Culiacán

Lo que deja la violencia sexual en la mente de niños y niñas

Expertos en tratar con victimas infantiles narran a EL DEBATE la relevancia de creerles siempre y tomar acciones para aminorar el daño y la culpa

Por  Itzé Coronel Salomón

Lo que deja la violencia sexual en la mente de niños y niñas(Foto: El Debate)

Lo que deja la violencia sexual en la mente de niños y niñas | Foto: El Debate

Culiacán, Sinaloa.- Cuando un menor cuenta que ha sufrido abuso sexual, lo principal es creerle. Aunque algunos padres y madres por desconocimiento o miedo pueden llegar a negar la violencia sufrida por sus hijos, es importante que, además del menor, la familia reciba terapia psicológica.

Así lo exponen los psicólogos clínicos José Arturo Nevárez y Tania Vega Calderón, quienes han tratado a niños y niñas víctimas de abuso sexual en Sinaloa durante 19 y 9 años, respectivamente. 

EL DEBATE realizó una mesa de análisis con los psicólogos como seguimiento a una investigación realizada sobre la violencia sexual infantil después de la publicación de este medio donde se denunció que dos niñas fueron agredidas en el baño de una escuela primaria y se defendieran, en el sector Loma Linda, el pasado 2 de septiembre, sin que hasta el momento haya persona detenida ni avances del caso.

Arturo Nevárez describió el trabajo que han realizado desde el 2008 en el Instituto de Salud Integral de Sinaloa (ISIS) dando apoyo especializado a las familias. Dijo que la mayoría de las víctimas de violencia sexual que atienden son niños y niñas de preescolar y primaria.

Explicó que hay mucho por hacer, ya que el abuso en las escuelas muchas veces es invisibilizado por los trabajadores de la educación. 

Violencia sexual infantil

Nevárez compartió un caso que atendieron apenas el año pasado en su organización civil, donde acudieron al llamado de una primaria en Culiacán, en la que reportaron a dos niños de cuarto año que encontraron practicando sexo oral en un cuartito, y las medidas disciplinarias que pretendían tomar las autoridades educativas era la de expulsión del menor, quien había invitado ya a la mitad de sus compañeros de grupo a participar de este juego.

Comentó que a ninguna de las autoridades escolares se le había ocurrido descubrir el porqué de la conducta atípica de este niño, y al darle la atención psicológica especializada encontraron que el menor había sido abusado por un tío, quien le había realizado dicha práctica sexual. 

Sobre este punto, el psicólogo comentó que es frecuente que las víctimas se identifiquen con el agresor o, en este caso, con la conducta del agresor, ya que resulta menos angustiante en un nivel psicológico convertirse en agresor que identificarse como una víctima, y repiten el comportamiento. 

Además, dijo que se requiere de programas y personal capacitado para abordar efectivamente estos problemas. Durante la pasada Administración estatal, el Instituto impartió talleres en los dieciocho municipios del estado de Sinaloa, en un total de treintaiséis planteles. 

El experto en atención a la violencia sexual infantil aseguró que es mejor utilizar en estos casos el término violencia sexual, que es más amplio, ya que engloba diferentes tipos de conductas que constituyen abuso.

Además, dijo que se desarrollan bajo una relación afectiva sobre un menor sin capacidad de comprensión sobre lo que ocurre. 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia sexual se define en el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud como «todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito». 

Por ello, como lo han explicado los expertos, la violencia sexual puede ir desde tocamientos, hasta exponer a un niño a pornografía, besos, caricias o —como lo han denunciado varias escuelas a este medio— a actos exhibicionistas de personas que se desnudan o enseñan sus partes íntimas a los niños, hasta llegar a una violación. 

Para el cerebro no existe el tiempo lineal

Tania Vega, especialista en psicología infantil, explicó que los agresores utilizan acciones no violentas y recurren a la seducción y la manipulación, es por ello que resulta a veces difícil de descubrir lo que puede estar pasándole al menor.

Vega Calderón explicó que hay teorías psicoanalíticas apoyadas por estadísticas que dicen que los niños no pueden construir en su mente lo que les ha pasado en la primera infancia cuando sufren un acto de agresión sexual y que lo manifiestan en ocasiones hasta veinte años después de lo que ha sucedido.

Esto lo confirma el caso de una paciente de la que tuvieron conocimiento en el Instituto de Atención Integral de Sinaloa. Se trataba de una señora de 53 años que había sido violada por su padre a los nueve años por única ocasión, y que, sin embargo, le había ocasionado una carga mental severa y diversos desórdenes psicológicos por más de cuarenta años, en los que cargaba con la culpabilidad de haber sido víctima de una violación en la que el agresor fue su propio padre.

