Culiacán

El precio de trabajar con la muerte durante la pandemia en Culiacán

La profesión de agente funerario implica pasar poco tiempo con la familia; mientras que la manipulación y la preparación de cadáveres conlleva un peligro latente, sobre todo en tiempos de pandemia

Por  Arturo Sánchez Escobedo

Momento en que se prepara para transportar un cuerpo.(Foto: El Debate)

Momento en que se prepara para transportar un cuerpo. | Foto: El Debate

Sinaloa.- Contar con un empleo, ya sea formal o informal, para subsistir a la crisis económica y sufragar los gastos de una familia es fundamental, sobre todo en estos tiempos en que la emergencia sanitaria está haciendo estragos en todos los ámbitos. 

Según las últimas cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), solo en el mes de marzo, México perdió poco más de 130 mil empleos formales. Aunque Sinaloa, en comparación con otras entidades federativas, tiene un saldo positivo, no se ha quedado fuera de la pérdida de empleos ante la emergencia sanitaria por el coronavirus: solo el mes pasado se quedaron sin trabajo alrededor de 21 mil 900 personas.

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Esta pandemia ha ocasionado el cierre de negocios y la pérdida de trabajos. Ante esto, las personas buscan con desesperación un trabajo. Sin embargo, de todos los empleos, hay dos poco buscados: agente funerario y embalsamador de cuerpos, pues para estos puestos se debe tener carácter y vocación. 

Para Miguel Ángel Morgan y Julio César Ruiz Verástica, con más de veinte años de experiencia en este giro, quienes trabajan en diferentes empresas funerarias, estos empleos son una labor social, que han convertido en su pasión. Sin embargo, han tenido que pagar un precio muy caro por ejercer esta profesión: no estar con sus familias y dejar de ver crecer a sus hijos, debido a que los absorbe mucho tiempo porque en ocasiones hasta tres días continuos están laborando ante tanta muerte, sobre todo en épocas decembrinas, cuando aumentan los hechos violentos. 

En tiempos de COVID-19, el equipo de trajes especiales es utilizado obligatoriamente como prevención. Foto: El Debate

El riesgo de contraer una enfermedad por manipular cuerpos también está presente, pero con el debido cuidado las cosas salen bien, expresa uno de ellos, quien combina las dos profesiones, y que ante la aparición de la COVID-19 reveló que por un momento sintió miedo, pero con el paso de los días fue entendiendo que este virus es igual o menos peligroso que enfermedades como la tuberculosis, entre otras, con las que se puede contagiar. 

Aun al ser una profesión poco redituable, ambos coinciden en que es un trabajo que les gusta, y que solo piden de la sociedad que los respete y valore la labor que realizan, porque esto va más allá de solo recoger cadáveres y hacer trabajo social, sino de darle alivio al familiar que acaba de perder a su ser querido.

Labor social para el deudo

Cuando una persona fallece por muerte natural o violenta, los trámites para que el cuerpo sea entregado a sus deudos es diferente. 

Miguel Ángel, agente funerario de una casa, explica que cuando la muerte es violenta, lo primero es indagar la información del fallecido, tratar de localizar a la familia y empezar a hacer la labor social en cuestión de orientar a la familia de lo que tiene que hacer ante el Ministerio Público y llevarla al Semefo para la identificación del cadáver.

Posteriormente cuestionan si tienen algún paquete de servicio funerario, y si no lo tienen, se les hace saber de la garantía que tiene la empresa para brindarles todas las facilidades para que puedan acceder a un servicio.

En relación con las muertes naturales y cuando la persona fallece en un hospital, el agente funerario menciona que los trámites son un poco diferentes. Indica que si un familiar cuenta con un contrato, se le hace saber los procedimientos, si es que ya lo tiene liquidado; si no, explican qué tipo de paquete le conviene más dependiendo del saldo que tenga, y posteriormente se le brinda toda la atención, llevándola también al Semefo y auxiliándola con todos los trámites que conlleva para que el cuerpo le sea entregado. 

Con lo que pueden se cubren el rostro cuando hay que levantar un cuerpo en estado de descomposición. Foto: El Debate

Por otra parte, el agente funerario menciona que son muy criticados por la sociedad por como los llaman, y lamenta que sean los más devaluados, pero aun así dice que este trabajo lo ve como común y corriente, como cualquier otro empleo: “Se hace uno una persona más dura en cuestión de lo que es el morbo”.

Expresa que no es que les gusten las muertes violentas, pero como van caminando al ritmo del día a día sobre la violencia, de todo lo que ha pasado, se van dando idea de cómo ir trabajando.

