Cultura

Comparte un testimonio de fe 

Karla Leticia Doig escribe el texto titulado ‘Un testimonio de fe: La intercesión de la Virgen en la partida de mi madre’, donde recuerda el triste fallecimiento de su mamá 
 

Por  El Debate

Karla Leticia Doig Alvear González y Melissa Doig Alvear González con su madre. Foto: Cortesía

Karla Leticia Doig Alvear González y Melissa Doig Alvear González con su madre. Foto: Cortesía

México. El mejor regalo que Dios me pudo haber dado fue un ángel que era mi mamá, y más allá de eso, agradezco el amor que ella me inculcó desde chica hacia la Virgen, enseñándome a venerarla y acudir a ella como mi madre celestial.  

No obstante, no fue hasta que conocí a una maravillosa persona que era parte de una misión mariana que mi relación con la Virgen se fortaleció, ya que me enseñó a rezar el Rosario y a venerarla de distintas maneras. Quién iba a pensar que, justo cuando nuestros lazos se hacen más estrechos, la enfermedad de mi madre comenzaría.

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Adiós y presencia

Después de múltiples visitas a los doctores, me enteré que mi mamá tenía un tumor en el pulmón. Cabe destacar que, desde ese día, la intercesión de la Virgen fue muy evidente, manifestándose a través de personas y diversos símbolos como estampas, situaciones que me dotaron de fortaleza y optimismo para afrontar esos momentos.

Ese día caminaba por la calle y le pedía por la salud de mi mamá, fue cuando de repente se me acercó una señora y me regaló una imagen de la Virgen con Juan Diego; en otra, venía manejando y conversando con mi hermana acerca de la fe y de cómo la madre de Dios fue la primera en enseñarnos a confiar, en ese momento un niño me golpeó la ventana en un semáforo y me entregó una estampa de ella detrás de la cruz de Jesús.

Leticia González de Doig Alvear. Foto: Cortesía


Además, otra de las cosas que me sorprendió fue el acompañamiento del padre Héctor Orozco, mejor conocido en Sinaloa como el Padre Jeringas, un sacerdote sumamente demandado por personas desahuciadas que solo llega (según testimonios) en los momentos más críticos de la enfermedad. Lo traté de contactar al principio de la enfermedad de mí mamá, pero no fue hasta que ella ingresó al hospital y de ahí en adelante cada que lo necesitaba acudía.


Mi mamá muere por cáncer de pulmón de una forma muy repentina y la tristeza era tal que yo no encontraba refugio, pero al ver su portarretratos durante su funeral y pedirle que me diera fuerza, milagrosamente me levanté del piso siendo otra persona, no sé si fue gracias a mi mamá, a la Virgen que jamás me dejó de acompañar, o a las dos.


“Es pues la fe, la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”: Hebreos 11:1
La última imagen que recibí fue el Día de las Madres, una fecha sumamente triste para mí, ya que su partida estaba muy reciente. En aquella ocasión mi mejor amigo me entregó una imagen de la Virgen de Guadalupe que le dio una señora en la calle hace tiempo, a la cual él le dijo que le recordaba a mí, a lo que ella contesto: “Dásela, la va a necesitar”.


Finalmente les cuento que, coincidentemente, al otro día de la tercera misa de mi mamá, el 2 de febrero, se celebraba el Día de la Virgen de la Candelaria. Para esta fecha, el padre Orozco llevó a la Virgen de Fátima a mi casa.  

 Mensaje final


El acompañamiento de la Virgen durante la enfermedad y la muerte de mi mamá no fue coincidencia, ya que su mensaje se manifestó de varias formas en los momentos más difíciles.


Lo que yo pude sentir es la compañía de ese mundo celestial, una fuerza superior llena de optimismo que proviene del gran amor y la fuerza que es Dios.
Los seres humanos cuestionamos y necesitamos pruebas para comprobar la fe, pero a través de mi experiencia les quiero decir que el mundo de Dios es sencillo, solo hace falta ser humildes de corazón para sentir su grandeza.


Aquellos que han sufrido de una pérdida o se encuentran en momentos difíciles, les comento que no hay mejor forma de afrontar la adversidad que acompañados de su presencia.
Gracias, mamá, por enseñarme lo que es el verdadero amor, aquel que no se prueba y que no puede ser entendido si no es a través de Dios y de su misma madre. Te agradezco por iniciarme en el camino de la fe, porque gracias a este he salido adelante y me dio la fuerza necesaria para compartirlo con los demás.
“Porque me has visto, Tomás, has creído; bienaventurados los que no vieron y creyeron”: (Juan 20:29). 

 

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