Culiacán

Testigos de la pandemia: entre incertidumbre y esperanza

El personal médico ha combatido al SARS-CoV-2 como a un enemigo misterioso, a veces con temor, pero siempre con fortaleza y con responsabilidad para atender a la población sinaloense; viviendo con ello una experiencia sin precedentes

Por  María Sánchez

Personal de salud del sector público de Sinaloa ha trabajado bajo protesta durante la pandemia, exigen mejores condiciones y prestaciones.(Foto: DEBATE)

Personal de salud del sector público de Sinaloa ha trabajado bajo protesta durante la pandemia, exigen mejores condiciones y prestaciones. | Foto: DEBATE

Culiacán, Sinaloa.- Los trabajadores de la salud han enfrentado directamente la pandemia. Desde sus inicios, ya sea apoyando a los pacientes COVID-19 o no COVID-19, en todo el mundo, en México y, por supuesto, en el estado de Sinaloa, muchos de ellos lamentablemente han fallecido padeciendo la enfermedad viral.

Podemos contar en el estado de Sinaloa hasta el 31 de octubre un acumulado de 54 muertes lamentables de trabajadores de la salud, entre los que se cuentan 34 médicos y 10 enfermeras.

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 Las personas que laboran en el sistema de salud estatal, ya sea en el sector público o privado, siguen en la lucha contra el coronavirus, por ello DEBATE solicitó testimonios de trabajadores de la salud en el estado de Sinaloa, como un rescate merecido de sus vivencias frente a la contingencia sanitaria.

En sus historias, y desde su experiencia, el personal de la salud refleja la incertidumbre ante una enfermedad desconocida, manifiestan, igualmente, las percepciones de sus compañeros, mismas que conocen por convivir con ellos diariamente. Se muestran fuertes y tenaces, a la vez que humanos, sensibles y vulnerables.

Empáticos, esperanzados y precavidos, todavía recomiendan a la población cuidarse y no bajar la guardia ante una pandemia que continúa (los testimonios de Los Mochis fueron recabados por María de Jesús Estrada; y los de Culiacán, por María Sánchez).

Pensé que no sobreviviría 

Me llamo Héctor Ayón, soy enfermero. Quiero explicar mi experiencia padeciendo el COVID-19, también detallar el hecho de que terminas conociéndote a ti mismo, en el miedo y la incertidumbre.

Los primeros días no había tanto problema, simplemente tuve un poco de tos, un poco de temperatura y diarrea. Vas y te chequeas, te dan unos días de descanso o incapacidad para que te recuperes y te aísles.

Personal médico cuenta experiencia contra el Covid en Sinaloa
 Héctor Ayón, del sector privado en Los Mochis, Sinaloa / Foto: DEBATE

Lo primero que hice fue decirle a mi mujer y a mi hijo que se fueran con mis suegros, y entonces me quedé solo, me quedé solo en casa. Luego de unos días, la tos empieza a ser menos, pero la falta de aire se empieza a ser más evidente.

Empiezo a sentir que no importa cuánto jale aire, no es suficiente. Sientes como si te pusieran un pie sobre tu pecho y tuvieras que respirar con ese pie encima, sin que apenas entré el aire; y entra el desespero porque te das cuenta de que no puedes respirar, que no es suficiente el aire que entra a tus pulmones, y de repente te entra el miedo.

¿Moriré? ¿Qué me va a pasar? ¿Ya no miraré a mi familia? Y voy y Checo mi saturación de oxígeno. ¡A ver! ¿Cuánto estoy saturando? ¿Qué tanto oxígeno pasa mis pulmones? 89 por ciento de saturación... 90, y siento ese desespero, siento ese miedo, ese pavor a morir.

Sin duda, es algo que para mí fue muy desesperante porque, como personal de la salud, ya sabes lo que sigue, que es que te intuben y, si te intuban tienes muy pocas probabilidades de sobrevivir; entonces, sí, es un tanto más aterrador para nosotros. Gracias a Dios, salí adelante, estoy bien. Pensé que no lo iba a lograr, pero ¡sí pude!

Tener COVID-19 es enfrentar el miedo a lo desconocido

Mi nombre es Oglandina Estrada Kamergan, tengo 52 años de edad. Soy enfermera de la Secretaría de Salud, pero desde el inicio de la pandemia dejé de trabajar por ser del grupo vulnerable al ser hipertensa y mayor de 50 años.