Morgan dice que en este trabajo se han enfrentado a varias situaciones en donde los han corrido, compañeros que han sido baleados o maltratados, que no se sabe con qué situación se van a encontrar cuando van a dar una noticia o cómo va a reaccionar cada familia, pero que eso no los detiene, porque pasan a hacer una labor social con los deudos. 

Ante toda situación tan penosa por la que atraviesan día a día, sus familias les piden a gritos que busquen otro trabajo, ya que también tienen el temor de que se infecten de COVID-19 ante la gravedad que representa esta pandemia.

Donde se registre el reporte de una muerte o hallazgo, sea en ciudad o en monte, acuden los funerarios. Foto: El Debate

Aun cuando esta profesión no deja espacio para los cumpleaños de los hijos, de la esposa ni festejan juntos las Navidades y los fines de año, Morgan asegura que su trabajo le gusta: “En esta empleo no se duerme, se trabaja a diario, a diario. Hay días que quieres descansar, pero en este trabajo no puedes ni comer, no por falta de pago, sino porque no hay tiempo de comer bien”. 

Reconoce ejercer un trabajo de riesgo, sobre todo en Culiacán, donde se cometen homicidios de alto impacto y las muertes van en aumento, pero ellos no opinan sobre qué pasó o cómo sucedieron las cosas, simplemente tratan de llegar al lugar de los hechos y buscar información para dar aviso a las familias de los occisos.

En relación sobre cómo se presentan las muertes violentas, abunda que cada caso es diferente, que es impresionante las condiciones en que dejan a las víctimas. Revela que se han encontrado con personas torturadas, amarradas, decapitadas; que son muchísimos traumas que se llevan, y, en relación con eso, muchas no aceptan que esto afecta, porque también se han encontrado con mutilados, desmembrados; con infinidad de casos donde se desconocen las causas de la saña con que fueron asesinados.

Ante tanto caso de muerte por las que han pasado él y sus compañeros, comenta que la sensibilidad se va perdiendo por lo que implica el trabajo y las impresiones vividas.

Por último, reveló que lo más triste es cuando muere un niño, sobre todo cuando son víctimas colaterales de la violencia: “Estos casos son muy traumatizantes, porque uno también tiene hijos, y te quedas impactado”.

La combinación de la profesiones

Para Julio César Ruiz Varástica, tener a la muerte en sus manos todos los días es algo común, después de 22 años de experiencia realizando el embalsamiento de cuerpos. Esta profesión lo ha vuelto todo un arte, aunque reconoce que ha sentido miedo algunas ocasiones cuando realiza el proceso para preparar el cadáver para que luzca como si estuviera solo dormido.

Verástica, como todos lo conocen en el medio fúnebre y policial,  también combina su profesión de embalsamador con la de agente funerario. Desde antes del año 2000, cuando no existía el Servicio Médico Forense (Semefo), a él le tocaba llevar a cabo las autopsias, debido a que solo había pocos especialistas en esta materia.

Tras un homicidio, en algunas ocasiones tienen la responsabilidad de levantar el cadáver después de los protocolos de ley. Foto: El Debate

El trabajo que lleva a cabo como agente funerario es parecido al de Miguel Ángel, donde tiene también los riesgos de ser agredido física y verbalmente por los deudos de algún difunto, así como le ha ocurrido a otros compañeros, que han sido hasta baleados.

Su centro de trabajo no es solo la sala de preparación, también el Hospital General de Culiacán, donde permanece la mayor parte del tiempo ejerciendo su profesión, y también en la calle, cuando se registra el reporte de un muerto, ya sea por hecho violento o natural. 

Dice contar con una cédula donde está registrado como técnico embalsamador en cursos tomados en Tepic, Nayarit, registrado ante el sector salubridad y la Procuraduría de esa entidad. 

Reveló que él se enseñó viendo, y tras tener los conocimientos empíricos lo mandaron a lo teórico para que recibiera su número de cédula. 

Luego de cinco años de haber llevado cursos sobre esta profesión, su trabajo se ha vuelto cotidiano, en sus más de 22 años de experiencia. 

Con sus manos ha realizado miles de preparaciones de cadáveres, algunos de personas comunes, de artistas y otros del ámbito de la delincuencia, pero para él todos son iguales, ya que a todos les pone el mismo empeño para que luzcan lo mejor posible para darle un poco de alivio a su familia.

Por último, expuso la situación que viven en general en relación con las condiciones en las que laboran, revelando que trabaja a gusto en su empresa, pero que como embalsamador no tiene las mismas prestaciones como un doctor que realiza las intervenciones quirúrgicas, señalando que realizar el proceso de preparar un cuerpo es parecido a cuando se interviene a una persona en una operación, con los riesgos que conlleva utilizar los instrumentos. Ante esto, pide a la sociedad también que reconozca el trabajo de embalsamador y que no los hagan a un lado.

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