Culiacán

Luto en la diócesis de Culiacán por monseñor Benjamín Jiménez

Monseñor Benjamín Jiménez deja grandes obras y enseñanzas a sus fieles de la Iglesia católica en Culiacán, quienes lo recuerdan con cariño y respeto por su humanismo

Por  Angelina Corral

Monseñor Benjamín, durante una ceremonia religiosa.(Debate)

Monseñor Benjamín, durante una ceremonia religiosa. | Debate

Sinaloa.- La diócesis de Culiacán se viste de luto por el fallecimiento de monseñor Benjamín Jiménez Hernández, obispo emérito de Culiacán.

Fue a muy temprana hora de ayer cuando el vocero de esta sede eclesiástica, Esteban Robles, dio la noticia que muchos creyentes temían: monseñor Benjamín había muerto tras haber permanecido varios días internado en estado de gravedad en una clínica de Hermosillo, Sonora.

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“Con mucho dolor, informamos a la comunidad de la diócesis  de Culiacán el lamentable fallecimiento de nuestro obispo emérito, don Benjamín Jiménez Hernández, acaecido el día de hoy (ayer) aproximadamente a las 8:30 de la mañana, horario de Hermosillo, Sonora.

Elevamos nuestra oración a Dios y, como esperanza, anhelamos la vida eterna, creyendo en la resurrección. Descanse en paz”, fue el mensaje. 

Será recordado como un católico que trabajó en pro de la vocación de la espiritualidad y que dejó grandes huellas entre creyentes católicos y de otras doctrinas.

Se fue a descansar al reino de Dios un hombre comprometido con la fe, con un gran corazón y mente brillante, fue la opinión de uno de los sacerdotes a los que ordenó.

Se espera que los restos lleguen este día a las 12:00 horas a catedral basílica de Nuestra Señora del Rosario.

Lo sucedido

Desde el inicio de la pandemia del coronavirus, monseñor Benjamín Jiménez era muy cuidadoso de su salud y decidió viajar al vecino estado de Sonora, a un lugar en donde, además  de descansar, estaría resguardado.

El pasado 11 de noviembre se informó que estaba internado en estado muy crítico tras sufrir una infección de las vías urinarias y de haber dado positivo a COVID-19. Debido a las dificultades que presentaba al respirar, fue entubado, y durante sus últimos días permaneció en el Área de Terapia Intensiva.

Muchos creyentes de la Iglesia católica elevaron sus oraciones pidiendo por su salud. Todos querían de vuelta caminando por su propio pie al obispo que los bautizó, que ofició la ceremonia de sus bodas y que, en los momentos difíciles, pidió por sus enfermos y el perdón de sus pecados.

“Que Dios lo reciba en su reino”, “Dios lo tenga en su Santa Gloria”, “Descansa en paz, fue un gran obispo servicial y generoso como nadie”, “Lo recordaremos con mucho cariño”, fue lo que expresaron algunos de los creyentes en redes sociales al enterarse de su muerte.

Recuerdos

“Se fue una gran persona, un gran amigo, un hombre de fe muy querido  por la diócesis. Él me ordenó como sacerdote y me quedó con muy buenos recuerdos”, expresó el presbítero de la Iglesia anglicana, Jaime Marvin Quintero Corrales, conocido como el padre Jimmy.

Recordó que cuando estaba en primer año en el Seminario, se encontró por los pasillos al obispo, quien le dijo; “¿Cómo estás, Jimmy?”, esto le extrañó y conmocionó mucho porque ese hombre tan ocupado se sabía el nombre de cada uno de los seminaristas. Esto hablaba de lo comprometido que estaba. Le tenía un gran amor al Seminario, recuerda. 

“Fue un gran hombre que ya está en la Casa de Dios; era un gran maestro.  Había personas ateas, y vieron en el obispo a una persona con gran carisma,  con una gran fe. Tenía una mente brillante”, refirió.

Cariño

Don Benjamín fue un obispo muy cercano a la gente, de proyección espiritual y de criterio muy humano en el trato; siempre bien recibido por todos en las comunidades, de trabajo arduo y de extremo compromiso con las parroquias, que siempre trataba de acompañar en sus fiestas patronales y, especialmente, en los aniversarios de ordenación de sus sacerdotes y también en sus funerales, comentó Luis Felipe Cabrera Aguilar, vicario de la parroquia San Rafael, en la colonia Tierra Blanca.

“Era admirable su tarea episcopal. Muchos le debemos hoy, en razón de su empeño pastoral, el tener una casa de ejercicios, el Centro de Espiritualidad Buen Pastor y el mismo Seminario, semillero de vocaciones de donde pudo ordenar a un buen número de sacerdotes para su querida diócesis de Culiacán. Descanse en Paz”, concluyó.

