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Las arañas, una tradición centenaria

ELDORADO

Las arañas, una tradición centenaria

Las arañas, una tradición centenaria

Las arañas, una tradición centenaria

ELDORADO, Sinaloa.- " El Pollo López me dijo que le diera una vuelta a él y a un amigo. Ya teníamos mucho rato paseando, no me querían soltar. Yo tenía mucha hambre y me paré, entonces me rociaron el caballo con una Uzi. Me les escondí en un Oxxo, adentro del congelador, y ellos se pusieron a buscarme. Ya que se fueron, le pedí a un amigo que le diera un tiro porque el caballo no estaba muerto, y con una navaja corté los mecates para llevarme la araña. Al otro día me pagaron 5 mil por el caballo y yo les dije que para la otra les iba a cobrar 15 porque se ponían muy locos. A los meses los agarraron por otras cosas y están en el penal", cuenta una de tantas anécdotas el señor José Alfaro, "chofer" de una araña desde hace más de 35 años en El Dorado, sindicatura de Culiacán.

Admirable. Al hablar de las arañas nos referimos a los carruajes ligeros y pequeños que transportan personas en El Dorado, sí, a esas carretas tiradas por caballo que sirven como transporte público y que son típicas de ese lugar. Entre cinco y diez arañas se encuentran, en cualquier momento del día, estacionadas en una de las calles del centro, cerca del mercado. Esperan transportar a los clientes de las tiendas del mercado a sus casas, en el mismo pueblo o a las rancherías aledañas. Subir en una de ellas te da tiempo para detenerte y respirar. El sonido de los cascos sobre el asfalto y la terracería marca el ritmo de una comunidad que aún sabe disfrutar de la vida y defender sus tradiciones. "Yo siempre me subo en las arañas", nos cuenta Édgar Eduardo García, vendedor de fruta que se encuentra cerca de la base de las arañas.

Excelente servicio. Quienes conducen las arañas son gente amable, con edades que van desde los 16 hasta pasados los 60 (algunos de ellos bastante pasados los 60), que lo mismo transportan a la señora con bolsas de mandado que a un turista buscando un domicilio. A pesar de ser una tradición muy arraigada, en algún momento intentaron quitarlas y cambiar las carretas por taxis, pero tanto los conductores como el pueblo se negaron a aceptarlo, logrando que no las movieran. "Las arañas llevan aquí desde antes que la tienda", dice Elizandro Borboa, conductor de una araña: "Querían quitarnos de este sitio, pero este es el original".

Las arañas pagan renta, mas los conductores son dueños de su tiempo. Ellos deciden a qué hora empiezan y terminan e incluso hasta qué tan lejos viajan, pues en los festivales, bodas y quince años la gente acostumbra rentar y adornar las arañas para viajar "como lo hacían los reyes de antaño", expresa Anastacio González, otro de los arañeros.

Maravilla. Mientras que en otros lugares tratan de olvidar su pasado y subirse al presente de la modernidad, en Eldorado la gente está orgullosa de sus raíces y es la primera en compartirlas. Ya sea que se quiera dar un recorrido turístico con explicación incluida o que se necesite llevar unas piñatas a la fiesta de su ahijado o hijo.

Al visitar Eldorado no puede dejar de subirse a una araña para formar parte de una tradición, que a decir de algunos tiene más de 100 años.