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Luchan por comida en una tierra rica en alimentos

ASÍ SE VIVE EN SINALOA

El huracán Manuel terminó con todas las pertenencias de 'La China'. Duermen en camas sin colchones.

En este cuartito vive la familia.

La estufa que tenía se le echó a perder, ahora cocina en puro fogón.

No cuentan con un lugar adecuado para comer y lo hacen en el patio.

Culiacán, Sin.- Vive rodeada de cultivos pero en su mesa la comida escasea casi siempre y hay ocasiones, en que Ana Luisa Cota Bojórquez, alías "La China", se conforma con sólo ver comer a sus dos hijos, aunque a ella no le llegue nada al estómago, "uno de grande como quiera aguanta, pero ellos están chiquitos", dice.

Cuando la situación económica se le ha puesto más dura, a esta mujer no le ha quedado de otra que hacer guisado de iguanas, que se crían en los álamos del río, cuya carne es sabrosa comenta, o por lo menos con hambre lo es. Cuando su esposo cobra, compra un poquito de papas, huevos y chorizo y así se la van pasando.

Todas estas carencias las vive "La China" en Navolato, municipio considerado a nivel nacional como uno de los de mayor producción de vegetales, maíz, frijol, camarón y pescado. Muy cerca de su casa hay siembras de diversos cultivos, cuyos productos sólo le toca verlos de lejos.

Los castiga el huracán. Si meses atrás esta familia conformada por Ana Luisa, su esposo y tres hijos; Johana Guadalupe, de 17 años; Javier Eulises; Édgar Esaú, de 8, y su nieto Édgar de Jesús, de tan sólo 9 meses de edad, se las miraban negras, el huracán Manuel, vino a empeorar aún más la situación, ya que tras desbordarse el río el agua se metió a su humilde casa y se llevó lo poquito que tenía y lo cual les había costado toda una vida conseguir. Con nostalgia en su mirada, la mujer recuerda que el día que pegó el huracán logró salir de su cuartito cuando el agua casi le llegaba al pecho.

En la actualidad, prácticamente viven sin nada, pero asegura que tienen lo más importante que es vida, salud y mucho amor. Visten de la ropa que les dieron, la cual ya luce desgastada, duermen en camas sin colchones, las que están tan duras que lastiman la espalda. Cocina en trastos viejos y llenos de ollín, que también le fueron donados por gente de "buen corazón".

Sin servicios públicos. Como si todo esto no fuera suficiente, esta familia no cuenta con agua potable mucho menos con luz eléctrica. El vital líquido lo sacan de una noria, de ahí ella lava la ropa, hace comida, baña a sus hijos y, cuando no tiene ningún peso en la bolsa, hasta toma, pese al riesgo de salud que esto significa.

La falta de luz es un calvario para "La China", quien a diario se levanta a las 4:30 de la mañana para hacer lonche a su esposo e hija, quienes se van a trabajar al campo y, a "tientas", tiene que encender la lumbre, aunque asegura que ya ni se tropieza porque en su mente tiene grabado el camino. En la noche, la cosa es la misma, trata de hacer la cena antes de que oscurezca o bien aprovecha la luz de la Luna. Para irse a dormir se alumbra con un pedazo de vela, pero sólo por un ratito.

Su hogar está conformado de un pequeño cuarto de paredes de ladrillo, techo de láminas agujeradas y piso de tierra. La mesa de plástico en donde comen está en el patio y las sillas no tienen respaldos, están rotas o bien se sientan en cubetas.

Todo el día "La China" anda con huaraches de plástico rotos, sus hijos en la misma condición, pues hay que cuidar los zapatos de la escuela y los de salir.