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Largo camino a la lectura, el destino de la Owen

CULIACÁN

Un trayecto y un gasto duplicado quitan las ganas a los lectores de asomarse a un libro, pues al alejarlos de su punto de lectura del centro de la ciudad, se hace más costoso el pasaje, más largo el camino y mayores las incomodidades que tienen que sobrellevar para llegar al lugar que se contempla para instalar la Biblioteca Estatal Gilberto Owen (la cual lleva casi cinco años cerrada), con 200 millones de pesos.

>Estudio de rutas. Como un ejercicio para conocer los detalles de las rutas que se tendrían que hacer en caso de que esta biblioteca estatal quede instalada en el Parque EME, EL DEBATE realizó recorridos desde algunos sectores de la ciudad, tomando en cuenta colonias de diferentes puntos, como El Barrio, Aguaruto, La Florida y 6 de Enero; así como la trayectoria que tendrán que tomar estudiantes de la Normal, UdeO y Ciudad Universitaria.

>Largo camino. Luego de llevar a cabo este ejercicio, EL DEBATE descubrió que, con excepción de la escuela Normal y las colonias alrededor del parque, la mayoría de los habitantes de la ciudad tendría que hacer un doble recorrido para llegar a las instalaciones de la biblioteca, lo que además de hacer perder el tiempo a los usuarios, supone un gasto doble en transporte, esto sin contar el fuerte calor, el peligro del cruce entre la México 68 y Álvaro Obregón y las incomodidades de viajar en camiones donde, por su velocidad, ni siquiera se puede leer cómodamente. Conoce el análisis de algunas rutas y pregúntate cómo sería tu propio trayecto.

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El andar de Amadeus por leer más y transitar menos

Amadeus Estrada es un joven de 23 años y estudia maestría. Vive con sus padres, quienes lo apoyan con mucho esfuerzo para seguir preparándose. Él realiza su posgrado en la Escuela de Filosofía y Letras (EFyL) de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). En pleno julio, Amadeus cursa clases de lunes a viernes, de 4 a 8 pm. Es usuario principalmente de dos bibliotecas de esa universidad: la Biblioteca Central y Biblioteca de Humanidades Bicentenario, localizadas en CU. Afirma que ahí encuentra principalmente los libros requeridos para elaborar los trabajos que exigen en clases.

Aun así, ha empezado a explorar los servicios de otras bibliotecas del municipio, entre ellas la recién abierta bajo el kiosco de la Plazuela Obregón. Y en este verano lo acompañamos en su trayecto hacia el parque EME. Explicó que le interesa el acervo del kiosco y la nueva biblioteca en el parque en el llamado Palacio de la Memoria, por el préstamo a domicilio y el uso gratuito del equipo de cómputo para hacer tareas. Amadeus comenta que cierran muy temprano en el Palacio de la Memoria, a las 15:30 horas, que bajo el kiosco dejan de dar servicio un poco más tarde, a las 18:00 horas "No estaría mal que abriesen los fines de semana", dice sonriendo.

¿Cuál biblioteca municipal es su mejor opción? Si se toma en cuenta que él vive en el Fraccionamiento La Florida, ubicado al lado de la colonia 21 de Marzo, el acervo en el parque EME (colonia República Mexicana), incluida la hipotética Gilberto Owen, está más cercano a su hogar, siendo la biblioteca del kiosco la opción más lejana. Sin embargo, se constató en un recorrido junto al joven que es necesario viajar en dos camiones para llegar al parque EME desde la zona donde vive, y que desde ahí basta subirse a un solo camión para trasladarse hasta un punto que lo deja a una cuadra de la Plazuela Obregón.

Para ir al Parque EME él necesitaría abordar la misma cantidad de camiones que requiere tan solo para ir a las dos bibliotecas de la UAS, lo cual representa ya un gasto importante para él. Por estas razones, Amadeus menciona que su mejor opción es la biblioteca del kiosco, pues está en el trayecto de su rutina diaria hacia CU, donde se encuentra la EFyL y las dos bibliotecas de la UAS que frecuenta. Además va a clases, pero no está pagando tarifa de estudiante. Por el periodo vacacional no le aceptan la credencial, revela Amadeus sobre esta suma de dificultades en su transporte diario.

Las bibliotecas de Culiacán

Opinión de Eduardo Ruiz, escritor sinaloense

Ha pasado un tiempo ya desde los últimos textos publicados en torno al asunto de la biblioteca Gilberto Owen. Ahora es momento de regresar a esta discusión que debería interesarnos a todos. Para resumir, enunciaré una serie de puntos con argumentos y propuestas: esto no es una crítica, sino la posibilidad de una visión diferente.

