Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

En el arte puedes contar lo que quieras

ARTE CONTEMPORÁNEO

En el arte puedes contar lo que quieras

Culiacán, Sinaloa. Teresa Margolles vino hace días a Culiacán por asuntos familiares, pero no se le escapó a la artista ganadora del Artes Mundi de Gales, la oportunidad para ver a los amigos y hacerse de otros, a quienes les platicó no únicamente detalles de su trabajo, sino también anécdotas personales y uno que otro pormenor de personajes del arte contemporáneo. La mujer pálida, pequeña de estatura, que viste de negro y la mayoría del tiempo trae como peinado un par de trenzas, visualmente la primera impresión que da es que es poco accesible, seria y con aires de frialdad. Sin embargo, quien la trate se dará cuenta de que más allá de esa mirada que intimida, hay una mujer cálida y atenta, exótica tal vez, pero amable y hasta simpática.

Una hippie 'fresa'. La 'culichi' contó que alguna vez, al cruzar la frontera, la confundieron con una hippie 'fresa', pero de eso nada tiene, más bien tiene la sangre caliente y el carácter fuerte que distingue a los sinaloenses. Tan es así que tiene las agallas para impregnarse de los temas a trabajar, para comprenderlos, hacerlos suyos pese a críticas, riesgos y hasta amenazas, con tal de mostrar la realidad actual a través del arte, y quien diga que no le gusta lo que ella hace, expresa Teresa, tiene la libertad de acercarse a otro tipo de manifestación artística, pero mientras tanto, ella celebra de la siguiente manera: "Qué chingón que en el arte puedas contar lo que quieras".

Su paso por la morgue. Al hablar de sus obras, Teresa Margolles se inspira: platica con una voz pausada y calmada, mira a los ojos de sus acompañantes como señal de que está siendo honesta con lo que dice. No puede dejar de contar acerca de sus vivencias en la morgue del Distrito Federal, donde formó parte del Servicio Médico Forense (Semefo). Cómo dejarlo a un lado, si fue "su oficina" durante 10 años. Ahí encontró la materia prima para la concepción de su trabajo. Relata cómo tenía que convencer al personal para que le permitieran estar en contacto con los cadáveres, convencerlos de que lo que ella hacía era arte. Los cuerpos de los muertos no dejaban de llegar, algunos asesinados con características difíciles de concebir: "Llegaban y llegaban cadáveres, unos habían sido brutalmente torturados, como uno con toda la piel arrancada y le dejaron nada más un pedacito, donde tenía un tatuaje. ¿Que si sentía miedo? Claro que sentía miedo", le responde tajante a una joven interesada en las audacias de quien tuvo un espacio en 2009 en el pabellón de la Bienal de Venecia.

Sentada en una silla, con las manos metidas en las bolsas de su suéter, Teresa comparte una inquietud que la aquejó hace algunos años a su paso por la morgue. "¿Cómo será el sonido que emiten los cadáveres cuando les hacen la incisión por el cuerpo para ser limpiados? ¿El delicado corte que les hacen tendrá la misma resonancia en el cadáver de un hombre que en el de una mujer? ¿Tendrá que ver acaso el tamaño de sus órganos, el peso de ellos, la diferencia entre sus órganos sexuales?". Algo que pudiera provocar aversión, pudiera resultar poético, reflexiona. Finalmente, las respuestas las encontró y las documentó para una de sus piezas.

Trabajo en Ciudad Juárez. En una tertulia en la que pocos la interrumpían, la artista se aproximó a sus intereses literarios y trajo a la memoria conclusiones de Susan Sontag, que de alguna manera tienen injerencia en lo que hace. Luego pasó a contar con cierto entusiasmo sobre aquella 'combi' que compró para poder moverse en Ciudad Juárez (Chihuahua), donde ahora radica, para ponerse a trabajar no del tema de las muertas de Juárez, pues explicó que no se limita a un género. También, más de una vez compartió que en sus trayectos en la 'combi' por Juárez tiene que guardarse su dinero pegado a las piernas, bajo el overol.

"Todos te odian". Ya más entrados en confianza, luego de un par de horas hablando de su quehacer artístico, Margolles, todavía con la boca seca, se niega a tomar un trago de agua, mejor acepta con gusto ir por unos tragos, donde no hubiera mucho escándalo para seguir conversando. En el lugar, pidió a una mesera cascarrabias una cerveza al tiempo y también un tequila Cuervo. Ahí confesó que ser parte de una bienal, en su caso la de Venecia, "todos te odian: que si estás, por qué estás; si no, por qué no estás". "Es como una guerra", dice uno de sus amigos, pues nadie sale ganador.