Culiacán

Inocente en el penal de Aguaruto

Ana fue sentenciada a seis años en el penal de Culiacán por tráfico de drogas; sin embargo, siente que le está dando la mejor infancia a su bebé

Por  Lorena Caro

Sentencia Ana lleva nueve meses  recluida de una sentencia de seis años y ocho meses. Busca que otra de sus hijas menores se interne junto con ella.(Foto: El Debate)

Sentencia Ana lleva nueve meses recluida de una sentencia de seis años y ocho meses. Busca que otra de sus hijas menores se interne junto con ella. | Foto: El Debate

El viento sin muros nunca le ha susurrado al oído; tampoco ha sentido lo vasto del mundo, y el olor de su padre es desconocido. Tiene apenas tres meses de edad, y la vida son los brazos de su madre.

Gloria es la más pequeña e inocente del centro penitenciario de Aguaruto. No cometió ningún delito, pero es hija de Ana, procesada a seis años con ocho meses por tráfico de drogas. Este hecho marcará a Gloria, quien solo podrá permanecer con su mamá hasta los tres años. 

Sobran brazos para cargarla y alimentarla en el módulo de mujeres, aun así, la bebé habita en uno de los penales más conocidos a nivel nacional por sus asesinatos, sus fugas y la baja calificación de aplicación de derechos humanos para reos. 

Ana está feliz de que por lo menos ahí a su hija no le falte comida, pañales ni atenciones por parte de las reclusas. Se ha convencido de que afuera su panorama sería peor. 

Otros cuatro menores de tres años se encuentran junto a sus madres en el área femenil. Foto: El Debate

Son cinco los niños recluidos junto a sus madres en el centro penitenciario de la capital de Sinaloa. 

Tráfico de drogas 

Hace nueve meses que Ana está recluida. Llegó embarazada desde una ciudad de la frontera norte en México. Ella no llora, solo sonríe y carga a su pequeña. Se dice feliz en medio de una hiperactividad notoria: «Es como si estuviera afuera, solo con la barda, que es la que nos detiene. Aquí tenemos todo. Estoy muy bien y feliz porque a la niña no le falta nada, me han apoyado con todo, aquí le sobran brazos, hasta otras mamás», sonríe. 

El día que la detuvieron por tráfico de drogas prefiere olvidarlo. Lo peor que sintió fue que estaba siendo alejada de su familia, que, a pesar de vivir en muy escasas condiciones económicas, se acompañaban. 

Ahora son sus compañeras reclusas quienes se han vuelto su pilar, porque precisamente desde hace nueve meses tampoco ve a su esposo y a sus otros hijos: el mayor, de 9 años, una pequeña de 8, otro niño de 6 y una bebé de 3 años.

Nadie más la ha visitado desde entonces. Solo permanece en contacto por medio de las llamadas telefónicas, donde suele escuchar llantos y algunos reclamos de sus hijos porque está lejos. 

Otros cuatro menores de tres años se encuentran junto a sus madres en el área femenil. Foto: El Debate

«Se ponen tristes, pero les digo que estoy bien, que no se preocupen, que ya pronto voy a estar con ellos», contó. 

El futuro de su hija le preocupa, pero no lo ve como un motivo de desánimo, sabe que tendrá que revelarle en algún momento el sitio en el que permaneció, pero solo piensa en agradecer el hoy: «Le voy decir que le sobraron muchas mamás y que gracias a Dios pudo recibir lo que a lo mejor su papá y yo no le pudimos dar. No tengo más que agradecer».

Hace algunos meses, el penal de Aguaruto inauguró la ludoteca por parte del DIF, un espacio refrigerado para que los pequeños recluidos puedan tener un ambiente que cumpla con lo más elemental para los menores, como juegos, libros de literatura y didácticos, entre otros beneficios. Es un oasis en medio del desierto. 

Es por eso que Ana contó que ha iniciado los trámites para que su otra hija, de tres años, pueda internarse con ella. Dice que es lo mejor.

Legalmente se permite que un menor hasta de tres años pueda estar junto a la madre recluida; sin embargo, en caso de no existir quien se haga cargo de la custodia, se puede dejar al menor hasta los 10 años, para el caso de Sinaloa. 

