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El biplano Sonora, arma secreta de la Revolución

LOS MOCHIS

Los Mochis, Sinaloa.- Un arma secreta de la Revolución Mexicana fue para los constitucionalistas el biplano Sonora, el protagonista de la primera batalla aeronaval del mundo.

Hace 100 años se protagonizaba esta historia en Topolobampo, registrada el 14 de abril de 1914, y que el próximo lunes a partir de las 09:00 horas será rememorada con una recreación de esta batalla por altos mandos de la Zona Naval Militar, la Secretaría de la Defensa Nacional y escuelas aéreas militares del país, así como el gobernador del estado de Sinaloa y el Ayuntamiento de Ahome.

En los actos conmemorativos participarán escuadrones de la Fuerza Aérea Mexicana, tres biplanos de la época y 10 más de la base aérea de Guadalajara y Hermosillo.

Este hecho histórico que se registró en el puerto de Topolobampo, fue recordado ayer por el cronista de Los Mochis, José Armando Infante Fierro, quien ofreció una conferencia magistral a estudiantes de bachillerato y autoridades municipales, en el marco del Día Internacional del Libro, que tuvo lugar en la Biblioteca Pública Morelos.

Este trascendental episodio para la historia modificó el final de la guerra que se estaba librando entre carrancistas y huertistas. Este hecho inédito de convertir los aviones en armas de guerra fue un parteaguas en las guerras armadas.

La batalla.

El 14 de abril del 1914, muy temprano, Álvaro Obregón se presenta en Topolobampo para ver al teniente Hilario Rodríguez Malpica y conocer la situación del cañonero Tampico. Desde los cerros pudieron verlo escorado a unos 12 kilómetros y a 8 kilómetros más observaron los barcos de Victoriano Huerta. El jefe del Ejército y su Estado Mayor abordaron una lancha motor y llegaron al barco que comandaba el teniente Malpica, quien como buen marinero de carrera, al recibir la visita de un jefe, ordenó izar la bandera en el asta. El capitán del cañonero Guerrero comprendió que no podía

haber en esa nave alguien que no fuera el propio Álvaro Obregón, y sabiendo que podía matar dos pájaros de un solo tiro se lanzó al ataque del buque rebelde. Pusieron sus calderas a todo vapor e hicieron maniobras de aproximación para el ataque. Al percatarse el "Tampico" que el "Guerrero" iba sobre ellos, ordenó un zafarrancho de combate en un barco que sólo podía defenderse con un cañón de popa y sin posibilidades de moverse. El "Guerrero" comenzó a abrir fuego a una distancia amenazadora. El "Tampico" respondió también. La ventaja era del barco huertista que con sus cañones de 100 milímetros barría al cañonero constitucionalista. En ese crítico momento en el que se acortaban las distancias en forma definitiva, Obregón y sus compañeros vieron en el cielo una figura en movimiento que desde tierra se acercaba a los barcos enzarzados en un combate decisivo. Era el biplano Sonora, tripulado por Gustavo Salinas Camilla y su acompañante, el mecánico naval Teodoro Madariaga, ente ambos habían fabricado bombas rudimentarias con trozos de tubería y les habían introducido granadas de mano que estallaban al hacer contacto con cualquier superficie. El comandante del "Guerrero" ordenó maniobras de zigzag para que ninguna bomba diera de lleno en el barco e hicieron estallar las municiones que se encontraban listas para usarse en los cañones. Era una amenaza de la cual no se tenía ningún precedente, y por lo tanto de un enorme efecto psicológico. En el "Guerrero" empezó a cundir el pánico y algunos marineros se lanzaban al mar. Y tras los cañonazos del "Tampico" le entraban de lleno al ofrecer todo el costado en sus maniobras de evasión con las bombas del avión. Ante esta crítica situación del cañonero, el comandante Ignacio Torres ordenó la retirada y abandonó el campo de batalla, alejándose a altamar. El biplano Sonora inició el vuelo de regreso a tierra. El exitoso bombardeo aéreo y la pérdida del "Tampico" significó el debilitamiento de las fuerzas huertistas y la elevación de la moral de los constitucionalistas en un momento necesario.

Informe de Obregón a Carranza.

El jefe del Ejército y su Estado Mayor, general Álvaro Obregón, informó al primer jefe del Ejército constitucionalista, Venustiano Carranza, que se sentía orgulloso al presenciar el vuelo por el capitán Gustavo Salinas, acompañado del primer capitán del buque de guerra Tampico, Madariaga, quienes permanecieron por más de una hora y media a 4 mil pies de altura, bombardeando al cañonero Guerrero, comandado por huertistas.

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