Culiacán

La desaparición de Mónica y Maritxa

Mónica, 17 años, y Maritxa, 22 años,  desaparecieron hace ocho años en Aguaruto. Sus madres conservan la esperanza de encontrarlas con vida. 

Por  Angelina Corral

La mamá de Mónica muestra los carteles con los que las busca.(Foto: El Debate)

La mamá de Mónica muestra los carteles con los que las busca. | Foto: El Debate

Sinaloa.- ¿Dónde están sus hijas?, ¿quién se las llevó?, ¿para qué?, ¿están vivas? ¿están muertas? Miles de veces se han repetido estas preguntas, hacen eco en sus mentes pero no hay respuestas, sólo silencio de la autoridad e indiferencia social. Dora Alicia Sánchez Rubalcaba y Rosa María Escalante son madres que resisten todos los días.  

La pesadilla ocurre todos los días en la sindicatura de Aguaruto, Culiacán. Inició el 13 de abril del 2011, cuando Mónica Sánchez Sánchez, de 17 años, y Maritxa Yanira Carrillo Escalante, de 22, no regresaron de la plazuela adonde acudieron la noche anterior. Iban a pasar un rato agradable, como otros jóvenes, pero desaparecieron sin dejar rastro. Eran buenas amigas desde hace muchos años, y aunque estuvieron distanciadas un tiempo, se volvieron a frecuentar un mes antes de que ya no las volvieran a ver.

Los años han pasado, y nadie ha aportado dato alguno que lleve a su localización -reprochan sus madres- quienes además consideran que hubo testigos, pues la plaza es un lugar muy concurrido en la comunidad, aunque saben que quizá por miedo la gente guardó silencio. 

A ocho años de su desaparición, Mónica y Maritxa son invisibles  incluso para las autoridades, ya que no aparecen en la base de datos que se encuentra en la página de personas desaparecidas de la Fiscalía Estatal del Estado, pese a que los familiares interpusieron denuncias. 

Solo tristes recuerdos Las fotos de Mónica son un tesoro preciado para su familias. Con ellas mantienen vivos sus mejores recuerdos. Foto: El Debate

Mónica y Maritxa: sueños y alegría 

Una de las sospechas que se tiene, pero que no ha sido comprobada, es que las jóvenes pudieron ser víctimas de tratantes de blancas ¿es esto posible? 
Silencio, un tema tabú. 

La plazuela está a un costado de la calle principal de Aguaruto y es una zona en donde día y noche pasan carros y la gente camina hasta tarde; a la hora que fueron vistas por última vez había comercios abiertos, por esto se tiene la esperanza de que un día alguien aporte algo que pueda acercar a estas madres a conocer el paradero y la verdad.  

Ambas jóvenes eran alegres y de buen corazón. La señora Dora Alicia cuenta que su hija Mónica era una joven inquieta y soñadora. Comenta que su ilusión era casarse con un hombre que pudiera darle una vida mejor que inclusive se imaginaba en una realidad igual a la de las protagonistas de las telenovelas que veía, donde la chica bonita del barrio conocía a un hombre adinerado y todos sus problemas se solucionaban y vivían felices para siempre.

Mientras esperaba la llegada de ese momento, Mónica trabajaba en un puesto de venta de lentes en el aeropuerto, donde no llegó a cobrar su última quincena. 

Pocos espacios recreativos La plazuela de la sindicatura es uno de los pocos sitios que tienen los jóvenes para ir a pasar un buen rato, pero es peligroso. Foto: El Debate

Maritxa Yanira estudió la carrera técnica de asistente directiva y trabajaba en un café cercano a la plazuela. Deseaba conseguir un buen empleo para ayudar a su mamá y sacarla de trabajar, esa era su promesa. Eran muy unidas, por eso la señora Rosa María sabe que Maritxa no se iría sin despedirse. Tenían buena comunicación, y la mayor parte del tiempo andaban juntas. Maritxa era muy amiguera, alegre, le encantaba escuchar música y el beisbol.  

