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Su voluntad vence todos los retos

DISCAPACIDAD URBANA Y RURAL

Eladio, Patricia y María del Carmen Quintero Velázquez sufren de distrofia muscular.

Mariano y María, padres de una menor discapacitada.

Elga Pérez Félix, gestora social de Valle de San Lorenzo.

Ismael Arias reparte despensas a familias de discapacitados.

Culiacán, Sin.-Hoy fue un día fatal. Por la mañana el despertador no sonó y tan sólo tuvo cinco minutos para bañarse. Ya con el tiempo encima, su carro no arrancó y corrió para alcanzar el camión. En el trabajo, el jefe pidió que llevara los papeles de contabilidad a firmas y de regreso a publicidad. Le tocó subir y bajar escaleras toda la mañana. A mediodía, sus niñas pidieron que las cargara de regreso a casa y por la noche se lastimó la espinilla al jugar futbol. Con un día así, no puede esperar a dormir y descansar, seguro que mañana será mejor, o por lo menos más fácil. ¿Se lee pesado? Puede que lo sea.

Día normal. Imagine a alguien que se levanta todos los días a las 05:00 horas porque tarda entre 45 minutos y una hora para poder bañarse y bajar las escaleras de su casa. Llega al gimnasio donde se desempeña como entrenador personal.

A las 09:00 va al Ayuntamiento, donde trabaja todo el día implementando programas de conciencia cívica. Por las tardes o las noches, dependiendo de lo apretado de su agenda, va al gimnasio de nuevo, esta vez para entrenar él mismo. Al terminar su día, sube a su cuarto y duerme, listo para empezar otro día igual o más pesado que el anterior.

¿Se lee pesado? Seguramente lo es, sobre todo si se toma en cuenta que esa persona tiene nombre y apellido: Ismael Arias, de 33 años, quien vive con discapacidad en el uso de sus piernas desde hace 9 años, tras sufrir un accidente automovilístico. Tiene que trasladarse del cuarto al baño apoyado en una silla de oficina, de esas con llantas. Cuando termina, se cambia y baja los escalones de su casa, sentado, uno a uno. Sube al carro para entrenar en el gimnasio pero, al llegar, la persona a quien entrena en ese momento debe ayudarlo a sacar la silla de ruedas de la cajuela y desdoblarla por él, porque a pesar de su voluntad y fuerza, Ismael necesita ayuda.

Abraham Jesús Jaime Velázquez, uno de sus entrenados, ganó Míster Sinaloa hace dos años bajo su tutela y nos comparte acerca de Ismael: "No es un entrenador que te solapa. Al contrario, ¿cómo le puedo decir a él que no puedo? No me atrevo".

Fomento a la cultura cívica. Ismael es un hombre echado para adelante, con poderoso tronco y brazos, quien exhuda confianza, que raya en el exceso de seguridad, además tiene un trato amable y firme. Como parte de sus actividades como coordinador de Fomento a la Cultura Cívica del Ayuntamiento de Culiacán, ese día tuvo que desplazarse hasta Tabalá para entregar despensas y platicar con personas discapacitadas de la zona del Valle de San Lorenzo.

A pesar de sus dificultades y vicisitudes, Ismael ha tenido la suerte de vivir en un entorno urbano y de contar con el apoyo económico, en algún momento de sus padres y amigos, lo cual no le resta mérito alguno, pero sí lo separa de las condiciones de marginación y falta de apoyos a las personas discapacitadas del entorno rural; personas que se concentraron en Tabalá para recibir atención médica y dental, así como cortes de pelo y despensas que la dentista Elga Pérez Félix, gestora social de la zona, consiguió de donadores privados, y en esta ocasión también del municipio.

En la zona rural de Culiacán no tienen acceso a beneficios o programas, en especial las personas con discapacidad.

Oportunidades diferentes. En una pequeña aula, Ismael platica de voluntad y esfuerzo ante los discapacitados ahí reunidos. Uno de ellos se destaca por su intensidad: Eladio Quintero Velázquez, tiene 25 años y sufre de distrofia muscular, lo que le dificulta la actividad física y el habla.

