Culiacán

Nacer rodeados por coronavirus en Sinaloa

Mujeres en gestación y otras tras haber dado a luz cuentan las dificulades de atenderse en hospitales públicos en medio de la pandemia

Por  Lorena Caro

Una mujer embarazada a pocas semanas de parir.(Foto: El Debate / José Betanzos)

Una mujer embarazada a pocas semanas de parir. | Foto: El Debate / José Betanzos

Sinaloa.- Desde hace catorce días, el COVID-19 ha comenzado a propagarse en la familia cercana de Eva: dos de sus hermanos, una cuñada y una prima han resultado positivos al virus. La situación se ha vuelto muy preocupante no solo porque su salud ha sido delicada, sino porque Eva está embarazada de siete meses. El temor y la incertidumbre de también contagiarse no se han ido desde entonces. 

Eva y su familia viven en Navolato, Sinaloa, en domicilios diferentes, pero en la misma calle, por lo que han dejado de tener contacto físico desde hace semanas.

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Aunque no ha tenido síntomas de COVID-19, tampoco se ha realizado la prueba para descartarlo. La semana pasada, una elevada presión arterial estuvo a punto de ocasionarle un preinfarto a ella y un infarto a su bebé.

Cree que el temor por la pandemia, los sustos con sus familiares y la incertidumbre económica han afectado su salud hasta hoy. «Ahorita, (hasta) el fin de semana me he hecho muchos estudios porque he traído muy alta la presión, traigo las defensas muy bajas, traigo baja una proteína de mi embarazo, y es lo que nos da miedo, que pueda agarrar cualquier infección o cualquier enfermedad», contó.

Eva y su esposo decidieron que este tipo de problemas sean atendidos en un hospital privado, no en la Clínica del IMSS de Navolato, por la incidencia de casos en ese municipio, colindante con Culiacán, que hasta ayer concentraba el mayor número de contagios. 

Sinaloa es quinto lugar nacional en contagios, con 2088 hasta ayer, por debajo de la Ciudad de México, del Estado de México, de Baja California y de Tabasco. Mientras que en tasa de letalidad —decesos en relación a las personas contagiadas— Sinaloa es el segundo lugar, con 14.74 por ciento, después de Baja California (16.77 %), de acuerdo con un análisis de los principales estados con contagios de EL DEBATE basados en estadísticas de la Secretaría de Salud federal. 

Para casos como el de Eva, atenderse de forma particular le ha generado gastos de más de mil pesos por semana, entre estudios (de 300 a 500 pesos) y consultas (600 pesos): «Tengo un estudio pendiente, pero eso sí me sale muy caro, es para checar qué es lo que me está provocando esta presión y para prevenir una posible preeclampsia», apuntó. 

Opciones limitadas 

Eva, quien prefirió el anonimato para este artículo, señaló que no ha recibido ninguna llamada telefónica ni opciones por parte del IMSS, en donde llevaba su embarazo para ser atendida. Destacó la desconfianza que le genera ser atendida en ese sitio, pero ante los elevados costos, no descartó entrar ahí en un futuro. 

Mientras espera mejorar, sus familiares infectados con COVID-19, que permanecer aislados en casa, a través de videollamadas la alientan a no preocuparse, y su esposo sigue todas las medidas de sanidad posibles, puesto que él no ha dejado de trabajar durante el confinamiento recomendado. 

Eva es una de las doce mujeres embarazadas en Sinaloa, cuyos testimonios compartimos en este artículo. Sus clínicas públicas no les han brindado información sobre atención médica privada o gratuita promovida por el IMSS durante esta contingencia. Algunas tuvieron a sus bebés en el mismo hospital que otras madres sospechosas de COVID-19, o se vieron en la necesidad de activar un seguro de gastos médicos mayores frente a la incertidumbre que les genera dar a luz en hospitales que también atienden a personas con el virus. 

Destacaron preocupación porque el convenio con hospitales privados vence el 23 de mayo, y contaron cómo han llevado procesos de preeclampsia, contracciones prematuras o la salud mental sin el apoyo del Gobierno federal.

En abril, y frente a la pandemia, el Instituto Mexicano del Seguro Social informó sobre un convenio con hospitales privados del país para la atención ginecobstétrica perinatal a las derechohabientes de 37 semanas o más de embarazo durante un periodo del 23 de abril al 23 de mayo. No mencionó nunca la opción para todas aquellas mujeres con problemas en su embarazo, como Eva o el resto de las entrevistadas. 

