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Víctima de plagio en Sinaloa cuenta su historia

TESTIMONIO

Culiacán, Sin.- Su vida siempre estuvo en riesgo. Fueron seis días. Un cuarto pequeño a oscuras, con una ventana tapada, una cobija y una televisión acompañaron a Mateo.

Incertidumbre, miedo y terror privaron su mente por varios días.

Un lugar que imaginaba afuera de la ciudad, no lo era. Fue vendado de los ojos con su misma playera, momento en el que perdió la noción de ubicación.

En su traslado, fue subido a una camioneta y transbordado a dos más; siempre en 'compañía' de sujetos armados que lo sometieron.

La sorpresa. El 6 de septiembre de 2010, el empresario, al que llamaremos Mateo, fue secuestrado por delincuentes cuando llegaba a visitar a unos clientes de su empresa en una colonia popular de Culiacán, de donde se lo llevaron con rumbo desconocido.

Visiblemente recuperado, a casi cuatro años de distancia, esta víctima cuenta su historia. Revela el paso a paso de este cautiverio, mientras entrelaza las manos.

El secuestro. Era no más de las 8 de la noche. Parecía un día cualquiera.

Era una calle de una colonia que se decide omitir. Pasó en segundos, cuando bajó de su camioneta. Casi como en las películas. Al inicio pensó que se trataba de un robo.

Dos sujetos lo abordaron en la calle y lo subieron a la fuerza a una unidad que esperaba y que otra más la siguió por casi una hora.

"Nunca me imaginé que fuera un secuestro. Lo ves en las películas y no piensas que te vaya a pasar", narra.

El cautiverio. Después de que los delincuentes lo trasladaron varios kilómetros, Mateo perdió la noción de ubicación. Lo llevaron a una casa de seguridad, que nunca pudo reconocer en qué lugar se encontraba.

Cuando los delincuentes lo introdujeron a un pequeño cuarto, le vendaron con parches los ojos y le atacaron las manos.

Una cobija o pequeño tendido que hacía de cama sobre el suelo, lo acompañaba.

Estuvo seis días encerrado en una vivienda al oriente de la ciudad, donde le daban alimentación y donde perdió la noción del tiempo.

Los secuestradores le pusieron un televisor, buscando tranquilidad a la víctima. Mediante los programas de televisión intentaba saber en qué día vivía, pero no era fácil.

Durante el día, en la lejanía escuchaba cómo hombres platicaban.

Pensó mucho en sus padres; en cómo tomarían la noticia al saber que estaba secuestrado.

En aquel cuarto oscuro, dice que mientras tenía una venda en los ojos, un sujeto platicaba con él.

Mateo nada más se enteraba que pedían dinero por él, aunque no sabía cuánto, ni quiénes eran.

"Confiaba en Dios que todo se solucionara, porque había pasado varios días", confiesa.

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El rescate. Los días y las noches pasaron. Llegó a pensar que todo se resolvería pagando su rescate, los días se hicieron eternos. Era 12 de septiembre. Entonces, mientras se encontraba en un rincón del cuarto, de pronto escuchó ruidos que fueron subiendo de intensidad. Ruidos al exterior, y patadas en puertas. No sabía qué pasaba.

Era su rescate por parte de un grupo de reacción de la Unidad Especializada de Antisecuestros (UEA), quienes habían logrado localizarlo.

A los policías les llevó minutos controlar la situación. Era un rescate limpio; sin disparos y con el sometimiento y detención de varios sujetos.

"Es súper limpio todo el proceso que ellos hacen, es increíble lo que hacen para rescatar a una persona en esa situación", dice seguro Mateo.

"Gracias a Dios y la UEA que participó, estoy con vida", agradeció.

Superación. En la plática, el empresario vuelve al presente y reflexiona: "Creo que mi vida ha cambiado para mejorar, porque aprendí a valorar muchísimas cosas que tiene uno. En mí no ha afectado mucho, al contrario, fue una experiencia muy fuerte que me sirvió muchísimo como persona", reconoce.

Pese a ello, admite que nunca volverá a ser esa persona del 6 de septiembre de 2010. Se dice convencido que este impacto lo ha ayudado a rehacer su vida; a tomar muchas medidas de prevención.

El estudio que hizo la UEA al caso, descubrió que entre los secuestradores había sujetos con mucha experiencia en esta 'industria'. Gracias a la detención, se evitó que estos individuos, con los recursos, pudieran crecer en armas, vehículos y organización.

Antes de salir de la entrevista, Mateo se 'suelta'... bromea y ríe. Está relajado. Es irónico con su experiencia y dice: "Hoy sí uso ya los retrovisores (del auto)".