Eran buenas hijas y hermanas. Tras su desaparición, sus familias se desintegraron y todo cambió. Los sentimientos de culpa, dolor, rabia e impotencia por lo sucedido paralizaron muchas vidas. 

¿Estuvieron en el momento y en el lugar equivocados? ¿O alguien las vio y las privó de la libertad para ponerlas a trabajar? Esto  sería un acto muy cruel, piensan sus madres, quienes han imaginado todos los escenarios posibles en busca de la verdad. Las pesadillas se repiten. 

En los recuerdos de los pobladores de Aguaruto está que, en el momento en que desaparecieron, a este sitio que es prácticamente una pequeña colonia de Culiacán, iban unos jóvenes que se sentían poderosos por andar en camionetas nuevas y empezar a realizar diversas fechorías. Andaban acelerados y molestaban a las jovencitas que caminaban por las calles, pero se desconoce si tuvieron que ver en esta desaparición.  

Tiempo después de este hecho, se empezó a correr el rumor de que a Mónica y  Maritxa se las llevaron cuatro hombres que viajaban en una camioneta negra. También se decía que podían estar sin vida en uno de los tantos bancos de arena que hay cerca y en donde es muy difícil encontrar un cuerpo. 

Fotos a un lado de la Virgen A un lado de la imagen de la Virgen de Guadalupe están las fotos de Maritxa. También le prenden veladoras. Foto: El Debate

La abuela materna de Mónica y otros familiares la buscaron en las cribas y en algunas parcelas, pero no encontraron nada. Andaban a ciegas, porque ninguna pista que se decía en la sindicatura era certera, y parecía que había personas que querían confundirlas en vez de ayudar. 

Las llamadas a los teléfonos que se pusieron en los volantes de búsqueda empezaron a sonar, pero solo para dar información falsa. Les decían que las habían visto en uno u otro lugar, pero nada era cierto. No hubo llamada para pedir dinero por ningún el rescate. 

En su desesperación, esta familia acudió hasta con un chamán, quien les aseguró que las jóvenes estaban muertas, y les dio algunos puntos para que las buscaran, pero no pudieron ir por falta de recursos y por temor a que le pasara algo a otros miembros de la familia. 

Estos casos no son investigados por la Fiscalía, ya que a los familiares nunca les han dado avances ni les han sacado pruebas de ADN para compararlas con tanto resto localizado en las fosas clandestinas. 

Susurros y espera 

Sentada bajo un frondoso árbol en el patio de su humilde vivienda, la señora Dora Alicia, madre de Mónica, relató que allí, durante ocho años, ha esperado que su hija regrese. Desea abrazarla con todas sus fuerzas, platicar con ella de todo lo que pasó en su ausencia y decirle una y otra vez cuánto la quiere y la extraña.

La mamá de Maritxa la busca de manera incansable. Foto: El Debate
Su mamá se refugia en la fe Dos veces por año su mamá le manda a hacer misas a Maritxa y pide porque regrese muy pronto. Foto: El Debate

En caso de que se haya ido por su propia voluntad, todo sería borrón y cuenta nueva, y se dedicarían a disfrutar el tiempo en cosas positivas. 

Con la mirada la busca en los carros y en las camionetas que pasan a toda prisa por la polvorienta calle, pero no la ha encontrado. Su corazón va muriendo lentamente, porque ya no sabe qué hacer. 

Algunos días pasan rápido, y es cuando siente que fue ayer cuando Mónica en compañía de Maritxa Yanira salieron de su casa. Las últimas palabras de su hija fueron ahorita vengo.

Antes de que se marchara le rogó que no se fuera, pero la joven pasaba por una etapa de rebeldía, por lo que entendió de que nada la haría cambiar de opinión. Pensó que nada le pasaría, pues solo iba con su amiga a la plazuela a comprar un elote o un café, pasarían un rato agradable y volverían. Mónica se había peinado y maquillado tan bonito que pensó «bueno, que vaya y al rato regresa». La plazuela era un sitio para ir a convivir, pero no para desaparecer. 