El proceso que contempla el alumbramiento —según el anuncio oficial— consiste en que las mujeres embarazadas serían contactadas vía telefónica para informarles en qué hospital privado podrían ser atendidas, así como indicarles los pasos a seguir para presentarse en el lugar que les indiquen. En los diversos casos recogidos estas llamadas nunca llegaron. 

«Es necesario que las mujeres previamente hayan acudido a sus citas de control prenatal y aplicado los cuidados necesarios durante su embarazo», aclaró en ese momento el titular de la División de Atención Ginecobstétrica Perinatal del IMSS, Roberto Ruiz Rosas.

Dijo que en caso de que las derechohabientes se encuentren en la semana 38 de gestación y no hayan recibido la llamada telefónica, pueden comunicarse a los teléfonos 800 222 2668 del IMSS o 800 213 2684 de Funsalud. 

EL DEBATE buscó una entrevista con algún representante de la delegación estatal del IMSS en Sinaloa para hablar sobre la situación especial que enfrentan las embarazadas, pero no accedieron a dar la entrevista.

El DEBATE sondeó la opinión de 373 lectoras a través de un vínculo en grupos de mensajería instantánea como WhatsApp y Telegram, el día 26 de abril. A través de este se pudo contactar a varias participantes para realizarles entrevistas telefónicas, que son parte de este artículo.

En caso de que las derechohabientes se encuentren en la semana 38 de gestación y no hayan recibido la llamada telefónica, pueden comunicarse a los teléfonos 800 222 2668 del IMSS o 800 213 2684 de Funsalud.

El IMSS estima que entre 17 mil y 28 mil partos y cesáreas se van a presentar en el periodo de vigencia que tiene el convenio firmado entre el sector salubridad y asociaciones de hospitales particulares, del 23 de abril al 23 de mayo.

En el caso de las unidades médicas de segundo y tercer nivel que están dedicadas a la especialidad en ginecobstetricia y ginecopediatría, seguirán brindando atención de manera regular a las mujeres que así lo requieran, hasta llegar a la conclusión de su embarazo, debido a que en estos hospitales no son ni serán atendidos pacientes con COVID-19.

Fuente: Imss.gob No.223/2020

El subsidio por incapacidad ante maternidad es un derecho de las mujeres mexicanas a partir de la semana 34 y hasta la semana 40, y el sueldo se debe pagar íntegro.

El descanso y el subsidio es por 84 días naturales, ampara periodo prenatal y posnatal. El trámite se puede realizar en línea. Fuente: Imss.gob No.183/2020 Más información en: https://bit.ly/2zdD1gC

Elena: A 19 días de haber dado a luz

El 30 de abril, mientras en las calles de Culiacán la gente se abarrotaba comprando pasteles para celebrar el Día del Niño, Elena dio a luz a su hija. Llevó su proceso de embarazo en la Clínica 36 del Seguro Social de la capital de Sinaloa.

Durante la última semana de gestación, la institución nunca le informó sobre la posibilidad y el derecho de llevar a cabo su parto en un hospital privado de forma gratuita, como anunció el Gobierno federal el pasado 23 de abril. 

Por el temor a contagiarse de COVID-19, Elena decidió activar un seguro de gastos médicos mayores para atenderse de manera privada con un costo de 30 mil pesos mexicanos como parte de un beneficio laboral que la mayoría de las mujeres en México no tiene.

Dijo que la atención en el hospital privado fue con todas las medidas de precaución, pero eso no le quitó la angustia: «Siento que esto todavía no pasa. Fue el parto el 30 de abril, y sabes que si, Dios guarde, llegas a quedar contagiada, los síntomas aparecen entre catorce y quince días, entonces pues sí me siento un poco angustiada por eso», indicó vía telefónica. 
Los médicos le recomendaron estar al pendiente de cualquier síntoma. 

Elena realizó el trámite de su incapacidad días antes del parto a través de la aplicación Tu IMSS; sin embargo, al no tener respuesta, tuvo que acudir al hospital para realizar los trámites y asegurar el pago de su trabajo. Nunca se bajó del auto, pero su hermana sí. Le dijeron que todo estaba en orden al respecto, y la mandaron a casa. 

Vía correo electrónico, la aplicación Tu IMSS le respondió hace dos semanas sobre su trámite de incapacidad, recomendándole que no acudiera a ninguna clínica y recalcándole que todo seguía en orden. Esta quincena, a Elena no le llegó su pago, puesto que otro correo del IMSS le indicó que los documentos estaban inválidos o incompletos: «Ahorita no me llegó la quincena en esta que pasó, y pues obviamente ocupo el dinero , no los merecemos, es parte de». 

