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'Empecé muy tarde a cantar, no sabía nada de música'

CULIACÁN

'Empecé muy tarde a cantar, no sabía nada de música'

'Empecé muy tarde a cantar, no sabía nada de música'

'Empecé muy tarde a cantar, no sabía nada de música'

'Empecé muy tarde a cantar, no sabía nada de música'

Culiacán, Sinaloa. Jessica Loaiza, ganadora del segundo lugar y del premio del público en el Concurso Internacional de Canto Sinaloa 2014, regresará este martes a Italia a seguir preparándose, pero antes, en una conmovedora charla, la culiacanense se sincera y confiesa que comenzó ya muy tarde en el canto, actividad que incursionó para quitarse los nervios de hablar en público y exponer ante clases. De música no sabía nada, pero ahora, casi 10 años después, no sólo domina el escenario, también hace estremece al público y ha hecho diversas giras a nivel internacional. Enseguida, la soprano cuenta más al respecto.

¿Cómo fueron tus inicios en el canto?

—Empecé tarde, porque yo estudié primero ingeniería en sistemas de información en el Tec de Monterrey. De canto y música no hice nada, fue en el último año de la carrera que me metí al taller de canto de la escuela, con el maestro Mario Contos. Entré al taller porque una amiga me animó, además estaba llevando una clase que se llama comunicación oral, y como tenía problemas para hablar en público y exponer, entonces me sugirieron que si entraba, mejoraría. Entré y empezó a gustarme, y ya el maestro me preguntó por qué no iba al coro de ópera; fuimos, hice la audición y quedé. En tres semanas se tenía que hacer Elixir de amor y yo no sabía nada de música, pero me apoyaron y aprendí todo de memoria. Para mí, todo eso fue la revelación: estar ahí dentro, ver cómo era el coro, escuchar la música, me gustó demasiado, estaba por cumplir 24 años. Pasó un año y comencé a tomar clases particulares, a estudiar lo más que podía, a comprar libros de música y de solfeo, pero también empecé a trabajar porque en ese año me gradué.

Después de eso vino el tenor José Carreras a Culiacán, lo fui a ver y se me hizo genial. Al salir, yo dije: "esto quiero para mí, esto quiero para mi vida".

¿De qué manera tomó la noticia tu familia de que querías probar suerte en el canto?

—Mis papás se sorprendieron mucho y yo les dije que lo intentaría un año. Encontré una escuela en Monterrey, pues era la más cercana de aquí en ese entonces, además tenía tíos allá. Hice audición, me aceptaron y entonces, una vez dentro, no hacía otra cosa que estudiar. Creo que entraba a las siete de la mañana y me iba hasta que me corrían, como a las 10 de la noche, los de seguridad me odiaban.

¿Nunca te cansaste, no pensaste en desistir del propósito?

—No, a mí me encantaba, para mí era todo nuevo. Me acuerdo de la primera clase de solfeo, el maestro decía: "Clave de sol en tono de do mayor", entonces yo no sabía de qué me hablaba, se dio cuenta y me preguntó ¿qué has estudiado antes?, y yo le respondí que nada, por lo que me dedicó más tiempo, pero también avancé y, al final del primer año, ya estaba al nivel de los demás; además, me habían nombrado como la mejor del área de canto y di un concierto, porque los mejores de cada área siempre daban un concierto al finalizar el curso.

Alcanzaste a tus compañeros, de alguna manera hasta los superaste...

—Es que estudiaba mucho, sabía que tenía un año para probarme a mí y a mis papás, por eso tenía que dar todo de mí. También, cada vez que aprendía algo, me emocionaba; cuando entendía algo quería seguir, lo cual me permitió continuar hasta terminar la carrera. Duró tres años.

¿Cuándo llegó el momento de decidir entre el canto y la ingeniería?

—Tuve que hacerlo porque allá en Monterrey estudiaba música, pero a la vez seguía enrolada en la ingeniería, porque trabajaba de eso, pero llegó un momento en que se volvió tan difícil, pues los sistemas cada vez avanzaban más y yo me estaba volviendo obsoleta. Usaba lenguajes de programación que ya no tenían vigencia, y debía actualizarme, lo que implicaba dedicarle tiempo, pero estaban mis estudios de música, a los que no quería dejar a un lado, así que decidí dedicarme de lleno a la música.

¿Te costó mucho tomar esa decisión?

—Mucho. Al regresar evalué con mis papás. Recuerdo que mi papá me dijo: "Si quieres intentar esto, hazlo, sigues joven y yo estoy vivo; y si te caes te puedo ayudar", esas palabras me dieron seguridad y dije: "OK, me aviento".

¿Por qué decidiste irte a Italia a estudiar, cómo escogiste la escuela?

—Mis maestros de Monterrey me apoyaron mucho, y cuando terminé de estudiar me dijeron que siguiera, que buscara más allá, entonces me puse a buscar biografías de cantantes y dónde habían estudiado, obviamente están regados por el mundo, pero en el Conservatorio de Santa Cecilia de Italia había un poco más y es renombrado, pero no fue fácil entrar, eran como 160 postulantes y sólo quedamos 7.

¿Cómo fue tu llegada a Italia, con quién llegaste?

—Tenía una reservación por una semana en un lugar, de ahí tenía que buscar, lo bueno es que tuve muy buena suerte, porque cuando llegué a audicionar, de repente escuché un acento mexicano, enseguida me acerqué y se trataba de unos estudiantes del Pontificio de música sacra, hice amistad con ellos y me ayudaron a encontrar un sitio donde quedarme.

¿Cuánto llevas allá?

—Ya voy para seis años.

¿Cómo has financiado tus gastos?

—El primer año tuve beca del Foeca y me ayudaban mis papás. Después encontré un trabajo para cantar en la iglesia y poco a poco he conseguido trabajos temporales que me permitan también estudiar. Por fin logré terminar la licenciatura con el máximo de votos y con honores, ahora me dedico a hacer la especialidad en canto, que dura dos años.

¿Cómo ha sido tu vida en Italia?

—Bueno, me han pasado muchas cosas, por ejemplo, conocí a mi novio, llevamos tres años, eso ha sido muy bonito; he hecho amigos de muchas nacionalidades. Recuerdo una vez que hice un altar para celebrar el Día de Muertos y mis amigos quedaron fascinados, les encantó ese ritual, aunque les pareciera tan extraño, creían que era brujería, pero finalmente les gustó mucho, hasta hicimos calaveritas en italiano. Otra de las cosas que me han pasado es que valoré más México, me interesé, por ejemplo, en cantar en zapoteco y náhuatl.

¿Extrañas Culiacán?

—Mucho, yo aquí soy feliz, cada vez que vengo engordo, pues me voy a los tacos, al sushi, porque el sushi de aquí es único, con aguacate, filadelfia, empanizado, me encanta.

¿Qué sigue para ti?

—Mi sueño es entrar en una compañía de ópera, así que comenzaré a buscar no sólo en Europa, también aquí, en Sudamérica, en cualquier lugar, no importa.

rocio.reynaga@debate.com.mx

@rereynagam