Culiacán

"Las amistades tóxicas nos fueron consumiendo"

Primero fue el tabaco, después la mariguana, de ahí la rehabilitación por cien días  

Por: Lorena Caro

"Las amistades tóxicas nos fueron consumiendo"

Sinaloa.- Tienen quince años. Lucen pálidas y ojerosas. Se toman del brazo mientras platican. No se conocían antes, pero ahora son amigas.

Carmen y Pilar padecen juntas el periodo de abstinencia: primero fue el tabaco, después la mariguana, ambas sustancias adictivas que las mantienen como las únicas menores mujeres dentro del programa de Voluntarios del Órgano Especializado para la Ejecución de Medidas para Adolescentes (OEEMA), que trabaja con menores adictos durante cien días. 

La Ley General de Salud indica que portar más de cinco gramos es un delito con pena de prisión, pues se considera como venta a terceros. Diversos colectivos han pugnado por que se permita la posesión legal de mariguana de más gramos; sin embargo, no fue aprobado en el Senado, y actualmente alguien puede ser acusado por delitos contra la salud por encontrarle droga para uso personal y superar la cantidad indicada. 

En el tutelar para menores, antes de acceder a Carmen y a Pilar, está el protocolo de seguridad, sin celulares y con registro oficial. El patio central inicia con un descanso amarillo, de ahí los colores comienzan a aparecer en cada edificio; el comedor principal, los dormitorios de los menores infractores, antes el tutelar, que alberga a doce jóvenes bajo tutela del estado.

Casi por llagar al final, y tras un amplio pasillo, están dos edificios blancos, uno para hombres y otro para mujeres; en el último se recuperan Carmen y Pilar. 

Sonríen y esperan la visita. Los motivos para empezar a consumir las sustancias tóxicas fueron distintos. Pilar, con sus ojos rasgados y un negro profundo en su cabello, lo hizo como parte de una experiencia sentimental, pues pensaba que le haría sentirse bien, según cuenta. Sin embargo, no puedo detenerse hasta terminar en rehabilitación.

Es tímida mientras platica, pero tiene entusiasmo y espera salir pronto. Cuenta con el apoyo de su familia, quien también recibe terapia como parte del proceso de su recuperación y con el apoyo del OEEMA. Muestra su habitación, que tiene alrededor de siete camas, aunque solo dos son utilizadas, y están cubiertas con sábanas de colores.

También cuentan con la esquina de la lectura, más de diez libros apilados; no los han leído todos.

Un motivo para seguir

A su lado está Carmen. Para ella, las malas compañías fueron el detonante a su adicción, ambién al tabaco y a la mariguana. Se sentía débil, y las amistades tóxicas la fueron consumiendo, según detalla. Es coherente en sus palabras.

Lleva el cabello a las mejillas en un rubio teñido. Le encantan las diademas y no dudó en utilizar una ese día. Extraña a su madre. Dice que ha aprendido a valorar a todas las personas valiosas ahí afuera.

Tienen un único motivo para recuperarse —cambia el tono de su voz mientras lo cuenta—, es un sonido de amor y esperanza: su hermana, de 13 años de edad.

No quiero que mi hermana siga estos pasos, ella es la niña de mis ojos, es mi vida, y no sé qué pasaría si ella siguiera como yo. 

Su hermana también fue el principal motivo por el que decidió ingresar al programa contra adicción del Órgano Especializado para la Ejecución de Medidas para Adolescentes, aunque Carmen se sentía segura de recuperarse desde casa.  Estudiar y cambiar es ahora la meta que les sigue.

En esta nota:
  • OEEMA
  • Adolescentes
  • Ley de salud
  • Tutelar de menores
  • Historia