Verónica: Miedo y crisis 

Prados del Sol es el nombre de la Clínica del Seguro Social en Mazatlán donde deberían atender a Verónica, quien cursa la semana 35 de su embarazo. Prados de sol es lo que no puede disfrutar en medio de esta pandemia.

Ante la falta de comunicación con el hospital, mencionó que tuvo que acudir la semana pasada a preguntar si la atención para dar a luz iba a ser ahí o en otra clínica, pero la respuesta fue que supuestamente no entraría porque el convenio del IMSS con hospitales privados se vence el 23 de mayo. 

«Entra el miedo por todo lo que está pasando, porque no sabes qué te pueda pasar a ti», dice.

Verónica trabaja en un hotel en Mazatlán, pero desde que comenzó la contingencia le dieron la orden de dejar de trabajar al ser considerada como parte de los grupos vulnerables ante el COVID-19.

Sin embargo, se fue a descansar con goce de suelo mínimo, violentando las disposiciones de la Secretaría Federal del Trabajo, que señalan que deben ser pagados íntegros los salarios.

Desde hace una semana, Verónica recibió la noticia de que además les descontarán días a todos por igual. A Verónica le genera mucha incertidumbre atenderse en el IMSS por la gran afluencia de gente que acude, aunque no descarta que en un hospital privado también haya riesgo de contraer COVID-19.

Sarahí: Oportunidades desiguales

Desde el inicio de su embarazo, Sarahí ha llevado el proceso en la Clínica 32 del IMSS en Guasave. Cuando se enteró de la posibilidad de que las mujeres embarazadas pueden tener a su bebé en hospitales privados, como se lo anunció el IMSS  en las conferencias mañaneras del presidente, preguntó al hospital; sin embargo, le dijeron no tener información al respecto: «La otra vez fui y pregunté en el IMSS. No me supieron decir nada. Creo que apenas iban a tener una junta referente a las mujeres embarazadas y el caso del COVID-19», narró.

Días después, comentó que el propio Seguro Social le llamó a través del teléfono que activaron (800 222 2668) para saber sobre su estatus de embarazo y para confirmarle que dicha clínica no tiene convenio con ningún hospital privado de la ciudad.  

Este hospital puede atender también a personas de los municipios colindantes Angostura y Sinaloa, incluidas las comunidades.

Sarahí, con 38 semanas de embarazo, dijo que ha marcado en dos ocasiones  al teléfono que liberó el Seguro Social, y la respuesta ha sido la misma: el acuerdo con la Red Nacional de Hospitales privados no llegó a Guasave. Al no tener recursos para atenderse en un hospital particular, y a pesar de que la clínica tiene pacientes con COVID-19,  mencionó que se atenderá ahí al momento del parto.

María: Un difícil proceso en el periodo final

A los siete meses de su embarazo, en abril, María sufrió un preocupante dolor en sus caderas y en la parte baja de la espalda.

Aunque ha llevado todo el seguimiento de su embarazo en la Clínica 31 del IMSS de Mazatlán, desde ese mes el hospital suspendió todas las citas ginecológicas debido a la emergencia sanitaria por COVID-19. Solo para casos de gravedad estaría a su disposición el área de Tococirugía: «Mandé a mi mamá cuando me surgió el dolor para que se informara, ya que uno no puede andar en la calle nomás así. Tardó demasiadas horas para que le dieran algo de información, y a lo último fue lo que le dijeron, que no estaban atendiendo citas ni nada, solamente el área de Toco (Tococirugía)». 

Ante ese panorama, María decidió atenderse en una clínica particular, y eso le generó no solo el gasto de la consulta, sino de medicamentos altamente costosos, puesto que el padecimiento resultó ser una infección vaginal.

Tras superar por su cuenta la difícil situación, María contó que en casa solo tiene una cuna que espera a su bebé, ya que no pudo comprarle nada de ropa. Pequeños detalles como coser una cubierta para el contorno de la cuna del bebé en camino ya no es posible debido a que están cerrados negocios no esenciales.

Sospechosas de COVID-19

Fátima tuvo a su niño el pasado 4 de mayo en el Hospital de la Mujer, en Culiacán. Solo los muros la separaban de otras dos jóvenes madres que también estaban por dar a luz, pero ellas eran sospechosas de COVID-19.

