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Indigentes, entre la miseria y la indiferencia social

SINALOA

Culiacán, Sinaloa.- Duermen en alcantarillas, bajo los puentes o bien, donde les cae la noche; viven de las dádivas que pocos ciudadanos les dan o de lo que se encuentran en los tambos de basura. Se les ve recorrer las calles descalzos, con poca ropa, algunos pronuncian palabras altisonantes otros hacen señas obscenas y van echando maldiciones a todos y a nadie, ellos son los vagabundos que deambulan por las calles de la ciudad.

La gran mayoría padece de sus facultades mentales, otros, se sumergieron en ese mundo debido a las drogas y el alcohol.

Unos tienen meses, incluso años parándose en la misma esquina o recorriendo las mismas calles, pese a esto, las personas más cercanas a su alrededor desconocen sus nombres, si tienen familia o si se alimentaron ese día, simplemente son indiferentes.

A estas personas no llegan los apoyos sociales, ni los programas médicos pese a que se les ven enfermedades de la piel, de los dientes, simplemente están en el olvido, por lo cual algunos dijeron sentir rencor por las autoridades.

Triste realidad. Acostado sobre la banqueta de la calle Ángel Flores y cerca de una tortillería en el sector Centro, se le pasan las horas y la vida misma a quien dijo llamarse Gilberto Salas. Este hombre robusto, de barba blanca, un tanto crecida, asegura que no le afecta el ruido de los carros, dice no sentir el calor o el frío, y ya se acostumbró a lo duro del pavimento. En momentos de lucidez relata que años atrás vivía cerca del lugar, pero era una casa de renta y de la cual, lo echaron luego de que la vendieron.

Cuenta que tiene esposa e hijos, pero la historia sobre ellos es confusa y parece más una historia de ficción, ya que los ve rodeados de ángeles y dice están secuestrados por Dios.

Sus pies tienen costras de mugre, sus partes íntimas se le ven por la rotura del pantalón.

Durante su diálogo, Gilberto está plenamente convencido de que habla con Dios y que él es un ser superior y por esto nadie merece tener su amistad.

Dice tener 70 años, y recalca que no le interesa irse a un albergue, aunque no sabe decir qué es este lugar y lo confunde con una Iglesia.

Se lamenta de tener que vivir de lo que la gente le da y asegura que desearía ganar dinero para comprar comida, pero no sabe precisar qué oficio puede desempeñar.

La única pertenencia que Gilberto tiene son dos cartones, los cuales usa como colchón, un bule de agua, un bote con diversos objetos y un taco de harina que está sobre el piso, son sus únicas pertenencias. Él siente desprecio por otros vagabundos pues en sus alucinaciones es un hombre extremadamente poderoso y ve a los indigentes como personas extremadamente pobres.

Triste realidad. Cerca del sector de Plaza Fiesta todos los días se ve caminando a un hombre de aspecto joven, mismo que casi siempre tiene un temblor en todo el cuerpo.

Algunas personas del sector dijeron que se llama Mario, otros Manuel. Este joven cruza las calles sin mirar si vienen carros o no, mientras que, con una mano se sube el pantalón y con la otra hace una serie de ademanes, su cabello largo luce sucio y enredado al igual que su barba. Su piel está extremadamente quemada por los rayos del Sol.

Sus pies desnudos parecen no sentir el pavimento caliente, su mirada siempre es fija, mirando hacia la nada.

Hurga entre los botes de basura en donde se toma las sobras de refresco o cerveza que algún ciudadano no quiso, de vez en vez se acerca a la gente a quien le pide un peso, a quienes les dan da las gracias sin soltar una palabra altisonante, pero a decir de quienes lo ven a diario, es de pocas palabras y al ser cuestionado sólo contesta "sí" o "no".

Mucha gente lo ve con temor y prefiere sacarle la vuelta, a algunos los voltea a ver con cierta nostalgia pero sigue su camino. A decir de personas que trabajan alrededor de donde pasa la mayor parte del tiempo, hay veces que desaparece y regresa con el cabello corto y ropa limpia, pero a los pocos días vuelve a andar harapiento y vagando descalzo por las calles.

Gilberto, al igual que otros indigentes, hay momentos que se escapan de su realidad y se sumergen en ese mundo en donde son poderosos, siempre tienen compañía y son otras personas, pero todos esto sólo está en su imaginación, y en la vida real simplemente no tienen nada.