Un personaje importante para la sociedad 

"Me uno a la pena que embarga a todos los sinaloenses y a la propia diócesis de Culiacán. En lo personal, creo que estos señores son muy importantes para la sociedad y (la muerte del obispo) es una pérdida muy lamentable. Siempre lo tendremos en nuestros recuerdos. Fue un obispo muy importante. 

En  lo personal, tengo  muy gratos recuerdos de su amistad  y que, ahora, permanecerán en mi memoria. Fue una figura importante para mí y mi familia, y para toda la sociedad sinaloense".

Javier Lizárraga Mercado, Secretario de Economía.

Muy cercano a los periodistas 

"El obispo de Culiacán, Benjamín Jiménez Hernández, siempre fue una persona muy cercana al gremio periodístico, al que le extendía palabras de aliento y le dedicaba oraciones en cualquier oportunidad que tenía; siempre participó en las misas por el Día del Periodista y cuando pedíamos por los compañeros caídos.

Cuando yo trabajaba como jefa de Información en una estación de radio, él cada diciembre acudía a nuestros micrófonos a emitir un mensaje navideño, de paz y amor, así como para dar sus bendiciones a todos y aprovechaba para ‘regañarnos’ en cabina. Es muy lamentable su deceso". 

María de los Ángeles Moreno, Presidenta de la Asociación de Periodistas 7 de Junio.

Por monseñor Benjamín Jiménez guarda luto diócesis de Culiacán
Siempre mostraba gran empatía. Foto fuente: Debate

El Perfil 

Benjamín Jiménez Hernández nació el 31 de marzo de 1938 enPénjamo, Guanajuato.

A la edad de 13 años se trasladó, junto a sus padres, a Culiacán, Sinaloa, donde ingresó al Seminario Diocesano a estudiar Humanidades. Posteriormente, fue enviado al Seminario Nacional Pontificio de Montezuma, en Nuevo México, Estados Unidos, para cursar estudios de Filosofía y Teología. Después de esta preparación, recibió la ordenación sacerdotal el 28 de julio de 1963. 

Sus primeros oficios pastorales los desempeñó como profesor y director espiritual en el Seminario de Culiacán, como confesor de consagradas, vicario en catedral y en los templos de Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

En 1968 obtuvo la Licenciatura en Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, Italia, y en 1979 la Licenciatura en Psicología por la Universidad Jesuita de Guadalajara, Jalisco.

Se desempeñó capellán en el Templo de San Francisco de Asís y, posteriormente, fue párroco en Nuestra Señora del Carmen. Fundó algunas instituciones de caridad y asistencia integral, como el Instituto Sinaloense de Asistencia Psicoterapéutica y el Centro de Rehabilitación Misión de Naím.

Además, en 1987 fue nombrado miembro del cabildo catedrático, y un año después recibió el título de monseñor, para empezar así como vicario general de esta sede eclesiástica.

El 29 de junio de 1989, monseñor Benjamín Jiménez Hernández fue nombrado obispo auxiliar de Culiacán y luego se convirtió en el III obispo de la Iglesia particular a la que sirvió y acompañó como pastor por 22 años. Con dedicación y perseverancia, motivó su labor pastoral el compromiso por ofrecer a la diócesis un presbiterio mejor formado y preparado. Fue así como instituyó convenios de colaboración con diversas instancias que permitieran la acogida y sostenimiento de seminaristas y presbíteros en Universidades en México y el extranjero.

Promovió organismos e instituciones que velaran y ofrecieran seguimiento a la formación y asistencia integral de todos los sacerdotes. Durante su ministerio episcopal ordenó a 129 presbíteros

Entre las obras de construcción impulsadas y bendecidas por monseñor Benjamín, destacan las instalaciones del Seminario en su actual ubicación, en el Limón de los Ramos (anteriormente se ubicaban en la colonia Tierra Blanca), las oficinas del obispado y el centro de espiritualidad El Buen Pastor. La remodelación de la Casa Episcopal y otros espacios como el antiguo Hospital del Carmen y la Universidad Católica también estuvieron bajo su tutela.

Durante su gestión como obispo de la diócesis de Culiacán se inició la reorganización de Cáritas Diocesana, la creación del Banco de Alimentos y el sorteo anual a favor de nuestro Seminario.

En marzo del 2011 le fue aceptada la renuncia como pastor diocesano por el papa Benedicto XVI, permaneciendo como obispo emérito de Culiacán. Sirvió a Dios y a la Iglesia católica por 57 años.

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