Fátima, quien prefirió omitir su nombre verdadero, contó que al principio sintió miedo cuando supo que podía haber madres infectadas, pero todo pasó cuando le informaron que ellas estaban aisladas. «Cuando estuve, tenían a dos muchachitas aisladas, pero supuestamente nada más tenían síntomas, no estaban confirmadas. Pero cuando estuve ahí, a ellas las tenían aparte, y a nosotros en otro lado. No me preocupé», narró. 

El proceso de embarazo de Fátima se dio en el Centro de Salud Lázaro Cárdenas, también de la capital del estado, pero al iniciar su noveno mes de embarazo, en abril, le otorgaron una hoja de referencia para ser atendida en el Hospital de la Mujer por tener Insabi.

Su bebé nació en perfectas condiciones, y al ser un parto natural el Hospital de la Mujer la dio de alta al día siguiente. Entre las recomendaciones que los médicos le dieron para cuidar la salud de su hijo está mantener aislamiento social.

Sin embargo, Fátima señala que eso es imposible, pues tan solo días después acudió a cita en el mismo hospital para que le colocaran las vacunas correspondientes al niño y le realizaran la prueba del tamiz.

Carmen: Desconfianza en el IMSS

Carmen sabe poco sobre la posibilidad que el IMSS anunció para que las futuras madres sean atendidas en hospitales privados ante la contingencia de COVID-19, pero tampoco confía mucho en la institución pública, que —dijo— atiende bastantes casos del virus.

Por parte de su esposo, Carmen cuenta con Seguro Social y se ha atendido en la Clínica 35 de Culiacán. En abril, acudió a dicho hospital porque estuvo enferma de gripe. Cuando llegó al centro médico, al área de Citas, le dijeron que por una gripe en el área de Tococirugía no la podían atender, que estaba el área de Emergencias para eso; sin embargo, ante el riesgo, prefirió atenderse en un hospital privado y no exponerse ni exponer a su esposo y sus dos hijos pequeños que la acompañan regularmente a la atención médica. 

Un mes después, y con seis meses de embarazo, a Carmen le surgió una complicada infección urinaria que también decidió atender por vía privada.

«Había escuchado de los números, pero como yo me había estando sintiendo bien mal, tenía que atenderme lo antes posible, no hablar e ir al Seguro y ver hasta dónde me iban a mandar o ver qué me iban a pedir. Ya se me estaban viniendo las contracciones, lo que tenían que hacer era ponerme un medicamento, pero de rápido, porque todo fue de una», explicó.

Con este panorama, dijo que la situación económica para la familia ha sido difícil, pues los gastos se han elevado.

Perla: Un parto incierto

Al conocer las medidas anunciadas por el Gobierno federal de transferir a hospitales privados a mujeres embarazadas a través del contacto telefónico, Perla, originaria de Culiacán, decidió permanecer atendiéndose en el IMSS, donde llevó todo el control de su embarazo.

Desde la semana 34 de gestación, a Perla le extendieron la incapacidad, y le dijeron que no era negociable. Su médico le recomendó que descansara y ya no acudiera a consulta.

Semanas después, y con contracciones leves, Perla llamó a la línea del IMSS, pero nunca le contestaron: «Yo estaba preparada para otra cosa. Uno desde que se embaraza hace un plan, te preparas. A como se fueron agravando las cosas, me empecé a sentir más nerviosa. No sabía si el Seguro era lo mejor, pero lo de los hospitales privados era muy buena opción. Igual existe ese miedo, de por sí lo normal por ser primeriza, pero más con el coronavirus que te enfermes tú o se vaya a enfermar tu bebé».

Perla, ya con 38 semanas de embarazo, dijo que sus planes debían cambiar y pensar en opciones rápidas: «Nunca me había tocado vivir esto. Es un miedo que nadie se imagina. Todos los días estoy pensando: “Y si es hoy, ¿adónde voy a ir? ¿Y si no me contestan?”». [Con información de Itzé Coronel]

Valeria: Angustia por el confinamiento

En el IMSS de Guamúchil no fueron suspendidas las consultas prenatales ante la pandemia de COVID-19, solamente cambiaron la mecánica, y aunque no se agenda la cita, las mujeres embarazadas, como Valeria, acuden el día que el ginecólogo les programa, y hacen fila desde las 05:00 horas para ser atendidas. 

La joven está en el noveno mes de embarazo, y las autoridades hospitalarias le informaron que si tiene dolores acuda al área de Urgencias para atender el parto, puesto que no hay opción para que embarazadas acudan a hospitales privados, como lo anunció el Gobierno federal.

