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Culiacán

Hermanos sinaloenses que fueron condenados a la horca en Malasia

Los tres hermanos sinaloenses estaban condenados a la horca en Malasia, y tras ser perdonados les dieron 30 años de prisión y después fueron absueltos

Por Arturo Sanchez

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Culiacán, Sinaloa.- Justo hoy 10 de mayo, Día de las Madres, se cumple un año de que los hermanos José Regino, Simón y Luis Alfonso, de apellidos González Villarreal, arribaran a Culiacán luego de que fueran perdonados de morir en la horca, y luego de que también libraran una sentencia de 30 años de prisión en el país oriental de Malasia. 

Tras haber sido detenidos en el 2008 junto a otros dos hombres de China, uno de Singapur y otro de Malasia, por el presunto delito de narcotráfico, cuatro años después los sentenciaron a morir en la horca, viviendo esa incertidumbre por seis largos años al saber que en cualquier momento las autoridades de aquella nación, que son demasiado estrictas, podían cumplir con lo que marcaba la ley.

Finalmente, en 2012, llegó un aliento de esperanza para que su caso fuera revisado, gracias a la intervención del Gobierno de México a través de su embajador. 

Hoy, a 12 años de que salieran de su humilde vivienda ubicada en la calle Central de la colonia Loma de Rodriguera, y a 12 meses exactamente de pisar tierra sinaloense tras la pesadilla de estar en la antesala de la muerte a miles de kilómetros de la tierra que los vio nacer, hoy viven otra pesadilla: la realidad de sobrevivir a la crisis económica ante la falta de un empleo con seguridad social, sobrellevando los gastos de los medicamentos que ocupan sus padres por los padecimientos crónicos de cada uno, y desmoralizados ante el incumplimiento de una promesa del gobernador Quirino Ordaz Coppel de ayudarles a proporcionarles empleo y una beca para sus hijos, para que continuaran con los estudios. 

José Regino, uno de los tres hermanos que libraron la muerte / Foto: Cristina Félix / Leo Espinoza

El inicio de la pesadilla

Fue el año del 2008 cuando los hermanos González Villarreal iniciaron la travesía hacia el país oriental, sin saber lo que les esperaba. Ese 31 de enero, con sus maletas cargadas con más sueños que ropa, salieron hacia el Aeropuerto de Culiacán, volaron hacia la ciudad de México y luego de algunas horas de espera, transbordaron otra aeronave que los llevó hasta Japón, llegando el 2 de febrero.

José Regino, uno de los tres hermanos, platica para este medio y menciona que dos meses después, el 4 de marzo, cuando se encontraban atrás de una fábrica ayudándoles a tirar basura a personas que los habían contratado para un empleo, llegó la policía, los detuvieron y los empezaron a golpear.

No entendíamos nada y daba coraje. Creían que nosotros hablábamos inglés, se comunicaban en inglés y malayo, y no entendíamos ni papas, puro español hablábamos nosotros

Familiares, amigos y vecinos se dieron cita en la vivienda el 10 de mayo del 2019, para recibir a los hermanos / Foto: Cristina Félix / Leo Espinoza

A partir de ahí inició la pesadilla, esa pesadilla que con la mirada perdida José Regino narra: cada momento que vivieron sin saber de sus familias, ya que no tenían visitas debido a que Malasia no tiene Derechos Humanos.

Señaló que fueron 14 días de interrogación con unas fuertes cachetadas que les propinaron. Debido a que no hablaban el idioma de esa nación ni ellos el español, dice que tuvieron que conseguir unos traductores; a él le tocó uno de España y por eso ya no los cachetearon, porque estaba presente el traductor.

Tras ese paso, explica que lo demás se fue a lo legal, a corte, pero que desgraciadamente les tocó un juez que ya tenía la orden de sentenciarlos, ya que en el caso de ellos las evidencias fueron alteradas, fueron violados los sellos, las robaron y cambiaron, lo que finalmente no les ayudó. Los sentenciaron a la pena de muerte en el 2012. 

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Abunda que perdieron todas la instancias legales, que cuando perdieron la apelación fue cuando enviaron al embajador Carlos Félix Corona y sintieron un poco la ayuda, ya que en la administración de Felipe Calderón se les abandonó completamente.

No tenían visitas de la Embajada; solo una vez, cuando fue su hermana, porque ella no sabía hablar inglés y la acompañaron para que los visitara. Después de que un reportero fuera a visitarlos, se empezó a meter presión y fue cuando los de la Embajada de ese país fueron a visitarlos. Incluso ellos mismos les dijeron que su caso solo lo llevaban en papeles, porque visitas no tenían. 