1. Tomando en cuenta que en el Parque 87 ya hay una biblioteca (en el edificio del Palacio de la Memoria, de La crónica de Culiacán), la ubicación de otra biblioteca en esa zona, de por sí alejada de los núcleos de transporte público, es un flaco favor a los lectores de la ciudad. Así, en primer lugar, debería buscarse una ubicación diferente a la del parque, para evitar una concentración de oferta cultural en un solo sitio: descentralizar y desacralizar los monumentos y los símbolos políticos.

2. ¿Cómo se desacralizan esos monumentos? Hay que tejer redes. Redes de bibliotecas públicas. Ante la imposibilidad de un terreno suficientemente grande que albergue, en el centro de la ciudad, el megaproyecto de esa única biblioteca, ¿no sería mejor buscar, con ese mismo presupuesto señalado, 200 millones de pesos, varios terrenos, dispersos por la ciudad, para tejer una red de bibliotecas públicas? Imaginemos la vida de esas bibliotecas: sus lectores, sus presentaciones de libros, sus cursos diversos, los empleos generados y, quién sabe, algún café cercano donde un lector pueda pasar el rato con su libro recién sacado en préstamo.

3. En un principio se habló de un costo de remodelación de la biblioteca Gilberto Owen de 25 millones de pesos. Si el presupuesto ascendió a 200, las cuentas son sencillas: 8 bibliotecas públicas. Como el presupuesto es para el estado de Sinaloa, pongamos que cuatro de esas bibliotecas se destinan así: una en Los Mochis, una en Guasave y dos en Mazatlán. Las otras cuatro en Culiacán. Cuestión de cantidad de habitantes. Hablaré, por ahora, de esas cuatro bibliotecas en la capital.

4. Se ha dicho que el proyecto de la biblioteca en el Parque 87 obedece a la necesidad de un símbolo en la ciudad de Culiacán, carente, pues, de elementos de esta naturaleza. Creo que no hacen faltas los símbolos grandilocuentes ni las medallas ni los monumentos. Creo, más bien, que esas cuatro bibliotecas en Culiacán podrían dedicarse, sin ningún reparo y con mucho orgullo, de la siguiente manera: una biblioteca, con un acervo especializado en narrativa mexicana, que llevara el nombre de nuestro querido César López Cuadras; otra más, especializada en teatro, con el nombre de Óscar Liera; una tercera, especializada en poesía, que mantuviera el nombre de Gilberto Owen; y una cuarta biblioteca, con especial énfasis en literatura contemporánea, dedicada a un gran lector: Álvaro Rendón, "El Feroz". ¿No sería este un verdadero homenaje?, ¿no sería esta una forma de dar un golpe sobre la mesa y decir: nuestra lucha empieza aquí, en la educación, en la lectura, en la información y la formación de lectores, de individuos críticos que dicen: así es como enfrentamos a la violencia? Quedaría pendiente, no lo olvido, una biblioteca Inés Arredondo, con especial cuidado del género del cuento, y una más, una biblioteca que llevara el nombre de Martín Amaral, gran promotor de la lectura en Culiacán. Los símbolos no se construyen: ya están ahí, y son ellos, los que dedicaron su vida a la cultura, los que debemos recordar de una manera tan útil y benéfica como ellos mismos fueron.

5. La dificultad de encontrar un terreno tan grande como para albergar dos hectáreas de biblioteca se sobrepone de esta forma: más bibliotecas, dispersas por la ciudad, más lectores, dispersos y seguramente agradecidos. Dotando, desde luego, de una vida cultural intensa a estas bibliotecas: presentaciones de libros, charlas, cursos, clubs de lectura, etc. Es importante invertir el dinero de los impuestos en instalaciones útiles al día a día de las personas, y no en lugares a los que haya que ir haciendo una excursión especial: que las bibliotecas estén ahí, a la mano, cerca de todos nosotros, y que la cultura, el pensamiento crítico y la vida social en torno a los libros no exija a los usuarios un esfuerzo extra al de sus desplazamientos diarios. Celebro la instauración de la Biblioteca Municipal en el kiosco de la plaza de la Catedral. Es un primer paso. Pero es necesario empezar la andadura de esta red de bibliotecas. Estamos ante un punto de inflexión en el que se puede cambiar de forma importante la relación de la ciudad con la cultura, la relación de las personas con la cultura, y resignificar, contundentemente, los espacios de la ciudad donde es posible acercarnos, como en este caso, a los libros.