Arturo Nevárez comentó sobre este caso que «la señora seguía sufriendo por la construcción mental que hizo a sus nueve años, y que nunca había sido trabajado; para el cerebro no existe el tiempo de manera lineal», aseguró. 

Sobre el perfil de los agresores sexuales de niños y niñas, Tania Vega comentó que utilizan a los menores como medio para desahogar el estrés, son personas a quienes les excita el uso del poder y utilizan a personas más vulnerables, en este caso menores de edad o incluso personas con discapacidad y no tienen buenas relaciones interpersonales.

Dijo que el adulto encargado del cuidado de un menor que detecte alguna característica relacionada con un caso de abuso sexual debe ayudar a liberar de la culpa a ese niño.

Cualquiera puede ser agresor sexual

Nevárez describió que las características que ellos identifican en los agresores son muy variadas, pues han descubierto que la escolaridad del abusador es irrelevante, ya que lo mismo tienen posgrados o son jornaleros agrícolas, la mayoría realiza alguna actividad productiva, tienen parejas sentimentales o están casados: «Son personas aparentemente normales, esto representa en muchas ocasiones un obstáculo para que no les crean a los niños, pero la aplastante realidad es que cualquiera puede ser un agresor sexual de niños», enfatizó el psicólogo.

El especialista hizo hincapié en la urgencia de aplicar programas eficaces enfocados en los agresores, ya que existen programas y protocolos para prevención, detección y atención, pero nadie se está enfocando en un tratamiento a los agresores, que generalmente reinciden en este tipo de conducta, ocasionando daños a muchas víctimas.

Ambos expertos coinciden, al igual que los previamente consultados como parte de esta investigación, en que la principal acción es siempre creer y confiar en un niño que dice que ha sufrido algún tipo de abuso.     

La raíz de un problema tan complejo tiene raíces antropológicas y sociohistóricas, de acuerdo con el especialista de la salud mental Arturo Nevárez, quien comenta que es de vital importancia que los profesionales de la salud se dediquen a la etiología para causas que puedan caracterizar al agresor. 

Consideró gravísimo el hecho de que, en nuestra sociedad, de manera cultural exista permisividad a la cultura de la violación, ya que se validan comentarios que hacen alusión a la violación de manera normal: «Esto se debe en parte a la cultura patriarcal que permite el sometimiento e imposición del dominio masculino, creando una asimetría del poder», aseguró.

Los expertos en el tratamiento a niños que han sido víctimas de violencia sexual hacen un llamado al estado para que brinde capacitación específica, facilite un trabajo colaborativo con redes de apoyo, se les dé seguimiento a programas y se pueda llegar a un mayor número de personas.

Los datos

Sin avances 

La Fiscalía no ha dado ningún avance sobre el caso, a pesar de la urgencia de senadores y diputadas federales para acelerar la investigación sobre la agresión a dos niñas dentro del baño de una primaria pública en Loma Linda.

Comunidad educativa 

La procuradora del menor Claudia Gámez dijo que, a partir de la publicación de este  caso de las niñas, están atendiendo el caso y también están trabajando con los niños de la primaria, pues algunos de ellos han tomado a broma la situación y provocado burlas.

Agresores en Loma Linda

A partir del caso de las menores que lograron defenderse y evitar una posible violación, y por investigación de EL DEBATE, se ha logrado detectar que al menos en cuatro escuelas primarias y secundarias del sector Loma Linda han denunciado actos exhibicionistas de hombres que muestran sus genitales a niños, niñas y adolescentes.

Violencia y abuso sexual infantil

De acuerdo con la OMS, es la participación de un niño en una actividad sexual que no comprende completamente y a la que no puede dar consentimiento o para la cual no está preparado en su desarrollo y no puede consentir, o que viola las leyes o los tabúes sociales de una sociedad.

El abuso sexual de un niño está evidenciado por una actividad entre un niño y un adulto u otro niño, que, por su edad o desarrollo, está en posición ante el primero de responsabilidad, confianza o poder y que pretende gratificar o satisfacer sus necesidades.

Existe la violencia sexual con contacto físico y sin contacto físico; es decir, aquella donde hubo caricias inadecuadas, besos, contacto genital o no necesariamente tocar las partes privadas o los genitales de los niños y las niñas, «con que tengan un acercamiento erótico físico eso es violencia sexual», en palabras de Rosario Alfaro, directora de la asociación Guardianes.

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