Cultura

La pederastia, eje en la novela de Springora

La escritora francesa Vanessa Springora narra en ‘El consentimiento’ la relación que tuvo a los 14 años con el escritor Gabriel Matzneff, de 50

Por  Richard Osuna

Vanessa Springora. Foto: EFE

Vanessa Springora. Foto: EFE

España. Un tema escabroso y que sacudió a Francia es el eje que se desenvuelve en El consentimiento, novela de Vanessa Springora, y donde la autora narra la relación sentimental que sostuvo a sus 14 años con el escritor Gabriel Matzneff a sus 50 años.
Treinta años después, la francesa reflexiona sobre el acto pederasta en el que estuvo involucrada y critica a las instituciones que callaron, así como a su madre que no supo protegerla.


Historia de pedofilia


Vanessa Springora, hija de una mujer que laboraba en la prensa de una editorial, creció entre la literatura. Fue en una cena donde la entonces menor conoció a Gabriel Matzneff, quien supo seducirla.
Creyendo ser una adulta y sin mirar los peligros que suponía tener un romance con alguien 36 años mayor que ella, la joven abrió las puertas de su vida íntima al escritor, quien ganaba consolidación. En ensayos como Les moins de seize ans (Los menores de 16 años), publicado en 1974, y diarios donde narraba sus relaciones con niños de entre 9 y 15 años, Matzneff hacía eco de su pedofilia, pero sin cuestionamientos.

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Ahora, en conferencia virtual con medios internacionales, la escritora dice que escribió El consentimiento, en primer lugar como un texto para sí misma, sobre algo muy personal con lo que llevaba en su interior durante al menos 30 años, y que la alejaron de la literatura. Y en segunda instancia porque en 2013 Gabriel Matzneff recibió un prestigioso premio donde no se le cuestionó que lo que había escrito fuera legítimo o no, y era como recompensar la pedofilia que trataba en sus libros.


Asimismo, el ser madre la llevaron a aventurarse en esta reflexión. “En el momento en que yo me convertí en madre y que mi hijo llegó a la edad adolescente, es cuando uno se proyecta y me di cuenta que lo que yo percibía a los 14 años como adulta no era real, no era adulta, y me di cuenta de lo fácil que le es a un adulto o a cualquier figura de autoridad seducir a un menor, a un adolescente. Era una presa fácil en aquel entonces para alguien, tenía todos los atributos de un artista”.


Por otra parte, asegura que ha reflexionado mucho sobre la posición de su madre, quien nunca le cuestionó este amorío e incluso dice comprender ahora su postura. “Yo era muy rebelde [...] es muy difícil oponerse a los deseos de un niño o de un adolescente que tiene aspiraciones de libertad. Hay que saber no obstante plantearles y ponerles límites, porque el adulto ahí está para establecer límites y encuadrar su vida. Pero mi madre era soltera, muy joven, y ella también estaba fascinada por esta figura de los escritores que conocía. Y me alegra que hoy sepa que no actuó de la mejor forma para protegerme”, señala.

 

Voz en la historia


Sobre la voz narrativa, Vanessa Springora comentó a DEBATE que esto le ha costado un poco de trabajo, pues la posición se fue modificando con el tiempo. “Al principio fue un poco el intento de reescribir Lolita, de Nabokov, y aportar el punto de vista de Lolita, ponerme en la piel de la adolescente y ser la voz de la víctima. Y luego me di cuenta que quizá era un objetivo demasiado ambicioso y no sabía bien si era del todo honesto. Además me alejé de mi propia historia, entonces decidí escribir la historia en tercera persona, para mantener esa distancia. Pero cuando empecé a escribir en primera persona, tratando de ver cómo me sentía yo cuando era adolescente, parece que encontré la voz más adecuada para el lector”.
Añade que esta voz evidentemente expone su vida íntima, como su sexualidad, pero “trato de hacerlo de la forma más basada en los hechos, para estar lo más cerca posible de la verdad y dejar que el propio lector llegue a sus propias conclusiones y juzgue”.


Finalmente, asegura que no está de acuerdo en que la editorial de Gabriel Matzneff haya sacado de sus librerías y catálogos las obras del autor, pues se dice en contra de la censura. “Efectivamente no he estado del todo de acuerdo con la decisión de retirar los libros y diarios íntimos de Gabriel Matzneff, sobre retirar todos los libros de circulación, porque estoy en contra de la censura. Creo que es una pena no dejar que los lectores tengan acceso a esos textos, porque no podemos señalar una historia si no tenemos bajo los ojos la prueba de que estas han existido”. Asimismo, cree que sería conveniente una reedición dentro de una contextualización, “es decir, hacerle saber a los lectores que esos libros se publicaron en un tiempo determinado y ahora estamos en otra época”.

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