que pudo plantearle la necesidad de acudir al área jurídica, petición que le fue aceptada. 

Para los jóvenes, Simón tiene un mensaje que no dudó en repetir: «Yo les diría que la piensen bien antes de hacer las cosas, porque sí es duro estar aquí, y más que nada cuando no tienes apoyo de nadie», reafirmó. 

Después del aislamiento

Víctor Alejandro Payá Porres, doctor en ciencias sociales y creador del estudio «Vida y muerte en la cárcel», que habla sobre la situación institucional de los prisioneros en México, señaló en entrevista para EL DEBATE que la reinserción social tiene una batalla que librar frente a la violencia, que, contrario a los talleres o los programas que se enseñan en las cárceles, puede ofrecer estatus y prestigio: «Nadie va a trabajar en lo que le enseñan en una prisión, siempre va a ser más atractivo el grupo afuera», afirmó el experto.

El también académico en la Facultad de Estudios Superiores de la Universidad Nacional Autónoma de México agregó que en muchas ocasiones los programas de la reinserción ni a oficios llegan: «La prisión somete al sujeto, lo coloca en un lugar infantil, se ve también en la artesanía que hacen ellos, se ve en el control sobre las visitas íntimas y en que se ganen los beneficios de salir de la prisión, pero a la vez les solicitan una carta de no antecedentes penales, por ejemplo».

En dicho contexto, el experto sostuvo que existen una serie de contradicciones que se pueden dar en el propio sistema penitenciario mexicano. Una de ellas es fundamentalmente el tema del antecedente penal, que provoca el estigma que impide que los reclusos se quiten la marca de la institución, y enfatizó que en algunos estados sigue siendo una petición para acceder a empleos. Pero no solo eso, señaló que algunos empleadores impiden dar trabajo a aquellos que tienen tatuajes. 

Payá Porres abundó que en las cárceles existen estilos de tatuajes que son llamados caneos o tatuaje de cárcel, que son generalmente con temáticas religiosas o de mujeres, provocando una especie de mácula para el sujeto.

Otra de las reacciones contradictorias expuestas por el entrevistado en entrevista telefónica desde la Ciudad de México fue el trato a la población LGBT+, a las cuales —dijo— no se les permite visitas íntimas; sobre todo en el caso de las mujeres. 

Eterno ambiente de violencia

La incidencia delictiva en el país y la amplia afluencia de hombres y mujeres en las cárceles mexicanas parten de una juventud que ha socializado una vida de consumismo. Ejemplificó con jóvenes de Sinaloa, estado en el que los modelos de mercado están muy marcados: «Ellos quieren una camioneta lo más grande que sea posible; ellos quieren el celular de primer orden; ellos quieren ropa de marca», describió el doctor en ciencias sociales. En ese tenor, aseguró que es donde aparece la reincidencia.

Sobre el hecho de que las instituciones penitenciarias logren cumplir con los estándares de derechos humanos, destacó que el solo hecho de ser un lugar cerrado por la fuerza ya los deja en desventaja. 

Explicó que todo grupo humano se constituye de una serie de condiciones que siempre están presentes, como el conflicto, la competencia y el egoísmo; pero, cuando hay un encierro forzado directamente, el conflicto se exacerba: «Ya en principio las cárceles sobrepobladas provocan grupos al interior de confrontación y de poder que es muy difícil que la autoridad pueda controlarlos. El asunto más fuerte es hasta dónde participan ciertos eslabones de la institución y sacan provecho de eso, ¿no?». 

Esto porque el académico indicó que en las cárceles mexicanas suele utilizarse mucho un ejercicio del poder muy discrecional: «Todo se paga en prisión, todo se paga», afirmó.

Derechos y cultura

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) convocó a las autoridades penitenciarias a impulsar la aplicación de las reglas Mandela, con el fin de que las personas privadas de la libertad cuenten con mejores condiciones de encarcelamiento, dignas y humanas; así como valorar la labor del personal penitenciario como servicio social de particular importancia.

Lo anterior fue destacado por el ombudsperson nacional Luis Raúl González Pérez, al expresar la convicción institucional de la CNDH para fortalecer la promoción, el respeto y la garantía de los derechos humanos de todas las personas, cumpliendo con los propósitos encomendados por la ONU en ocasión del Día Internacional de Nelson Mandela. 

Además, trabajando en las oportunidades de los reclusos, el ombudsperson nacional y la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, firmaron un convenio de colaboración para impulsar acciones en beneficio del a los derechos humanos de todas las personas, en especial de las que están privadas de la libertad en centros penitenciarios, acercándoles la cultura de forma accesible.