«Pregunté sobre eso por la contingencia del COVID-19, pero dijeron que esa clínica no aplicaba porque no atienden a pacientes con COVID-19, no se quedan ahí. Dicen ellos que no», expuso. 

Es el primer bebé de Valeria, y los últimos meses los ha pasado en angustia por la pandemia, además de que le provoca ansiedad al no poder salir y estar todo el tiempo en confinamiento. Lamenta que no hubo baby shower, como lo tenía planeado.

Concepción: Una espera de cuatro años 

Concepción y su esposo buscaban procrear un hijo. Luego de tres años sin éxito, decidieron llevar a cabo un tratamiento médico. Un año después de ello, la familia espera hoy a su primogénito. Aunque eso les ha generado alegría, los tiempos de COVID-19 también los mantienen en incertidumbre por posibles contagios. 

Concepción contó que la Clínica 32 del IMSS en Guasave suspendió las atenciones prenatales por COVID-19. Con ocho meses de embarazo, dijo que el hospital no se ha puesto en contacto con ella para informarle sobre la posibilidad de ser atendida en un hospital privado, como lo anunció la autoridad a nivel nacional. 

Ha sido su familia quien por cuenta propia está pagando la atención médica en un hospital privado de la Ciudad de Los Mochis para evitar cualquier contratiempo, y sobre todo frente a las dificultades que tuvo para embarazarse.

Aunque ha pensado en la posibilidad de tener a su bebé en un hospital privado, señaló que el servicio tiene un costo mínimo de 35 mil pesos, por lo que sería complicado para ellos: «Si se puede, va a ser (el parto) por parte del Seguro, si está en condiciones», señaló. 

Desde el comienzo del confinamiento recomendado, Concepción dejó de trabajar con goce de sueldo, y eso también le genera afectaciones emocionales. Las redes sociales y las videollamadas son formas de comunicarse con el resto de su familia, y aunque alivian la necesidad de compañía, mencionó que no es suficiente.

Leonora: Un mes sin saber de su hijo

En abril, cuando el COVID-19 tomaba fuerza en Culiacán, Leonora se enteró de que estaba embarazada. En ese momento tuvo amenaza de aborto, y fue atendida en la Clínica 36 del Seguro Social.

En el ultrasonido, no se veía aún el embrión, pero sí el saco amniótico. Afortunadamente, el embarazo siguió, pero la atención se vio interrumpida, puesto que le recomendaron el aislamiento y sobre todo la prevención en personas vulnerables, como ella. 

Durante un mes, Leonora vivió la incertidumbre entre el llanto y la desesperación por no saber más sobre su hijo. Hasta hace apenas una semana acudió a un centro particular para que le practicaran un ultrasonido.

Hoy sabe que, a tres meses de su embarazo, el bebé se desarrolla en óptimas condiciones. Pagó 150 pesos por el servicio. Esperaba también ser atendida por un médico bajo un costo de 300 pesos; sin embargo, no se encontraba en ese momento. 

Lo que ahora le preocupa a Leonora es que ha mantenido constantes dolores de cabeza: «Me la he llevado con dolor de cabeza, y me dicen que me haga estudios por si tengo problemas con la presión, porque los dolores de cabeza no eran normales. He estado tomando paracetamol. Me dijeron que era lo único que podía tomar, pero ya no puedo seguir tomando tantas pastillas», mencionó. 

Para el próximo mes, espera acudir a un centro privado para atenderse y que le realicen todos los exámenes de rutina que una mujer embarazada debe llevar, pero que ella se ha visto obligada a omitir debido al aislamiento social que han recomendado las autoridades sanitarias.

Gloria: Aguantar y esperar

Gloria está a un mes de convertirse en madre por tercera vez, y le preocupa la situación económica. Vive en el municipio serrano de Cosalá.

Junto a su suegra, vende comida mexicana, pero las ventas son casi nulas, y debe no solo cubrir los gastos de su embarazo, sino también los de sus otros dos hijos: «A veces sí me desespero porque no puede uno hacer nada. Todo está cerrado; no hay ni fuentes de trabajo, nada»

Gloria ha tenido que pagar para la realización de estudios y consultas en hospitales privados. Más de mil pesos es la suma de consulta y medicamentos o análisis.

Con la llegada del virus, el Seguro Social de Cosalá, donde ha seguido todo su embarazo, suspendió todas las consultas prenatales, únicamente les han dejado a ella y al resto de las mujeres embarazadas del municipio la opción de Emergencias para ser atendidas ante cualquier inconveniente: «Nos da miedo, pero no queda más que aguantarme y esperarme, esperar a que pase», comentó.

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