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Japón en Octavio Paz

CENTENARIO

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twitter: @rereynagam

Culiacán, Sinaloa. Alguna vez Octavio Paz refirió para una entrevista: "Neruda me dijo un día: 'No tienes dinero, terminarás como periodista o profesor, ¿por qué no emprendes carrera diplomática, podrás viajar y conocer otros países?'", sugerencia que se tomó muy enserio. Entonces viajó y viajó por todo el mundo, y así fue como comprendió y enriqueció los lugares a los que llegaba. Paz fue un hombre tan mexicano y a la vez tan cosmopolita.

> Especial intromisión. De su querido Mixcoac hasta Estados Unidos y Francia, lugares donde pasó largos periodos, hasta llegar a la India como diplomático, ese exótico y deslumbrante lugar donde encontraría el amor de Marie José Tramini.

Sus viajes también se extendieron por Europa y Asia, en este último continente tuvo una especial intromisión en Japón, de la cual narra a continuación a el periódico EL DEBATE Aurelio Asiain, editor de poesía de la revista Letras Libres.

La literatura japonesa ocupó un lugar privilegiado en la atención de Octavio Paz. Paz escribió más sobre los escritores de esa isla que sobre los de Cuba o Puerto Rico; tradujo a más poetas japoneses que ingleses o italianos; y en toda su vida, en su larga carrera de traductor, el único libro completo que tradujo —con Eikichi Hayashiya— fue un libro japonés Sendas de Oku. En sus reflexiones sobre el amor aparece siempre la obra de Murasaki Shikibu (la autora de la Historia de Genji, la novela más antigua del mundo), y Matsuo Bashô —el gran maestro del haikú— fue para él, más que el autor de poemas memorables, una figura emblemática de lo que podía ser el destino del poeta. Una figura moral, más que un modelo literario.

Pero hay que matizar. La estancia de Paz en Japón fue muy breve —poco más de cuatro meses en 1952, como diplomático encargado de reabrir nuestra embajada— y el contacto con sus letras, tardío y limitado. No aprendió el idioma y vivió en Tokio en una condición, la de diplomático, poco propicia para conocer de cerca un país, sobre todo uno tan celoso de su intimidad. Vivió además en condiciones difíciles: líos burocráticos, estrecheces económicas, desavenencias conyugales y, en suma, ahogo espiritual.

Pero el encuentro con Japón —un Japón ideal, una idea de Japón— fue definitivo. Lo digo literalmente: en el contacto con la cultura japonesa, la obra poética de Octavio Paz alcanzó su definición. Nada más y nada menos. Lo dice el mismo, en el repaso autobiográfico que sirve de prólogo a los tomos poéticos de sus Obras Completas, tras referirse a su experiencia surrealista y a sus experimentos de poesía automática:

Casi al mismo tiempo en que me abandonaba al fluir del murmullo interior —aunque con los ojos abiertos—, empecé a leer a los poetas japoneses (...). Fue un recurso inconsciente para oponer un dique al desbordamiento surrealista. Me cautivó la economía de la formas: mínimas y precisas construcciones hechas de unas pocas sílabas capaces de contener un universo.

Las frecuentación de la literatura japonesa dejó huellas en Paz desde los pequeños poemas de Semillas para un himno, de 1950. Y las dejó en sus obras más importantes. Escribió Yaba Takeda:

Ese saúz

que tan ligeramente

baña la luz...

La investigadora Seiko Ota ha identificado ese haikú como origen del famoso de José Juan Tablada:

Tierno saúz,

casi oro, casi ámbar,

casi luz...

No es exagerado suponer que esos poemas conducen al "sauce de cristal" con que empieza Piedra de sol, el poema más famoso de Octavio Paz.

Natalicio. El 31 de marzo se cumplirán 100 años del natalicio de Octavio Paz. Por este motivo espere más reportajes sobre el Nobel de Literatura en EL DEBATE.

Textos dedicados a Japón. En 1954 en la ciudad de México, en el Palacio de Bellas Artes se inauguró una exposición de grabados japoneses. En el marco de dicha exposición, Octavio Paz ofreció la conferencia Algunos aspectos de la literatura japonesa.

Tres momentos de la literatura japonesa (1954) y La tradición del haikú (1970), son textos creados por el autor a partir de su cercanía e interés por la isla.

"El Japón ha dejado de ser una curiosidad artística y cultural: es (¿fue?) otra visión del mundo, distinta a la nuestra pero no mejor ni peor; no un espejo sino una ventana que nos muestra otra imagen del hombre, otra posibilidad del ser".

Octavio Paz, premio Nobel de Literatura 1990.