Mientras espera alimentarse en el comedor principal, Ana está segura de que ha aprendido del error y afirma que no buscará «portarse mal» de ahora en adelante. 

Aspectos de la ludoteca. Foto: El Debate

A los jóvenes como ella, que alcanza los 28 años, les diría que estudien y que no tomen el camino de la delincuencia, uno que —afirma— es muy difícil de transitar lejos de la familia. 

Criminalidad y entorno de paz

Aurelio Coronado, especialista en psicología forense del Consejo Certificador en Psicología Forense, indicó que en muchas ocasiones las víctimas de violencia, en diversos aspectos, como el económico, como el caso de Ana y su familia, se pueden sentir más cómodas dentro de la cárcel, ya que están en un ambiente donde no están sufriendo violencia o hay más certeza con respecto a su destino.

«He trabajado con víctimas de violencia menores de edad que han cometido algún tipo de crimen, y se sienten más cómodas dentro. En México la realidad puede ser tan dura que la cárcel puede ser una opción para estar en paz», afirmó. 

Urenda Queletzú Navarro Sánchez, experta en derecho y doctora en humanidades, consideró que el sistema penitenciario y el sistema de reinserción social de México no está atravesando por un enfoque de derechos humanos y de género. 

En entrevista para EL DEBATE, desde San Luis Potosí, explicó que aunque se ha logrado que las mujeres puedan tener a sus hijos pequeños en la cárcel durante los primeros años, esto no obedece al derecho de las mujeres en sí, sino al derecho de los menores de estar al cuidado de su madre. 

La experta sostuvo que, salvo esa acción, el resto de las políticas públicas institucionales en temas de reinserción social para las mujeres han sido deficientes, en un panorama en el que por contextos sociales, demográficos y tradicionales las mujeres reclusas se quedan sin sus redes de apoyo, que serían familiares, amigos, compañeros de trabajo, etcétera. 

Queletzú Navarro manifestó que, en el caso de los hombres, el sistema sí favorece, por ejemplo, a que las acciones que se dan encaminadas al trabajo dentro del reclusorio tengan incidencia hacia afuera, como carpintería, herrería o producción de zapatos. Esto mientras que las mujeres reproducen los oficios tradicionales, como el bordado o la pintura. 

Lo anterior —dijo— provoca que muchas mujeres al salir de prisión no logren ser aceptadas en labores más comunes: «Creo que el sistema penitenciario no voltea a verlas, y me parece que ahí hay una tarea pendiente muy importante», aseguró. 

Incidencia 

Vía telefónica, la experta consideró que la criminalidad femenina tiene un factor importante en México que indica que muchas mujeres están recluidas por efecto de acompañamiento a los hombres en actividades delictivas y el vínculo afectivo que exista entre ambos: «El que las mujeres participen o decidan acompañar a delincuentes consabidos o participar también en las filas de los grupos criminales obedece mucho a cómo las mujeres hemos aprendido a relacionarnos con los hombres. Creo que tendríamos que voltear a ver desde un enfoque de género», explicó. 

Respondiendo a la incidencia de mujeres que están recluidas por pertenecer o colaborar en el crimen organizado, reafirmó que en dichos grupos también se reproducen las relaciones heteropatriarcales, y, en consecuencia, las mujeres adquieren un estatus distinto al de los hombres, con menor participación o participaciones de género.

Para Navarro Sánchez incluso existen mujeres que son señaladas y sentenciadas por delitos denominamos en carácter de género, como el aborto: «Requieren de una mirada más profunda en este caso de los controles, de una perspectiva de género, de cómo el sistema penal reproduce esos estereotipos de género, en el sentido de generar expectativa o regular el comportamiento de las mujeres, como en la maternidad, como es en el caso del aborto», ejemplificó. Pero también afirmó que existe el grupo de mujeres que actúan de forma activa, aquellas que sí quieren delinquir, lo cual —indicó— también debe tener implicaciones y miradas mucho más complejas en torno a que el estado se pregunte por qué las mujeres delinquen en México.