Recordó que la joven traía puesto un pantalón de mezclilla, una blusa de encaje de resaque, una chamarra blanca y unas arracadas grandes. Por alguna razón esa noche lucía más hermosa que de costumbre. «Le dije varias veces “no te vayas”, pero estaba tan decidida en ir, que ni huracán la hubiera detenido». 

Algo que notó extraño ese día fue que, a diferencia de otras ocasiones, Mónica y su amiga hablaban casi en secreto, por lo que no logró escuchar si iban con alguien. ¿Eso hubiera podido cambiar la historia? Al momento, los planes que tenían son un misterio. 

Las jóvenes se fueron de su casa, y Dora Alicia se acostó a dormir, como de costumbre. Fue hasta el día siguiente cuando se percató de que Mónica no había regresado. Al principio no se angustió, creyó que se había quedado en otro lugar porque la joven acostumbraba mucho a ir con la abuela paterna, con quien vivió algunos años. Al paso de las horas mandó a unos familiares a preguntar por Mónica a la casa de Maritxa, pero la respuesta fue que ninguna de las dos estaban.

La abuela materna fue al Ministerio Público a poner una denuncia, pero le pidieron esperar 72 horas. Al ver que su nieta no regresaba, volvió a presentar la denuncia, pero solo fue una pérdida de tiempo, porque ningún investigador acudió a ver qué pasaba con la joven. 

«Tengo la esperanza de encontrarlas con vida, no espero encontrarlas muertas. Hay noches que escuchó pasos, voces, y pienso que es ella. No me duermo, porque si lo hago y es ella, quién le abriría la puerta», detalló. 

Tener un familiar desaparecido es un infierno, de acuerdo con Dora, porque si hace frío, ella se pregunta dónde dormirá, si va a desayunar; siempre persiste la duda de si su hija tendrá hambre. 

Han pasado muchas cosas en la ausencia de esta joven. Ya es tía de un niño de tres años, el cual tiene que conocer. Su mamá dice que le gustan mucho los niños, por lo que va a estar encantada de jugar con él: «La voy a querer como esté, haya hecho lo que haya hecho; pero si ya no está con nosotros, también quiero tener sus restos». 

Imposible dejar Aguaruto 

Rosa María no se ha ido de Aguaruto porque tiene la esperanza de que su hija volverá, y entonces se irán juntas de ese lugar, que tanto dolor le ha causado. La espera se ha hecho eterna, y en su dolor ha escuchado a su hija Maritxa Yanira pedirle ayuda: «Mi corazón de madre me dice que está viva. Hay gente muy mala, la cual dice que vivo muy a gusto; pero no es así, uno aprende a vivir con el dolor».

En su memoria está siempre presente el recuerdo de la última vez que vio a su hija. Al salir de su trabajo se dirigió a su casa, y Maritxa estaba maquillando a Mónica, y al preguntarle para qué, le contestó que iban a salir. Maritxa ya estaba vestida con un pants y le dijo que iban a la casa de la abuelita de su amiga, y de allí a la plazuela, y entonces se fueron. 

Pasó un rato, y Rosa María salió a la calle y miró a las jóvenes, que se dirigían al centro, y Maritxa le dijo que iba a comprar un café, a lo que ella le contestó que con mucho cuidado. Se metió a su casa, hizo quehaceres pendientes y se acostó a dormir. 

Al día siguiente se percató de que la puerta de la entrada principal estaba como la había dejado, lo cual era una señal de que Maritxa no había llegado a dormir,así lo confirmó al ir a su habitación. Le llamó al teléfono, pero la mandó a buzón. Le habló al novio de su hija para saber si sabía algo, pero le dijo que se habían hablado antes de que ella saliera y que le dijo que le devolvería la llamada, pero no fue así. 

En ese momento no había aún la sombra de un mal presentimiento pues creyó que la joven se había quedado a dormir en la casa de una vecina, ya que en otras ocasiones lo había hecho.

Se fue a trabajar, y en la tarde, al darse cuenta de que no había llegado, fue a buscarla a los sitios en donde creía que estaba, pero no la encontró, y allí fue cuando la angustia se empezó a apoderar de su ser. La señora Rosa María fue con los familiares de Mónica, donde le comentaron que no estaban, pero que no se preocupara, porque la joven se iba por días y regresaba; pero ella les dijo que Maritxa no hacía eso, y fue cuando vino el sentimiento de que algo estaba muy mal. 