Sin embargo, me preparé, me tocó hacer varias capacitaciones relacionadas con el virus antes de que iniciara la pandemia formal en México y Sinaloa. Como personal de la salud, tomamos más en serio todos los protocolos sanitarios y preventivos, sin embargo, me contagié de COVID-19.

Personal médico cuenta experiencia contra el Covid en Sinaloa
Oglandina Estrada, enfermera de SSA Los Mochis, Sinaloa / Foto: DEBATE

Desconozco dónde me contagié y, lo que es peor, no sé en qué momento trasmití la enfermedad a mi papá, un adulto mayor de 81 años que, aunque no padece enfermedades crónicas, como hipertensión ni diabetes, sí tiene un marcapasos que le apoya en su función cardiaca.

Lo que yo viví fue más el miedo a lo que se decía de la enfermedad, porque los únicos síntomas más fuertes fueron el dolor de pecho, y no todo el tiempo, solo cuando suspiraba fuerte; además del sueño, la pérdida un poco del gusto, además de la pérdida del olfato.

Los primeros días estuve aislada en mi recámara, sin salir para nada, porque en mi casa viven también mi esposo, una hija y un nieto, y tenía miedo contagiarlos. Usaba mi cuchara, mi vaso, mi plato y taza, y yo me encargaba de lavarlos para que nadie más los tocara ni tuviera acceso al área que tenía destinada para pasar mi enfermedad.

A los días, justo cuando me enteré que la prueba de COVID-19 me dio positiva, me trasladé a casa de una hermana con la que había convivido casi todos los días previos al resultado de mi prueba, ella traía síntomas, pero eran más leves, y en el IMSS le habían dado incapacidad sin hacerle la prueba correspondiente.

Con ella pasé el resto de mi aislamiento. Tomé medicamentos alternativos naturales y homeópatas, tés naturales que, además de relajarme un poco, calmaban los síntomas del momento. La tomografía mostró en mis pulmones un daño considerable, y era la respuesta a mi fatiga; además del intenso cansancio y, en ocasiones, trastornos del sueño que voltearon mis horarios totalmente por varias semanas.

Todo esto me comenzó la primera quincena de mayo, y casi 5 meses después sigo con fatiga, cansancio y dolores de cuerpo, pero ya regresé a mi rutina de trabajo diario en el Centro de Salud Rural, apoyando a la gente de la comunidad donde vivo y que están viviendo la misma experiencia que yo.

Lo más importante en mi vivencia es el miedo a lo desconocido, porque no estaba sintiendo lo que se decía debía sentir. Lo que me ayudó mucho fue el apoyo de la familia, de mis hijos, que todos los días me hacían videollamadas para ver saber cómo estaba.

La Covid19 te hace valorar la vida

Mi nombre es Sion Becerra, soy médico. Lo afrontamos con toda la  fuerza, con incertidumbre y llenos de miedo a este enemigo que no conocíamos; como valientes soldados, sin saber el resultado. Muchos de nosotros cayeron en batalla.

Siempre fue una lucha entre ver perder tantas vidas a pesar de todos nuestros esfuerzos. Muchas personas piensan que no nos duele, pero, verdaderamente, nos duele cada vida, porque sabemos que cada vida importa.

Personal médico cuenta experiencia contra el Covid en Sinaloa
 Sion Becerra, médico del IMSS en Los Mochis, Sinaloa / Foto: DEBATE

Fue una ferviente lucha entre el orgullo y coraje de ver que las personas no respetaban la cuarentena, sin ver que nosotros poníamos todo para enfrentarla; pero sabíamos que no todos los que llegaban a nuestra unidad tenían la culpa, y debíamos estar por ellos siempre ahí.

Esta guerra nos hizo valorar más nuestra vida y nuestro trabajo. Es algo hermoso para nosotros cuando, después de tanto esfuerzo, vemos a nuestros pacientes ir a casa recuperados; a pesar de que otros no corren con la misma suerte, el ver a unos poder salvarse y responder a nuestro cuidado y a la bendición de Dios, hace que esto valga la pena.