Mucha gente piensa que la dificultad que tiene para comunicarse implica problemas para pensar; nada más lejos de la realidad. El joven estudia ingeniería en gestión empresarial en Eldorado, donde se va de 'ráite' o en camión, y camina con su andadera por las calles empedradas y terregosas de Palo Blanco.

Se levanta a las 04:30 para poder tomar sus clases. Cuenta que en ocasiones los niños le tiran piedras y le dicen cosas. ¿Suena difícil? Puede que lo sea, pero no más difícil que lo que tiene que enfrentar su mamá, quien además de apoyarlo a él, tiene que apoyar a sus hermanas, que cursan la secundaria abierta y padecen el mismo mal.

La mamá de Eladio es viuda y los sostiene con 2 mil 250 pesos al mes (de una pensión), lo que logra sacar de un terreno de 1.5 hectáreas, "que le rentan como si fueran 2", y repartiendo recibos de luz, agua y teléfono.

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Frases duras pero ciertas. Entre Ismael y Eladio se crea una corriente de reconocimiento que empieza con frases duras de Ismael: "Nosotros no podemos esperar a que nos ayude el gobierno, tenemos que ayudarnos nosotros mismos. No podemos fallar, no tenemos derecho a quejarnos, a enojarnos, sólo podemos esforzarnos tres veces más que los demás para hacernos notar por nuestro trabajo", Eladio endurece el gesto al oír estas palabras que siente como reproches, pero Ismael continúa: "Tú tienes más valor que yo, yo no sé matemáticas. Tú puedes sobresalir todavía más. ¿No te gustaría poder ayudar a tu mamá, dejarla que descanse?", cuestiona. Ante estas palabras, el rostro de Eladio se ilumina.

Una vez que se entrevista a Eladio, él manifiesta que "sueña con terminar la escuela para, dentro de un año o dos, poder ser el sostén de su casa", además de que Ismael ha prometido ayudarlo con su traje para la graduación. Cuando Ismael se vio privado del uso de sus piernas, asegura que no se deprimió pero que contó con el apoyo de padres, familiares y amigos. Ahora se da cuenta de que la gente con discapacidades "tiene que salir, tiene que hacer que la vean. Yo exhorto al gobierno y a los empresarios a que contraten gente con capacidades diferentes, porque ellos le van a echar más ganas que cualquiera, van a sacar el trabajo adelante porque están más motivados que nadie".

Están muy cerca de Culiacán. Mariano y María tuvieron que dejar a su hija Aleida Beltrán Sánchez, de 16 años, porque no la pueden bajar de la sierra. A sus 16 años nunca ha ido a la escuela, tan sólo conoce a sus padres y gente de las cercanías a su hogar. Su mamá dice que Eladio y sus hermanas "la tienen fácil", porque su hija aún tiene que usar pañales y no se puede levantar.

En la escuela de Tabalá se encontraban todo tipo de personas con capacidades diferentes y diferentes edades: parálisis cerebral, distrofia muscular, síndrome de Down; niños, adultos y viejos, a quienes Elga, junto con el síndico Jesús Alberto Soto Delgado, desde hace tres meses han ayudado, a ellos y sus familias, a armar proyectos productivos ante el Inaes (Instituto Nacional de la Economía Social). Dichos proyectos no han prosperado a pesar de estar presentados en tiempo y forma porque Jesús José Guerrero, del Inaes, no ha acudido a evaluarlos, cancelándoles las visitas hasta en tres ocasiones diferentes, en palabras del síndico: "¿Cómo van a otorgar los proyectos si no viene a supervisarlos?". Así como Eladio, existen 19 familias que están esperando estos apoyos. Todos con historias igual de difíciles y también con una invisibilidad casi total en el sistema.

Un trabajo digno. Los proyectos productivos que piden no son limosna, ellos quieren trabajar, ser miembros productivos de la sociedad, y dar de comer a sus familias.

Las personas con quienes hablamos dijeron que es la primera vez que llega ayuda por allá, que siempre les han dicho que "no la necesitan" por estar tan cerca de Culiacán. ¿Suena difícil vivir así? No sólo suena, sino lo es.