Después de esto, el mundo se derrumbó para la señora Rosa María. Su prioridad  cambió, el sentido de su vida, porque ahora tenía que encontrar a su hija. Comenta que empezó a descuidar a sus otros hijos, y su familia se fue desmoronando poco a poco. Depresión, alcoholismo, reproches, separación de sus hijos y un divorcio. 

Un tormento que no desaparece 

Las búsquedas fueron diversas para esta madre. Una abogada que la ayudaba en el caso le dijo que las jovencitas estaban en una casa de un fraccionamiento cercano al Mercado de Abastos, pero que se tenía que dar prisa para poderlas recuperar, porque los tratantes ya se habían dado cuenta de que las buscaban y las iban a mover. Familiares acudieron a este sitio, y unos desconocidos los siguieron para intimidarlos. Todo se trató de una falsa alarma. 

Cada vez que le daban ese tipo de información, Rosa María sentía desesperación, impotencia y coraje porque no podía creer que hubiera personas tan malas que privaran de la libertad a jovencitas para venderlas. 

«En mi dolor yo la oía pedirme auxilio, decirme “mamá, ayúdame, me lastiman”, y eso era lo peor». 

En los días siguientes, a su casa acudió personal de la Procuraduría General de Justicia del Estado para decirle que habían encontrado un cuerpo con las características de su hija, pero fue al Servicio Médico Forense a identificarla y no era ella. 

Ahora Rosa María siente coraje al caminar por la plazuela, porque la comunidad es chica, y se le hace inconcebible que nadie haya visto nada o se queden callados. 

Respecto a los que se llevaron a la joven, solo quiere que se la regresen. También les pide que antes de dañar a una familia lo piensen mucho, porque el dolor que ocasionan es indescriptible.  

Esto es algo que duele mucho, y hay mucha gente que no sabe de este dolor. A ellos les digo que no sean malos, que no sean crueles y que no llamen para estar dando pistas faltas

¿Cuándo terminará esta pesadilla? Son ocho años en los cuales dos corazones marchitos de madres se han mantenido latiendo, por la espera y la esperanza de que Maritxa y Mónica regresen en cualquier momento. 

La oscuridad

La desaparición

La tarde-noche del 11 de abril del 2011, las jóvenes acudieron a la plazuela de Aguaruto, y en un trayecto de dos cuadras desaparecieron. 

Denuncia

Las familias de las jóvenes pusieron denuncia en la entonces Procuraduría de Justicia del Estado, a ocho años del caso denuncian que  nunca fueron a investigar.

Búsqueda

Las familias de las jóvenes las buscaron en diversos lugares de esta ciudad, en una sindicatura cercana, pero no han podido dar con su paradero. 

Sin nada

En la actualidad, a las familias de Mónica y Maritxa no les han realizado las pruebas de ADN, por lo que se sienten excluidas totalmente por la Fiscalía. 

En la actualidad

Sigue sin haber ninguna pista sobre el paradero de las jóvenes, al igual que en miles de casos ocurridos en el estado. Es como si se las hubiera tragado la tierra.

Son invisibles

A principios de este año, Sinaloa estaba en el cuarto lugar de personas desaparecidas a nivel nacional, pero con un raquítico presupuesto para realizar sus búsquedas, ya que solo le asignaron para este año 3.5 millones de pesos. También se necesitan más investigadores especializados en este tema, así como peritos forenses. 

Los colectivos dedicados a buscar a las personas desaparecidas carecen de apoyos gubernamentales para desarrollar las búsquedas, ya que hay zonas en las que no pueden entrar porque son peligrosas, y hasta han recibido amenazas.

Las familias de estas dos jóvenes no han podido andar en marchas, plantones y búsquedas porque la mamá de Mónica tiene dificultades para trabajar, además de no contar con recursos suficientes para solventar sus gastos. En este dilema están muchas familias, ya que por la falta de recursos no acuden a buscar a sus familiares desaparecidos.