Aprender a vivir y convivir de un modo distinto

Mi nombre es Sergio Saúl Irízar Santana, soy médico internista y médico nefrólogo. 
Contagiarse es un temor constante. Yo, en los primeros cuatro meses de la pandemia (abril, mayo junio y julio) me salí de mi casa. Me fui a un departamento, ya que tuve una actividad muy intensa en la atención de pacientes con COVID-19. Mi temor era llevar el problema (el coronavirus) a casa. Me salí a un departamento de renta. 

Sí iba a mi casa y veía a mis hijas, a mi esposa, pero comía en el patio, ahí me llevaban la comida. Y así estuve los cuatro meses, esa era mi rutina: veía de lejos a mis hijas y a mi esposa, de repente se daba la visita de lejitos y luego de eso a seguir luchando con el problema. 

 Sergio Saúl Irízar es médico en el Hospital Civil de Culiacán, Sinaloa / Foto: DEBATE

Al inicio no tenía contacto directo con mi familia, lo tenía en ciertos momentos, bajo un régimen de aseo exhaustivo. Entraba a casa, pero siempre con mi cubrebocas, sin quitármelo. Vas aprendiendo que no puedes estar así, viviendo alejado toda la vida. Me sigo cuidando bastante; hasta la fecha, no he tenido el problema (COVID-19), me he cuidado lo mejor posible de no contagiarme. Tengo toda una rutina ya, prácticamente automatizada, de cómo llegar, dejar las pertenencias afuera en una cajita, ponerme desinfectante en las manos, quitarte la ropa fuera de la casa, envolverte en una toalla, subirte a bañar directamente y, ya bañadito y todo, pues ya a convivir en tu casa, y eso es lo que ahora pasa. 

Siempre existirá el temor de que en una de esas me infecte y, en mi periodo asintomático, infecte a mi familia, sí, pero ya es algo que platicamos, y asumimos el riesgo como familia. Yo me cuido, mi esposa se cuida, cuidamos a nuestras hijas lo mejor posible, y que Dios nos bendiga.

Tomar la decisión de confrontar al coronavirus en un principio sí fue muy difícil. Yo creo que a nadie se lo he contado: el primer día que yo me salí de casa para entrarle a esto, pues, lloré. Me salí de mi casa y, en el camino, sí lloré un rato. En ese momento, pues, con más desconocimiento del tema que actualmente, pero, bueno, ya es algo que se procesó, ya lo vivimos, salimos avante, a Dios gracias; a diferencia de los compañeros que no tuvieron la misma fortuna y, pues, bueno, seguimos en esto.

La pandemia es todo un suceso para la humanidad y, definitivamente, en lo que a medicina refiere, sin precedentes. Si bien, desde principios de enero vimos cómo se propagaban los casos  de China a otros países. Una cosa es tener una perspectiva de lo que fuera a pasar, y otra cosa es lo que estamos viviendo. Ningún médico o personal de la salud llegó a pensar lo que íbamos a vivir al respecto de la pandemia por COVID-19. Hemos ido adquiriendo experiencia en la disminución de la mortalidad de la enfermedad y en la relación del médico con la enfermedad.

No tengo duda de que existe esta sensación de frustración generalizada del gremio médico respecto al poco apego por parte de la sociedad para seguir las medidas de distanciamiento social y el uso de equipo de protección personal básicos para la población. Fuimos atendiendo este problema como médicos y buscando cómo seguirnos protegiendo.

Actualmente es un contexto difícil de manejar debido a que, si bien, al principio el confinamiento de la población fue la medida inicial, nunca la población sinaloense estuvo realmente confinada, siempre ha habido cierta movilidad. 

A estas alturas es un error pensar que solo algunos del personal médico están en primera línea, ya todo el personal médico es primera línea. Al principio era quien atendía solo a pacientes con COVID-19, ahora ya todo paciente que llega a un hospital tiene coronavirus, hasta no demostrar lo contrario; nos seguimos cuidando. La manera de protegernos todos del COVID-19 es bastante sencilla, si lo hacemos con responsabilidad, podríamos ayudar a evitar la propagación del virus con el lavado de manos, la sana distancia y el uso de cubrebocas.

Los médicos tenemos miedo de contagiar a los familiares

Me llamo  David Alarid Coronel y soy médico pediatra. Al inicio, pues, como todos los médicos, sentí la incertidumbre de no saber si en México iba a tener el impacto que tuvo en otros países; si al haber infección en adultos, se iba a comportar como en otros lugares o; si iba a haber infección en niños, cómo sería esta.