Así fue durante cuatro años, hasta que llegó Carlos Félix Corona. En ese momento su caso dio un giro de 180 grados al tener un apoyo de cien por ciento de la administración de Enrique Peña Nieto. José Regino dice estar muy agradecido con el entonces embajador, ya que estuvo muy pendiente de ellos, que él mismo los iba a visitar a la prisión. 

Los muebles que ha fabricado con la esperanza de montar una frutería / Foto: Cristina Félix / Leo Espinoza

Expresó que fue una situación muy difícil, ya que las leyes de allá son muy diferentes, muy estrictas, muy inhumanas ante las condiciones en las que estaban y hasta la dieta en que los tenían. Comentó desconocer cómo la estarán pasando los otros dos que quedaron allá con la sentencia de muerte.

Los pasos del juicio

Tras haber sido detenidos en el 2008, los tres sinaloenses llevaron un proceso de 10 años; en cuatro de ellos su caso estuvo detenido, pues asegura que el juicio solo fue en papeles. La sentencia de muerte se las dieron en el 2012; seis años después, el sultán, máxima autoridad de esa nación, los indultó. Luego de que en el 2018 fueron perdonados de morir en la horca, les dieron sentencia de por vida, que son 30 años de prisión, los cuales equivalen a 20 años sólidos de cárcel. 

Regino dice que Malasia tiene 13 estados y nueve de ellos tienen sultán, especificando que esa nación tiene tres opciones para pedir clemencia; una de ellas es mandar carta al sultán, de ello depende si les dan cárcel, prisión de por vida o sentencia de muerte (horca). 

Ibrahim es el nombre del sultán de la ciudad de Yohor, que los perdonó en dos ocasiones, ya que en el 2018 los indultó de la muerte y para el siguiente año les perdonó la sentencia de los 30 años de prisión, gracias a que familiares, amigos, el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel; el presidente de los Derechos Humanos de México, así como el Parlamento de la Cancillería de México, mandaron cartas pidiendo clemencia para los tres hermanos.

Situación actual

José Regino, con la humildad y la serenidad que lo caracteriza, dijo estar pasando por una situación muy crítica, aunado también a la crisis por emergencia sanitaria que atraviesa el mundo y el país. Mencionó que luego de llegar a Culiacán, fueron a agradecerle al gobernador Quirino Ordaz Coppel, mismo que los recibió.

Durante la charla surgió la propuesta de trabajo y unas becas para sus hijos, ofrecimientos que a la fecha no les han llegado. Señaló que luego de tres meses de esperar el llamado para el trabajo que les ofrecieron, finalmente se convencieron de que no los llamarían y decidieron dedicarse de lleno al negocio de la familia, que es la elaboración de ladrillo.

No obstante, en las últimas fechas no la han pasado bien, pues la emergencia sanitaria por COVID-19 también les ha pegado muy duro, pues las obras se pararon y la entrega de ladrillo también bajó muchísimo, tanto, que le tuvo que pedir a uno de sus hermanos que le buscara por otro lado, debido a que ya no sacan ni la mitad de ganancia de lo que tenían normalmente. Reveló que a la semana solo obtiene una ganancia de mil 200, lo cual no le permite sufragar los gastos para el medicamento de sus padres, quienes son de la tercera edad y padecen enfermedades crónicas.

Mencionó tener una hija, y los otros dos hermanos, con los que estuvo en la antesala de la muerte, tienen dos hijos cada uno. Uno de ellos tuvo que irse a un rancho a trabajar ante la falta de empleo aquí en la ciudad.

Llamado al gobernador

Por último, José Regino hizo un llamado al gobernador del estado, Quirino Ordaz Coppel, para que los apoye con un empleo, al señalar que tras la primera visita en la que fueron recibidos, nuevamente se presentaron a buscarlo en otras dos ocasiones, pero con la persona que fue asignada por el propio mandatario para que se hiciera cargo de los ofrecimientos, quien nunca los recibió. “Tal vez el gobernador piensa que ya nos dieron el trabajo y las becas, pero eso no pasó”.

El penúltimo de los hermanos González Villarreal expresa que esa ayuda sí hace falta, pues su hija quiere seguir estudiando, está en la prepa y desea hacer una carrera. Sobre la salud de sus padres, abundó que su mamá es diabética y tiene el corazón crecido, y su padre padece trombosis, ambos deben tomar medicamento de por vida. 

Aun con esta situación tan difícil por la que atraviesan y de trabajar de sol a sol todo el día, se dio a la tarea de fabricar unos muebles para la venta de verdura, los cuales tiene en el patio de su vivienda, en espera de tener un poco de suerte y conseguir un crédito que le permita poder echar a andar el negocio y así poder salir adelante con todos los gastos.

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