Predominaba en nosotros del gremio médico, además, la incertidumbre de la evolución que íbamos a tener todos. Si nos íbamos a contagiar, o no; si íbamos a salir adelante con la pandemia, o no.  Ha sido con mucha incertidumbre y dolor todo esto. He visto cómo muchos compañeros médicos se han infectado y, afortunadamente, han salido adelante; pero otros, lamentablemente, han fallecido, que es lo que consta siempre en los medios de comunicación y redes sociales.

David Alarid Coronel es pediatra para el sector público y privado en Culiacán / Foto: DEBATE

Ha sido al inicio mucho miedo, un miedo a lo desconocido; principalmente por los niños, porque todos tenemos en casa niños a los cuales íbamos a volver a ver después de laborar y exponernos a personas con coronavirus, y no sabíamos si los niños se iban a contagiar igual que el adulto, si iban a pasar una evolución así de tórpida.

Yo tenía el sentimiento de que al llegar a casa era la única fuente de contacto de los niños; el hecho de enfermar a mi propia familia es quizá lo que más temor tenía al inicio. Ya después nos dimos cuenta que lo único bueno con este virus respecto a los niños con adultos, es que a los niños les ha ido bien, y eso nos da un poco menos temor de contagiar a nuestros propios hijos cuando lleguemos a casa procedentes de exposiciones en hospitales y en consultorios particulares.

Uno confía y espera que todo salga bien. Como siempre, uno trata de seguir trabajando en lo único que sabemos hacer. Dice la gente: “no, pues, ellos son médicos y es su obligación exponerse”, podrán tener razón, pero no es nuestra obligación exponer a nuestra familia; eso es lo que nos da miedo principalmente. Hay compañeros que tienen en casa a sus papás y son personas ya mayores, seguramente ya los han contagiado y algunos de ellos quizá han fallecido por contacto directo.

Médicos, enfermeras, técnicos, químicos y todo el personal que labora en un hospital, todo ellos se están exponiendo, se contagian y están exponiendo o contagiando a sus familiares. Es por eso el sentimiento que se ve regularmente de ellos  en redes sociales, muchos han tenido un familiar que ha fallecido y les da coraje ver cómo no hay ni si quiera las medidas necesarias para evitar contagios en la población en general.

Sin embargo, ya uno entiende el sentir de la gente que tiene que seguir trabajando, ya uno quisiera que, como en los países de primer mundo digan “sí, es cierto, ya no hay nadie en la calle”, pero ha sido una pandemia muy larga, y la economía se deja sentir en todos los ámbitos. No estamos diciendo que nos cierren todas las fuentes de trabajo de las que uno subsiste, pero sí tiene que tomar consciencia la gente de evitar las reuniones familiares y evitar fiestas de amigos; en especial los jóvenes, evitar las reuniones en espacios cerrados y, si son cerrados, que sean muy bien ventilados. No hay que doblar las manos, todavía falta un poquito más de tiempo, pero cada vez falta menos para la llegada de la vacuna, y esperemos que todo vuelva a la normalidad.

Presenciar el dolor y trabajar con esfuerzo 

Me llamo Paloma Cázarez y soy doctora. Agradezco por primera vez la oportunidad de que mi opinión sea escuchada en lo que llegó a convertirse la pandemia de COVID-19.

Muchas personas pensarán que lo que estamos viviendo aún, no es una realidad, que es lo que quisiéramos realmente todo el personal que laboramos día con día tratando a pacientes por COVID-19.

Paloma Cázarez, labora en el IMSS en Los Mochis, Sinaloa / Foto: DEBATE

Es frustrante poder presenciar la despedida de un padre, hermano, abuelo, hijo, sobre todo mamá, estar presentes quizá en la última llamada a sus seres queridos. 

Resulta demasiado asfixiante el tener que soportar una mascarilla para poder respirar, un traje impermeable que sofoca cada poro de tu cuerpo, unos lentes que te empañan la vista; pero es demasiada la satisfacción de poder ver poco a poco la recuperación de esa persona que muchos esperan en casa.

Es allí donde realmente te das cuenta que tu labor como médico vale cada gota de sudor soportando el traje, cada lesión en la cara por el uso de mascarillas, porque “dondequiera que se ame el arte de la medicina, se ama también la humanidad” ¡Gracias!

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